Nosotras no tenemos la culpa de esto, pídanle ustedes explicaciones a nuestras madres que nos han "colocado" de coristas
Una de las figuras imprescindibles de aquellos tiempos del cuplé fue la de "madre acompañante de cupletista", que tantos inolvidables personajes y desopilantes momentos han dejado en la literatura y el cine de nuestro país. Aunque no siempre fueran las madres de la artista (véase la tía de "El último cuplé") como tales ejercían cuando era necesario. De firme e indómito carácter, llegaron a convertirse en el terror de empresarios, admiradores, periodistas y moscones varios.
Aunque sin formación previa (en muchas ocasiones prácticamente analfabetas) ejercían hábilmente de agentes de sus niñas: las presentaban ante los empresarios; las apuntaban en las clases de canto,baile o dicción; negociaban sus contratos; las acompañaban en sus viajes; velaban por su seguridad y por su virtud... esto último siempre que fuera posible (las niñas se "despistaban" que era un primor) y oportuno para sus intereses.
La célebre pelea entre madres (y tía) de las coristas en "El último cuplé". La genial Matilde Muñoz Sampedro, en el centro, defendiendo a su sobrina María
Tenemos ejemplos como la madre empresaria de la Chelito, la siempre hambrienta madre de Nati la Bilbainita (su forma de comer causaba estupor entre sus contemporáneos) o la guapa madre de Preciosilla y Museta, señora famosa en su juventud por poseer los encantos que luego dejaría en genética herencia a sus dos hijas. Había de todo y así nos podíamos encontrar en los camerinos de los teatros con un amplio surtido donde escoger: entre la férreamente virtuosa hasta la oportunista sin escrúpulos, a la que casi podríamos calificar como alcahueta, pasando por la antigua artista venida a menos. Si bien podemos considerar que la mayoría de ellas cuidaron con amor y entrega de sus hijas o sobrinas, alguna hubo que le sacó a su retoño todo lo que pudo hasta el final de su carrera.
Preciosilla con su madre, la oronda señora de la izquierda, luciéndose en carruaje abierto por las calles de Madrid
Se hizo cómicamente célebre la figura de la madre que, inaccesible al desaliento, se "emperraba" en que su hija fuera artista aunque la niña estuviera negada para el arte y totalmente desprovista de talento o belleza. Sus visitas a empresarios del mundo de las variedades, intentando vender un producto a todas luces inoperante, fueron motivo de burla en el mundillo artístico. Aunque a veces, todo hay que decirlo, la insistente progenitora conseguía su objetivo y colocaba a la niña, quién sabe cómo y ofreciendo a cambio quién sabe qué.
Sobre tan delicada circunstancia os dejo a continuación el poema "Quiero ser tiple" aparecido en la revista "Iris" en julio de 1899, firmado por Eusebio Sierra.
- Pasa... - ¿El señor director? - Servidor. - Mi hija Matilde. - Muy bella. - Muchas gracias por la flor. Pues yo vengo aquí con ella a pedirle a usted un favor. - Tomen ustedes asiento. - Yo soy viuda. - Lo lamento. - No; no lo lamente usted porque fui muy desgraciada de casada. - Pues no lo lamentaré; ponga que no he dicho nada. Continúe usted, señora. - Ya sabe usted lo que cuesta ganarse la vida ahora, por lo cual le he dicho a ésta: ¿qué vas a ser? ¿planchadora? No, señor, ¿pues no sería un dolor, y hasta un cargo de conciencia que pasara la existencia metida en un obrador? ¿Qué va a ser? ¿Costurera? Pues lo mismo; ¡si rompiéndose el bautismo no ganan para comer! ¿Va a ser cigarrera? ¡Quiá! Es ocupación muy fea... ¿Pues que quiere usted que sea? - A mi lo mismo me da. - Además, y esto es lo grave está tan bien educada que no sabe lo que se dice hacer nada. Por lo cual se me ha ocurrido que a nuestro estado precario sólo se ofrece un partido: ¡lucirla en el escenario! - Muy bien, muy bien discurrido. ¿Quiere ser corista? - ¡Cómo! Caballero, usted la ofende; ¿corista? Ni por asomo... - Pues entonces, ¿qué pretende? - Ser tiple... ¡y de tomo y lomo! - ¿Pero canta? - Sí, señor. ¡Si tiene una voz que espanta! Mírele usted la garganta, lo mismo que un ruiseñor. Es una voz argentina, ¿y extensa? una atrocidad: cuando canta en la cocina atruena a la vecindad. - ¿Sabe música? - Eso no. - ¿Tendrá oído? - De primera: ¡como que oye desde fuera lo que hablemos usted y yo! - ¡Vaya! ¡Vaya! ¿Declama? - ¡Virgen María! Hizo una voz en Talía, un monólogo... ella sola... y la aplauden todavía. ¡Y qué formas! - ¡Ay, mamá! - Tú te callas. Nada, usted se las verá cuando se ponga las mallas, que es claro, se las pondrá. Conque, ¡ea! por su interés tráigala usted a su teatro; lo que otra le haga por cuatro ésta se lo hará por tres. - Bien; pues la tendré presente vuelva usted dentro de un mes o dentro de dos. - Corriente. Hasta la vista. - A sus pies. - Despídete del señor. La niña con humildad: - Buenas tardes. - Servidor. - ¡Y que no haiga novedad!
