La Fornarina y otras cupletistas que marcaron una época

La Fornarina y otras cupletistas que marcaron una época: mujeres ayer admiradas, hoy olvidadas

jueves, 21 de agosto de 2014

LAS OTRAS: Conchita Ledesma (I)

Conchita Ledesma, reina de la belleza cuando aún no existían los concursos
de misses, luciendo la espectacular figura modernista de sus primeros tiempos
Conchita Ledesma es un ejemplo de cómo a partir de una mentira (o de una verdad a medias) se pudo levantar toda una carrera de cupletista, basándose ésta en los frágiles cimientos de una publicidad tan engañosa como bienintencionada. Tenía Conchita una voz escasa aunque bien educada, un físico a la moda y medidas del momento, gran simpatía natural (sin duda su mejor baza sobre el escenario) y amigos tan entregados como influyentes. Con todos estos ingredientes se "fabricó" una artista a la medida del público español de la época aunque, todo hay que decirlo, no fueron sus méritos tan escasos comparados con los de muchas de sus colegas.
A continuación os cuento la historia de su vida, una rara mezcla de azar y habilidad propagandística que espero encontréis tan interesante como a mi me ha parecido.

Conchita Ledesma, reina de la belleza y cupletista

Nace Conchita a finales del siglo XIX en Madrid, siendo la fecha exacta de su nacimiento un dato que nadie encontró interesante en su momento y que, más de un siglo después, menos nos interesa todavía (según Retana, nació en 1887, pero algunos de sus datos sobre ella he podido comprobar que son erróneos, así que éste lo pongo en cuarentena). Provenía de una familia humilde, su padre era el picador Mariano Ledesma, su madre ama de casa (muy religiosa y algo severa) y vivían modestamente en la antigua calle de Panaderos(1).
Retrato de "Picador sentado", óleo de Andrés Parladé y Heredia
Se destacó desde muy pequeña por su belleza y su estatura, muy por encima de la media de las españolas de entonces. Esta cuestión, la del físico, es en su caso de gran importancia y por eso intentaré haceros una descripción lo más exacta posible, basándome en las imágenes y en los testimonios de sus contemporáneos.
La cupletista en sus comienzos, con la sonrisa simpática
e inocente que siempre le fue característica
Destacaba Conchita, como ya os he contado, por su altura y sus esbeltas proporciones. De esta esbeltez habría mucho que decir, ya que los gustos de entonces difieren drásticamente de los nuestros, pero baste decir que la describieron como juncal en su juventud y fue tildada de jamona en su madurez, siendo los dos términos tan dispares como elogiosos para la sociedad de hace cien años. Sus ojos, grandes y negros, se consideraban como un ejemplo de "españolidad". Era fotogénica, con unas facciones simétricas que quedaban muy bien en las tarjetas postales, de las que fue durante años la reina indiscutible en ventas. De la sencillez de clase popular de su juventud pasó, tras su estancia en París y ventajosos contratos, a un grado de sofisticación tal que un crítico llegó a compararla con un esplendoroso "guardajoyas" (léase joyero).
Conchita, muy jovencita, demostrándonos como se lleva
con dignidad un collar de perlas falsas (ya llegarían las buenas)
Fue siempre elegante, una flor de la calle raramente delicada, destinada al refinamiento del gran mundo desde sus más tiernos comienzos. Cuando existe belleza y hay una conciencia clara de su poder, una mujer inteligente (y Conchita lo era) sabe cómo sacar provecho de ella. Y le sacó provecho de una forma inusual por entonces pero que se reveló como altamente efectiva.
Carroza en el desfile de la Mi-Carême de 1906
Se celebraba en París desde 1891, con motivo de los carnavales, la elección de una reina de la belleza (la reine des reines de la Mi-Carême) entre las trabajadoras de los mercados parisinos. En un primer momento se elegía tan sólo entre las lavanderas y por un jurado exclusivamente masculino. Más adelante fue evolucionando a un concurso de belleza entre las chicas de otros gremios (vendedoras de las halles o diferentes mercados parisinos e incluso estudiantes) y fueron cambiando estatutos, jurados y criterios. Sobre este curioso certamen que estuvo en vigor hasta 1939 hay abundante información en Wikipedia y aquí os dejo el enlace por si queréis saber algo más, eso sí, en francés:

http://fr.wikipedia.org/wiki/Mi-Car%C3%AAme_au_Carnaval_de_Paris?uselang=es#Galerie_de_portraits_des_51_Reines_des_Reines_de_Paris_.C3.A9lues_pour_la_Mi-Car.C3.AAme
Otra imagen de la Mi-Carême de 1906, con sus floridas bellezas
En un principio el concurso tan sólo aceptaba participantes francesas. Más tarde, seguramente por motivos publicitarios basados en criterios económicos, se abrió a otras nacionalidades. Chicas españolas, inglesas, holandesas, etc, se lanzaron a la búsqueda de fama y fortuna en la Mi-Carême parisina, tras haber sido elegidas en sus respectivos países en una especie de franquicias de la fiesta original. Lo que nunca cambió fue la nacionalidad de la ganadora: invariablemente francesa, muy a pesar de los méritos ofrecidos por las franquiciadas, en más de una ocasión superiores a los de las foráneas.
Un aspecto del "jolgorio" de la Mi-Carême, con comparsa a la francesa
En 1906 se presentan tres españolas al concurso. Una reina y dos señoritas acompañantes (una de ellas valenciana, la otra de ignorado origen), lo que en los concursos actuales serían la miss y sus dos damas de honor. Ya habréis adivinado que la reina era nuestra inefable Conchita, madrileña y de profesión modistilla, guapetona y muy joven, de unos diecisiete años (según Retana) y con una cara de susto que era un poema.
Conchita, en el centro, acompañada por Luisa Mungira y Matilde Gómez
Ataviada con el obligado mantón alfombrao,  un sencillo tocado de flores y un vestido en los tonos de la bandera española (sí, rojo y amarillo, lo habéis adivinado) causó sensación entre los asistentes. En un segundo atuendo lució mantilla blanca de blonda y flores en el pecho, imagen también muy impactante aunque no nos ha llegado si también tiró de castañuelas, guitarra o pandereta, o acaso todo a la vez. El typical spanish, antes de que se inventara tal término, en todo su esplendor. Ni qué decir tiene que a los franceses les encantó, aunque no lo suficiente como para quitarle el primer puesto a su candidata. Chauvinismo obliga.
Y aquí la ganadora, Rosa Blanche:
es posible que la foto no le haga justicia
Y aquí su carroza, cuyos detalles tampoco
podemos apreciar en su justa medida
En fin, los franceses habían inventado el concurso, eran los que ponían el dinerito y hacían bien en "barrer para casa". Después de todo, lo que había comenzado siendo una fiesta popular se había convertido en uno de los reclamos publicitarios de París, si es que tal cosa le hiciera falta a semejante ciudad.
El caso es que Conchita recibió una mención especial, entregada por el mismísimo presidente de la República, monsieur Émile Loubet al que, por cierto, le faltaba muy poquito para acabar su mandato. Para compensar tan triste coyuntura, el señor Loubet se dedicó a besar a todas y cada una de las concursantes a medida que iba entregándoles los premios. Dicen que el beso de Conchita fue especialmente largo y que, tras complacerse en él, al vetusto caballero se le quedó impresa una indeleble sonrisilla picarona bajo sus blancos bigotes. En fin, cosas de la Belle Époque.
Monsieur Loubet tenía ya setenta y siete años cuando le entregó
el premio, acompañado por un beso, a Conchita...
... que bien se merecía premio y beso
El caso fue que, reina con corona o sin derecho a ella, en España la noticia constituyó todo un acontecimiento. Una especie de fervor patriótico, de un tipo más bien estético y un tanto paleto, convirtió a Conchita en la representación no ya de las virtudes de la mujer española sino de la patria misma. Incluso su timidez es ensalzada como el candor propio de la honestidad de la mujer española, tan alejada de la desenvoltura de las francesas (esas descocadas) y la frialdad marmórea de las hijas de Albión... Todo muy excesivo, muy racial, muy de aquella época en la que aún se sentían los ecos del desastre del 98.
Cuando la modistilla regresa a España se celebran diferentes homenajes en torno a su figura, como una función en su honor organizada en el Teatro Lara, donde acude con sus dos damas de honor. Ocuparon las tres el palco central del primero piso, adornado con guirnaldas de flores secas y banderas españolas y francesas.
En pleno paroxismo patriótico, el escritor sevillano Felipe Pérez y González le dedica el siguiente soneto:

                                                                         Reina llegaste a ser, reina de un día,
                                                                        "por la gracia de Dios" y tu hermosura,
                                                                         y un pueblo, que es modelo de cultura,
                                                                         te aclamó con frenética alegría.