La niña mortificada por las pretensiones maternas, imaginándose su futuro en mallas y cantando cual ruiseñor
Una recomendación para todos, especialmente para los que vivís en la Comunidad Valenciana.
Del 25 de septiembre de 2014 al 11 de enero de 2015, se celebra en el Centre del Carme de Valencia, la exposición: "Vestidos para posar. Retratos de Sorolla e indumentaria contemporánea".
Raquel Meller, según Sorolla (1918)
Como ya sabéis todos los aficionados al cuplé y su época, a Sorolla le interesaron de manera muy especial ciertas figuras del espectáculo y es famoso su retrato de la gran Raquel Meller (desconozco si figura en el catálogo de esta exposición). También supo plasmar con maestría la indumentaria de sus retratados, en línea con otros grandes como su contemporáneo John Singer Sargent.
Lady Agnew of Lochnaw, por Singer Sargent (1892)
La Institución Sorolla lleva años haciendo exposiciones y otro tipo de actividades alrededor de la figura de este gran pintor, todas ellas de gran rigor y exquisitez.
Si podéis ir, no os perdáis esta exposición. Incluso si no os interesan el cuplé ni la moda, Sorolla es un gran pintor cuya obra siempre merece la pena revisitar.
Conchita Ledesma, portada de Mundo Gráfico el 4 de diciembre de 1918
En septiembre de 1917, tras una breve enfermedad, debuta Conchita en el Trianón Palace de Madrid. Actúa junto a ella una joven y longilinea bailarina, Carmelita Sevilla, que se ha convertido en la revelación de la temporada. A su lado, la oronda Ledesma no sale bien parada: "Conchita está hoy más hermosa que nunca. En belleza no hay artista que compita con ella. Pero en arte -¡ay!- está también lo mismo que antes. Dice con gran afectación y es su voz un desagradable contraste con su hermosura. Fue muy aplaudida ¡y es que es tan bella, tan bella!". Sus actuaciones, a pesar de los aplausos del primer día, no son bien recibidas por el público y al final es sustituida por un valor seguro: Olympia d'Avigny (os remito a las entradas a ella dedicadas en este blog).
Conchita en 1917, luciendo los escogidos atuendos escénicos que tanta fama le dieran de elegante
Sin embargo, su actividad es imparable durante estos años. De hecho, de 1917 a 1919 trabaja sin descanso. Algo tendría, a pesar de su voz destemplada, que convencía a los empresarios para contratarla. Y entre ese "algo" destacaba la publicidad que siempre se hizo de ella en los medios de entonces. La agencia de Parish nunca escatimó en gastos en lo que se refiere a la promoción de Conchita y que contribuyó, en gran medida, a su contratación y fama. Fueron especialmente eficaces las elogiosas críticas "de pago" en revistas especializadas como el Eco Artístico. Su belleza y su pasado de (pretendida) reina de la Mi-Carême, hicieron el resto.
Composición fotográfica de la época en la que vemos a Conchita en diferentes transformaciones escénicas
Después del fracaso en el Trianón Conchita es contratada por el Monte Carlo de Barcelona, de allí pasa al Salón Lloréns de Sevilla (donde siempre fue muy querida). De ahí, derechita al Teatro Circo de Albacete, junto a la bailarina Mireya; después el Salón Kursaal de Melilla junto a Mercedes Serós; a continuación al Eslava de Jerez de la Frontera, y vuelta al Lloréns de Sevilla, donde termina 1917 actuando junto a otros artistas de las variedades, como Eugenia Roca, Palmira López o Les Boronski, bailarines cosmopolitas que fueron primeras figuras del género.
Les Boronski bailando un fox-trot, una imagen para toda una época
El año 1918 comienza bien para la madrileña, actuando en el Gran Teatro de Córdoba justo antes del debut de Raquel Meller. Después de sendas actuaciones en el Calderón de Valladolid y el Rojas de Toledo, se toma Conchita un pequeño descanso en Madrid para renovar vestuario y visitar a la familia. Y aquí conviene pararse un momento ya que, como habréis observado, en todo lo que hasta ahora os he contado de Conchita no aparecen apenas menciones a su vida personal. No hay novios, maridos, amantes, amigos o amigas que hayan sido mencionados, ni relación alguna que haya sido insinuada. Y es que no hay nada: la vida personal de Conchita fue siempre de una discreción absoluta, ejemplar diríamos, si exceptuamos el incidente con el coche en la Semana Santa de Valencia. De aquel caballero francés que la acompañaba -que bien pudiera haber sido el chófer- no se volvió a hablar y todo se queda, pues, en pura especulación.
Conchita pidiendo perdón por lo poco interesante que fue su vida privada: ¡aún no existía la "prensa rosa"!
Del 25 de abril al 5 de mayo de 1918 estará actuando en el teatro Pinacho de Vigo donde, al igual que el sevillano Lloréns, fue contratada en múltiples ocasiones. Tras una pequeña gira por el noroeste y norte de España, debuta el 20 de mayo en el Príncipe Alfonso de Madrid y a continuación debuta en el Teatro Circo de Zaragoza. En julio le surge un contrato en casa, y nunca mejor dicho. En el Price de Madrid (el teatro de su agente, Leonard Parish), ofreciéndose como reclamo publicitario el lucimiento por parte de la artista de su fastuosa colección de mantones de Manila.
Mantón negro (un clásico) con un motivo de "chinerías", colocado a modo de vestido
Otro de sus preciosos mantones, (imposible saber los colores originales) con sonrisa incluida
Mantón con fondo marfil o blanco y grandes rosas bordadas, con flecos de gran longitud
Cuando se despide del Price, la crítica le machaca: "... es una hermosa mujer pero el oído sufría horriblemente escuchando su voz destemplada, su falta de vocalización y su carencia absoluta de sentimiento artístico". Estas críticas son más benévolas, incluso entusiastas, con un curioso compañero de escena que ha actuado junto a Conchita en el Price esta temporada, el inclasificable Egmont (o Edmond) de Bries, transformista e imitador de estrellas y una estrella de gran magnitud por méritos propios.
Egmont de Bries merece entrada propia, con esa peineta no podía ser menos...
En octubre de 1918 Conchita vivirá uno de los momentos más tristes de su vida.El suceso aparece hasta en la prensa: la tarde del tres de octubre, un hombre de edad avanzada se siente repentinamente enfermo mientras pasea por la Red de San Luis de Madrid. Unos transeúntes lo montan en su coche y lo llevan a la Casa de Socorro más cercana (el equivalente a las Urgencias de hace un siglo), pero antes de llegar ya ha fallecido. Por los papeles que porta encima se averigua que se trata de Mariano Ledesma, picador de toros, el padre de la famosa cupletista Conchita Ledesma.
Las penas de la vida afectan a todos por igual, cupletistas de éxito incluidas
Aunque se hallaba muy unida a su padre, Conchita tiene que continuar con su carrera y sigue trabajando. Después del entierro parte hacia Lisboa, donde actúa en el Grande Salao Foz durante un mes. Los portugueses pagaban bien -mejor que los empresarios españoles- y un contrato como éste no podía ser desperdiciado. Muy probablemente la Ledesma, al igual que muchas otras de sus compañeras, se convirtió en el principal sustento de su familia. No era raro que se hicieran cargo de sus padres -en tiempos sin pensiones ni sanidad pública- e incluso de hermanos y otros familiares.
El caso es que Conchita termina tan triste año actuando en el Principal de Cartagena, de nuevo junto a Pastora Imperio.