                                                                         Pueblo que derrocó la monarquía,
                                                                         y que su libertad hoy asegura,
                                                                         vio, en horas de placer y de ventura,
                                                                         tu reinado con gozo y simpatía.

                                                                         Reinado el más dichoso, que en la Historia
                                                                         no dejará señal de odio ni espanto,
                                                                         pues logró tu belleza la victoria,

                                                                         y, dejando corona, cetro y manto,
                                                                         has podido decir, para tu gloria:
                                                                         Por mi no vertió sangre ni llanto.

Conchita y ¡olé!
Como resultado de tanto dislate, Conchita es recibida en Madrid por una "nube de periodistas, agentes teatrales, empresarios y representantes de centros artísticos del extranjero", considerando todos ellos que semejante belleza no podía seguir dedicada a la aguja y desperdiciar su vida bordando, oculta tras los visillos de algún modesto taller de costura. Por cierto, el Ayuntamiento de Madrid hizo caso omiso de la llegada de su escultural ciudadana. Ni su reinado de belleza ni su estancia de ocho triunfales días en la capital francesa causó el más mínimo efecto en tan excelentísima como ocupadísima corporación. Pero no notó Conchita este desprecio de la municipalidad, confusa y aturdida como estaba ante tantas proposiciones como recibió a su llegada a la calle de Panaderos. Pero ella no cede a la tentación, al menos en un primer momento. Considera, con muy buen criterio, que ha de formarse en el mundo del artisteo y que, no teniendo otra cosa que ofrecer al público que belleza y juventud, es necesario dedicar sus esfuerzos a tomar clases de dicción, canto y baile para satisfacer las expectativas del respetable.
Conchita, y otra vez ¡olé!
Dicho y hecho. El 19 de abril de 1906 debuta Conchita como cupletista en el Central Kursaal de Madrid, después de hacer en apenas unos meses una auténtica maratón formativa. Opta por el género ínfimo y el cuplé sicalíptico no por nada, simplemente porque estaba de moda y era lo que más dinero daba con las mínimas aptitudes posibles. El día de su debut aparece en escena ataviada con un vestido verde y un sencillo tocado de claveles rojos, sirviéndole de fondo un decorado japonés de seres fantásticos y monstruosos, prestado o perteneciente a otro número. Después de su primera canción, dicha más que cantada con voz dulce y adorable inocencia, se sueltan desde el patio de butacas dos palomas blancas que vuelan hasta el escenario. Conchita las recoge en sus brazos y saluda al respetable que, entregado, hace subir el telón hasta seis veces.
Adorable inocencia en traje verde de calle
Cobra cuarenta duros, nada menos que doscientas pesetas por noche, según averigua el periodista José Juan Cadenas (el novio de Fornarina), cantidad nada despreciable para una debutante tan verde como ella. Se paga la novedad y la belleza pero, sobre todo, se paga la fama. No en vano es anunciada como la reina de la Mi-Carême, obviando el hecho de que la auténtica ganadora fue una francesa y que Conchita, junto con otras representantes, recibió tan sólo una mención y un beso, como ya sabemos. El reclamo del reinado de belleza, todavía reciente, es poderoso entre el público español y lo seguirá siendo durante muchos años. Mientras tanto, en París, Rosa Blanche ha vuelto a trabajar en el mercado. Auténtica reina por un día, opta por regresar a su rutina, menos tentada o más perspicaz que la española.
Estoy que me salgo, ¡cuarenta duros diarios!
¿Habrase visto?
Ajena a lo que sucede en la vida de la auténtica reina de los mercados parisinos, la espuria reina española sigue actuando en el Kursaal durante una semana, con irregulares resultados tras el suceso de su debut. Su número consta de un tango sicalíptico que canta y baila junto a una compañera llamada Melita-Iris, tan novata como ella pero mucho más vergonzosa (en los atrevidos contoneos del baile, oculta como puede al respetable su sonrojado rostro). Después, una sevillana, que Conchita canta y baila con innegable valor pero con menor acierto que en el tango. El público está dividido: es muy mona, simpática y sencilla, nada pedante ni  ñoña pero ¿basta todo eso para ser artista? A estas alturas todo el mundo sabe que el reclamo ha sido el concurso de belleza y que la empresa, que sin duda ha salido ganando con tan gratuita publicidad, le ha pagado un desorbitado salario. La crítica (la constructiva, que de la otra ni hablamos) le da un buen consejo: deje el baile, no es usted la Imperio, y emplee su tiempo y esos duros tan inmerecidamente ganados en su formación como cantante.
Pastora Imperio, "la Imperio", ya era en 1906
la indiscutible reina del baile español
Para colmo de males es contratada por el Kursaal una figura que, aún en ciernes, ya se ha convertido en la favorita del público madrileño: la Fornarina. Interpreta sus cuples más sicalípticos y triunfa con "El Masaje", que podéis encontrar en este blog:
http://consuelitoyotrasbellasdelcuple.blogspot.com.es/2011/01/fornarina-canta-el-masaje.html
Fornarina es una indiscutible número uno y en la comparación Conchita no podía por menos que salir perdiendo. El último día en el Kursaal es un desastre para la exmodista. Apenas es aplaudida y le piden, de muy malas maneras, algo más de picardía e intención. En definitiva, lo de siempre, lo que tan a menudo era de esperar en el género ínfimo. A continuación actúa la cuadrille Realiste, un número de can can francés que ofrece lo que tan selecto público necesita. Conchita se vuelve a su humilde casa de Panaderos, junto a su padre picador y su honesta madre, a desmadejar ovillos en torno a la mesa camilla. La niña se pregunta ¿todo esto no ha sido más que un sueño? ¿y París? ¿y el presidente de la república? ¿y los cuarenta duros diarios?
Y a todas estas preguntas les daremos respuesta en el siguiente capítulo dedicado a la vida de la reina madrileña de los mercados parisinos.