Bajo su aspecto frívolo y su natural simpatía, escondía Conchita un corazón responsable y generoso
El año 1919 será también provechoso, pero empezará a marcar su decadencia como figura cotizada. Trabajará por toda España, especialmente en Andalucía (el Lloréns de Sevilla, el Parque Alfonso XIII de Granada o el coliseo Moderno de Río Tinto, entre otros) y Madrid. En su ciudad es contratada en el muy completito Ideal Rosales (teatro, casino y restaurante) donde la empresa ofrece por las noches velada de souper tango con veinticinco señoritas. Este souper, que tenía un poco de cena y un mucho de alterne, ofrecía a los caballeros la posibilidad de bailar con mujeres jóvenes y bonitas por un pequeño extra en la consumición. En los años dorados del cuplé eran las propias artistas las que hacían (o no) foyer, actividad provechosa tanto para ellas como para la empresa y que le daba prestigio al teatro donde se realizaba. Ahora ya no hace falta ser artista ni tener ningún tipo de talento. Los tiempos están cambiando.
Con los años, la reina de la belleza se convirtió en una señora de abundantes atributos
Cuando en diciembre de 1919 actúa en Cuenca, la crítica local define a Conchita como la "ex reina de la Mi-Carême, hoy respetable jamona". No se puede ser más cruel. Y lo cierto es que 1920 no será precisamente el mejor año de la cupletista. Con un físico algo deteriorado y que ya no está de moda, y reconociendo que nunca pudo ofrecer mucho más que su belleza (talento nunca tuvo, de su voz ni hablemos), le llega el momento de plantearse la retirada. Como tonta nunca fue y siempre tuvo una numerosa corte de admiradores, cuando en los años veinte se dedicó a disfrutar del dinero ganado y poco más, se encontró nuestra reina de la belleza con unos cuantos pretendientes dignos de tener en cuenta.
Bonito perfil de Conchita, en sus últimos tiempos de fama, preparada para convertirse en toda una señora respetable
Cuando ya en 1930, Álvaro Retana hace una de esas semblanzas de cupletistas retiradas u olvidadas a las que era tan aficionado, recuerda de la Ledesma apenas tres cosas a tener en cuenta: que fue la única reina española de la Mi-Carême, que cantaba con voz de grillo y que consiguió casarse de manera ventajosa... o acaso no tanto. La anécdota que cuenta no tiene desperdicio: "Hace poco se casó Conchita en Úbeda en artículo mortis con un rico propietario, que tuvo la suerte de no morirse del todo para disfrutar con su esposa de un Paraíso de venturas matrimoniales".
Sin duda le deseamos a Conchita la mayor de las venturas matrimoniales posibles. No tengo más datos al respecto.Como siempre, espero la colaboración de los lectores para saber un poco más sobre la vida de la madrileña que fue reina de la belleza de los mercados parisinos. Toda una bella olvidada, digna de ser rescatada de ese olvido.
Anexo fotográfico Por primera vez me he encontrado un personaje con más material gráfico que biográfico. Conchita Ledesma fue una de las reinas indiscutibles, no ya de la belleza, sino de la tarjeta postal. Hay infinidad de imágenes de ella que no he podido incluir en su biografía, por variados motivos, y que ahora os dejo aquí para que las disfrutéis tanto como yo las he disfrutado.
Conchita con sillita verde y primoroso vestido de tul rizado
En la misma sesión de fotos, esta vez sin colorear
Otro de sus anuncios publicitarios
Tres preciosas imágenes caracterizada para actuar en "La gatita blanca", un clásico del género chico
Con mantilla de blonda y pose relajada
Otra caracterización, esta vez como juez (algo impensable en una mujer de la época)
La inevitable postal con peineta y mantón, la pose más clásica de la cupletista aflamencada
Y por último, tal y como aparecieron en la prensa francesa, las reinas de la Mi-Carême de 1906. En el centro la finalmente elegida, a la izquierda de ella, nuestra Conchita. A la derecha la italiana, que despertará comentarios no exentos de cierta polémica...
Conchita en actitud modosa, con la obligada mantilla de blonda y los también obligados dijes de oro
Después de la debacle del Central Kursaal madrileño a Conchita no le llueven los contratos precisamente, aunque su fama-y, sobre todo, su belleza- le ha convertido en una figura popular. Como ejemplo de esta popularidad aquí os dejo un curioso testimonio. Con motivo del cambio obligatorio de uniforme para los cocheros de Madrid (los antepasados de los taxistas) a alguien se le ocurren unas coplillas que, entre otras cosas, dicen en madrileño castizo:
Sólo sé que con los trapos
seremos la crema mesma
y que estaremos más guapos
que la Conchita Ledesma
Cocheros madrileños de finales del siglo XIX (fuente: historias-matritenses.blogspot.com)
No sirviendo su belleza para mucho más que para ser admirada por el pueblo (que no es poco), la reina de la Mi-Câreme decide encauzar su carrera por otros derroteros. Haciendo caso omiso de los consejos de la crítica, se empeña en ser coupletista y bailarina, es decir, en cantar y bailar al mismo tiempo. Teniendo en cuenta su falta de talento y que, por una vez, una mujer fue incapaz de hacer dos cosas a la vez decentemente, decide Conchita bregarse con los escenarios extranjeros no sin antes pasar por alguno español, como el Otto-Karelli de Bilbao.
Ni corta ni perezosa regresa a París, siendo recibida como la penúltima artista española en llegar a un lugar donde no faltaban precisamente ni artistas, ni españolas, ni guapas mujeres. Es agasajada por ser precisamente esto último y porque, al menos durante un tiempo, también en París resuenan lo ecos de la última elección de la reina de las reinas de los mercados. Alcanza fama suficiente como para ser mencionada por el escritor y periodista Luis Bonafoux en su libro "Bombos y palos. Semblanzas y caricaturas", publicado en 1907, donde habla de todo lo divino y lo humano. No sabiendo muy bien dónde colocar a la Ledesma y teniendo en cuenta que fue Bonafoux conocido por el sobrenombre de "La Víbora de Asnières", no parece que fuera su semblanza de la española demasiado negativa. Belleza obliga.
El polémico escritor Luis Bonafoux (fuente: Cuadernos de Campo en www.vacarizu.es)
En 1907 actúa en algunos escenarios españoles, como el Pabellón New England de Ferrol o el Máiquez de Cartagena, donde hace una versión del "Ven, Mimí" de Fornarina y ejecuta una "napolitana", género de moda que precisaba de una gran voz(!). No sabiendo muy bien todavía en qué género situarse, actúa a finales de año en el salón teatro de la Agencia Artística Moderna de Madrid junto a otros artistas y se decanta de nuevo por la danza.
En 1908 es noticia por hacer un viaje en globo pero después se pierde la pista de Conchita (no, no hubo ningún accidente con el globo), dedicada a formarse en su arte y a vivir la vida intensamente. Estos años de aprendizaje serían el equivalente en la actualidad al año de reinado de una Miss Europa, Universo o lo que fuere. Guapa, joven, simpática y con muchas ganas de divertirse y triunfar, es Conchita el prototipo de la pollita de aquella época: un poco alocada, un poco ambiciosa, un poco ingenua y no poco deslumbrada por el brillo de las joyas bajo la luz de los focos.
Así de orgullosa se mostraba Conchita de su juventud y su belleza
En plena Semana Santa de 1910, tiempo de sobriedad y recogimiento, se produce una pequeña conmoción en la ciudad de Valencia. Están las autoridades "haciendo los sagrarios", desplazándose en carruaje entre una y otra iglesia, cuando aparece uno particular ostentando la bandera de la República Francesa y perteneciente a una singular pareja formada por "la bailarina Conchita Ledesma" y un anónimo francés acompañante. Su desfachatez es la comidilla de la ciudad durante unos días y nos sitúa a la madrileña en una singular circunstancia: pareja, coche y, por lo tanto, cierto desahogo económico. En unos años sin apenas contratos Conchita ha espabilado, y mucho. En cuanto a su presencia en Valencia, ha venido para debutar en el Novedades de donde pasará a continuación al Principal de Castellón.
Otra de las fotos que le hicieron en París, con el suntuoso vestido de redecilla
Si sus circunstancias personales han cambiado no lo han hecho menos las profesionales. Ahora es representada por la agencia de Leonard Parish, que sólo lleva primeras figuras (por ejemplo, Fornarina) y que tiene el prestigioso circo Price madrileño en propiedad. A partir de 1910 Conchita comienza a trabajar asiduamente, primero en el extranjero y a continuación en escenarios de toda España. Hace una gira por Italia y otros países europeos que durará nada menos que ¡tres años!, tiempo en el que hará un poquito de todo, incluso cine, y en el que adquirirá muchas tablas. Aprenderá a ser una mujer elegante y sofisticada pero no a cantar, lo cual le vale críticas de todos los colores, más bien sombríos.