(1) Teniendo en cuenta que esta calle ya no figura en el centro de Madrid (existe una en la actualidad en la zona de Herrera Oria, mucho más moderna por tanto) agradecería que alguien me diese información sobre ella: si realmente existió, si no era este su nombre exacto, en qué zona se encontraba...

4 comentarios:

  1. Llevaba tiempo buscando información de una "artista" de la familia de la que no sabemos casi nada y he llegado hasta tu página la cual me ha sorprendido gratamente de ver la cantidad de información que tienes sobre este mundo que a mi personalmente me encanta. Solo conservamos alguna foto de ella pero no tenemos ni idea de su trayectoria artística.solo sabemos que murió bastante joven.Yo tengo un mantón de Manila que luce en algunas fotos. Se llamaba Rosita Fortuny, si tienes algún dato sobre ella me haria ilusión saberlo. Un abrazo

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    1. Efectivamente, Rosita Fortuny fue una cupletista de la época dorada, que no alcanzó la fama de otras pero sí tuvo su momento y actuó en bastantes escenarios. Procuraré hacer una entrada sobre ella en breve. Mi e-mail es tyjmateos@gmail.com por si quisieras enviarme alguna fotografía y otros datos que tengáis sobre ella. Vamos a ver si entre todos podemos hacerle el homenaje que sin duda se merece.

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  2. En este momento estoy trabajando en una muñeca inspirada en la cupletista Conchita Ledesma. Buscando imagenes en internet encontré dos postales en las que posa vestida para interpretar los cuplés de "La gatita blanca", pero como siempre me gusta saber como fue su vida. Ahora gracias a tí ya no será solo una bonita imagen. Cuando la termine me dirás que te parece.
    Muchos besos. Espero impaciente la segunda parte.

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    1. Será una muñeca tan maravillosa como todas las que tú haces. Las fotos de la "gatita" son de las más bonitas que tiene, quedará preciosa. Estoy a punto de publicar la segunda entrada, no tendrás que esperar mucho. Un beso.

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