La reina de la belleza en Venecia, dando de comer a las sempiternas palomas de Piazza San Marco
Su representante confirma que la gira incluye la mayoría de las grandes ciudades italianas: Roma, Nápoles, Turín, Milán, Palermo, Viareggio, Venecia, etc. Cualquier momento será bueno para incluir en la prensa española reseñas y críticas sobre esta gira, que comienza Conchita en el Teatro Biondo de Palermo para, a continuación, debutar en Nápoles presentándose con un repertorio que incluye bailes españoles y canciones napolitanas. Semejante atrevimiento levanta simpatías aunque las críticas, tibias, se centran en su "dominio del idioma e identificación con la melodía". A continuación pasa al Varietá Maffey de Turín y allí acepta un contrato en un lugar muy alejado de Italia: varias semanas en el Teatro Yard de Moscú y en diciembre, para más señas.
Conchita preparada para pasar el crudo invierno...
... de la capital de Rusia
Tras esta actuación el rastro de Conchita vuelve a perderse, esta vez durante más de un año. ¿Encontraría en Rusia un segundo hogar, tan opuesto en temperaturas al suyo originario? ¿Se extraviaría por la estepa en una salvaje cacería de osos, siendo rescatada por un guapo mujik? ¿Algún rico hacendado la cubriría de diamantes de Cartier y huevos de Fabergé? ¿Se haría adicta al vodka con caviar? Un poco de todo esto pudo haber ocurrido aunque lo cierto es que la madrileña no debió parar mucho en la helada Rusia y regresó a Italia, en donde halló un público más cálido y un clima bastante más agradable.
Pero los críticos no fueron -entonces, como ahora- tan cálidos y agradables con la madrileña. Enrico Perossi, corresponsal italiano del Eco Artístico, escribe una crítica demoledora en esta revista española: "... no merece casi ni que nos ocupemos de ella. No basta, para ser llamada artista, vestir bien y ostentar buenas alhajas; hay que hacer algo por conquistar un puesto entre las que valen y Conchita Ledesma se vale de que es española para pasar medianamente. ¡Si fuera compatriota nuestra! Siento tener que decir así desnuda la verdad; pero más vale que engañar a los que se fían de mis crónicas".
Estaba de moda por entonces "lo español" o al menos lo que en el extranjero se estimaba como tal
Acaso sintiéndose mal tratada por la crítica o buscando una alternativa a los escenarios, en 1913 la Ledesma rueda en Italia dos películas, "Il principe de Florania" y "La última danza", ésta última en coproducción con España. En ellas trabaja junto a Gustavo Serena, famoso actor y director italiano de cine mudo que actuó con divas como Francesca Bertini. Aquí os dejo este delicioso enlace: https://www.youtube.com/watch?v=_Q6_5hoFH1
Gustavo Serena, galán italiano del cine mudo
La carrera de Conchita se ha centrado en Italia donde, por su físico y su personalidad torrencial, es acogida con cariño y simpatía. En febrero de 1914 actúa en el Salón Margherita de Roma-similar en estilo y fama al Olympia parisino- junto con otra española, la bailarina Luisa de Vigné, que está teniendo un enorme éxito en toda Europa. De hecho su figura tiene gran importancia por si misma y merece (y tendrá) entrada propia en este blog.
La bailarina Luisa de Vigné, retratada por Carlos Vázquez
En 1914 se estrenan en España "La última danza" en el teatro Benavente de Madrid, anunciada como una película de 2.000 metros exclusiva de esta sala . El público puede apreciar en ella los progresos de la exreina de la belleza en lo que se refiere a su actuación pero, afortunadamente para Conchita, el cine aún es mudo y no se puede apreciar si también ha progresado con su voz o todo lo contrario. La película es un discreto éxito de los de entonces, pasándose después en el Salón Regio y el Cinema X. Tan sólo sobre éste último podemos hablar como de un auténtico cinematógrafo, ya que tanto en el Benavente como en el Regio el cine forma parte de un programa que incluye, como número fuerte, las variedades selectas.
Durante años Conchita le dio la espalda a los escenarios españoles, prefiriendo los extranjeros
Hasta 1914, exceptuando una breve temporada en Barcelona y poco más, sigue la madrileña actuando en escenarios mayoritariamente europeos, siendo tentada por algún contrato para las Américas que no llegó a concretarse. Es una figura de segunda fila, sin comparación posible con artistas españolas como la Bella Otero, Fornarina, Rosario Guerrero o la Vigné. Pero fuera de España, con el cambio de divisas, se gana mucho dinero. Además se adquiere prestigio y un lustre que deslumbra a los españolitos de entonces, algo acomplejados por aquello de la pérdida de las colonias. Pero llega la Gran Guerra y tanto ella como otros artistas españoles, pliegan banderas y regresan a la neutral madre patria. Para Conchita es el momento de triunfar aquí, con prestigio, lustre, rollos de película de 2.000 metros y unas joyas deslumbrantes adornando su cuerpo retrechero.
Postal coloreada con purpurina, un diseño de fantasía que hacía furor hace cien años
El año 1915 pasa aún sin pena ni gloria, quién sabe si con Conchita viviendo de los réditos de su carrera europea. Pero en 1916 el capitalito adquirido ha debido de mermar considerablemente y, antes de tener que echar mano de diamantes y empeñar mantones, nuestra reina de las reinas se lanza a una carrera artística vertiginosa, hábilmente llevada por la agencia de Leonard Parish.
Anuncio de 1916 publicado en los medios de prensa especializados
Así comienza el año actuando en la sala Imperio de Barcelona y a continuación en el Cine Recreo de Sabadell, donde fracasa estrepitosamente (¿habrían visto a Conchita en alguna película y su voz al natural constituyó una desagradable sorpresa?). A continuación es contratada por el Salón Liceo de Albacete, después actúa en el Salón Actualidades de Cartagena y de allí parte al Salón Doré de Barcelona, un auténtico templo del cuplé. A continuación, también en Barcelona, actúa en el teatro Eldorado donde comparte escenario con una artista singular: la "danzatriz" Perla Negra.
Una de las artistas más exóticas de aquellos años fue la etíope Perla Negra, bailarina con decorados "efectistas"
Termina su gira catalana en el Coliseo Mundial de Tarragona y desde allí parte a Madrid, contratada por el teatro Benavente, el mismo que estrenó su película "La última danza". Con ocasión de su rentrée en la capital española se lanza una campaña publicitaria en prensa sin precedentes hasta entonces. Se hacen pequeñas semblanzas y breves biografías sobre su vida y obras, recalcando su pasado como reina de la belleza parisina y sus cualidades como cupletista y bailarina: con grandes facultades vocales, gusto, clara dicción, repertorio escogido y vestuario verdaderamente lujoso, tan monumental belleza "llega a nosotros después de ceñir los laureles de la gloria en el extranjero". De todo lo dicho sólo es cierto lo que se refiere a su belleza, el vestuario y el repertorio, donde se incluye con gran acierto el que será uno de sus mayores éxitos como cupletista, la canción "Amor de muñecos" de Martínez Abades. Esta "historieta" (como lo llamaron por entonces) es probablemente uno de los más exquisitos y tiernos cuplés que nunca se hayan escrito. Aquí os dejo la versión de Lilian de Celis, editada en YouTube por "falcarazgimenez", al que agradezco infinitamente el trabajo empleado en su publicación.
Un cuplé así haría triunfar a cualquiera y, de hecho, muchas cupletistas importantes lo cantaron, entre ellas la Goyita y Raquel Meller. A pesar de lo desabrido de su voz, la Ledesma le echa simpatía, belleza y una pasmante seguridad en si misma. Con la campaña publicitaria el público acude al Benavente en tromba y el debut de Conchita resulta un gran éxito.
Que alguien me explique qué pinta una cucharilla (esperemos que de plata) enganchada en un sombrero...
Tanto que de allí pasa al Romea, uno de los principales templos del cuplé en Madrid, donde actuará con primeras figuras de las variedades como Dora la Cordobesita, Eugenia Roca y Rosine con su Carlito. Con esta última atracción conviene pararse un rato: consistía en una guapa bailarina y un elegante enano (persona de baja estatura o liliputiense) que ejecutaban distintos números con baile, canciones, acrobacias, etc. Hoy en día estaría prohibido o sería considerado como "políticamente incorrecto", sin embargo era por entonces un número conocidísimo que gustaba mucho.
Rosine y su Carlito formaron un popular número internacional de variedades que hoy en día estaría muy mal visto
El 31 de mayo formará parte en la función anual de la Asociación de la Prensa en el Romea, junto a primerísimas figuras. Cuando termina su contrato un crítico solventa sus impresiones sobre Conchita con un "¡Vaya mujer!" y nada más. En junio se despide tal mujer del público madrileño con un beneficio en el Español a favor del precoz violinista de trece años Dámaso Rico y Losada, que ya había ganado tres años antes el Premio Sarasate. Después del encuentro con el niño prodigio, continúa Conchita su carrera recalando en el teatro Zorrilla de Valladolid, desupués al Gayarre de Bilbao (donde coincide con Úrsula López), el Dindurra de Gijón, el Bellas Artes de San Sebastián, el Teatro Circo de Vitoria (junto a la Argentinita), el Teatro Nuevo de Zamora, el Bretón de Salamanca (de nuevo coincidiendo con Argentinita), el Salón Variedades de Béjar, el Rojas de Toledo, el Cómico de Huelva, de vuelta al Edén Concert de Barcelona...
Contentístima de tener tanto trabajo y luciendo uno de los mantones que se han salvado de la casa de empeños
Si habéis llegado hasta el final del párrafo anterior, estaréis aburridos y agotados como sin duda agotadora, aunque no aburrida, fue esta gira para Conchita. La madrileña, por fin, se toma en serio su carrera en España y trabaja esforzadamente en todo tipo de escenarios. Termina 1916 haciendo una gira por Andalucía, con un gran éxito de público y un silencio de plaza de toros por parte de la crítica. Actúa en Huelva, en Córdoba, Granada y Sevilla donde, tras su debut en el teatro Lloréns, hace declarar a uno de estos estupefactos críticos: "... acaba de recorrer Italia de punta a punta con un gran éxito y su hermosura ha perjudicado su carrera como canzonetista ideal, no tiene gran voz y por eso no se ha dedicado a la ópera pero ¡qué demonio! las cupletistas no necesitan dar el re sobreagudo".
¡A que te doy un re sobreagudo!
En Córdoba otro crítico, no menos estupefacto, escribe: "Aunque no tiene una gran voz, tampoco la necesita, con esos ojazos negros". Termina 1916 y regresa a casa, a Madrid, donde celebra las fiestas navideñas y el Año Nuevo con familiares y amigos. Comienza 1917 actuando el siete de enero en una fiesta benéfica en el Asilo de la Paloma, colaborando desinteresadamente junto a otras compañeras. El aspecto de los niños allí acogidos, con sus uniformes de dril y sus cabezas rapadas, causa un hondo contraste con las lozanas cupletistas, más que bien alimentadas y tocadas con sus blancas mantillas de blonda.
Espectacular en su mantilla, imagen de la belleza y la opulencia en aquella España de tantos contrastes
De allí pasa al Principal de Jerez y a continuación actúa en el Teatro Rey de Ceuta, donde se ensalzan su cuerpo esbelto y su encanto de mujer de bandera. El repertorio elegido para esta gira andaluza, amén del ya mencionado "Amor de muñecos", incluye los cuplés "S.M. El Chótis" y el picaresco "¡Ay, Bernabé!", una de sus escasas concesiones a la sicalípsis en una época en la que ésta ya estaba en franco retroceso. Siempre fue Conchita de las más finas. Sin voz ni afinación suficientes, su repertorio tenía que ser por fuerza exquisito y sus toilettes debían realzar ese aspecto físico a causa del cual -no nos engañemos- acudía mayoritariamente el público a sus actuaciones.
El aspecto de Conchita hacia 1917 ya no era precisamente el de la esbelta modistilla ganadora de la Mi-Câreme
Sin embargo empezaban a operarse cambios en su espectacular físico. Si creemos a Retana, en 1917 la Ledesma no ha cumplido aún los treinta años, pero cierta propensión suya a la gordura empieza a manifestarse en todo su esplendor. De momento, no importa. Aún quedan unos años de reinado para las opulentas bellezas rubensianas que tanto gustaban a los españoles. La moda comienza a cambiar y exige un modelo de mujer radicalmente opuesta, pero no será hasta los años veinte cuando este cambio radical afecte de verdad al mundo del espectáculo. Mientras tanto Conchita, convertida en "jamona", sigue resultado irresistible para su público. Una señora estupenda a la que aún le queda alguna entrada más en este blog.