La Fornarina y otras cupletistas que marcaron una época

La Fornarina y otras cupletistas que marcaron una época: mujeres ayer admiradas, hoy olvidadas

lunes, 9 de septiembre de 2013

Intermedio: "El último cuplé a través de sus canciones" (II)

El Maestro Solano, uno de los gigantes de la copla española,
contribuyó en gran medida al éxito de "El último cuplé"
Como ya os conté en la primera parte de este Intermedio, aunque "El último cuplé" fue un éxito sorprendente e inesperado, no fue tan improvisado como cierta mitología montada a su alrededor nos ha querido hacer creer. De hecho, se contó en su día con los mejores especialistas en cada una de las facetas que este musical requería, lo más selecto en cuanto a medios técnicos y artísticos que la industria cinematográfica española de la época podía permitirse. En el argumento y los diálogos aparecían Antonio Mas-Guindal y Jesús Mª Arozamena (especializados en musicales), la fotografía se encomendó a José Aguayo ("Viridiana" y "Tristana" son dos de sus mejores trabajos) y la adaptación y dirección musical, fundamentales en este caso, corrieron a cargo del prestigioso maestro Solano.
En 1957 era un joven pero ya muy experimentado compositor, director musical y arreglista. Había trabajado con Ochaita y Valerio, formando con ellos un trío a la altura del formado por Quintero, León y Quiroga. Juanito Solano, como era conocido debido a su precocidad, compuso innumerables éxitos de la copla para Concha Piquer, Miguel de Molina y Lola Flores, entre otros, y ya era muy conocido cuando fue requerido para aportar su talento y visión artística a "El último cuplé". A él le debemos, entre otras muchas acertadas aportaciones, la adaptación del bajo tono de la Montiel a cada uno de los temas por ella cantados en la película. No olvidemos que, originalmente, el tono de las cupletistas era en su época alto y casi agudo, y para dicho tono -apto para ser oído por todo un teatro en aquellos tiempos sin micrófonos- se habían escrito la mayoría de los cuplés más famosos. Nada se dejó al azar y las cosas, a lo que parece, no se hicieron mal del todo...

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"La Sandunga"
Adaptación de Álvaro Retana y Luis Barta de un tema tradicional mexicano

Nos encontramos ante un tema popular y versátil como pocos, de procedencia tan variada como confusa. Español -y más concretamente andaluz- en su origen, llega a México y se convierte en la "zandunga", voz zapoteca para un son tradicional de la región de Oaxaca. La primera letra conocida en español se le atribuye al mexicano Máximo Ramón Ortiz a mediados del siglo XIX. Desde allí regresa a España y aquí se le adaptan letrillas de todo tipo, de corte político, satírico o sentimental. La adaptación de Retana y Barta fue hecha ex-profeso para La Goya -muy dada a incluir en su repertorio músicas tradicionales hispanoamericanas- quien la estrenó en el Teatro Maravillas en fecha tan tardía como 1924.

Rafaela Aparicio, carismática  e impagable, interpreta "La Sandunga"
con una letra adaptada, una de las muchas que este tema ha tenido
Siendo como es una tonadilla básicamente popular, una cantante callejera es quien la interpreta en la película. Sus coplillas, de un descafeinado doble sentido, se acompañan con el estribillo más conocido de este pegadizo tema:

¡Ay, Sandunga, Sandunga,
de amor me muero!
Si no me das tu cariño,
a ti lo mismo te quiero.


"Balancé"
Autores: Ernesto Tecglen y Ricardo Yust

Esta canción, estrenada por La Goya hacia 1913, es uno de los cuplés más famosos de la historia y uno de los temas más conocidos y recordados de la película. Su letra sigue siendo de doble sentido, pero de aquél que La Goya prefería: suave, sin estridencias, discretamente dicho y elegantemente entendido, tal y como le correspondía a tan comedida, culta y delicada intérprete.
"... un hombre que no se arrima, ¿para qué lo quiero yo", decía
la Montiel, con toda la razón del mundo
En "El último cuplé" Sara Montiel hace de él una interpretación memorable, con todas las plumas, volantes y lentejuelas que correspondían a su personaje en este momento, la cupletista en ciernes que hace una prueba para su primera actuación. El tema no puede estar mejor escogido para el momento en cuestión, ya que su cadencia de valsecito se presta a los mohines y a los contoneos como ningún otro cuplé.
Las miraditas de María Luján dirigidas a su galante protector, Juan Contreras
(el actor Armando Calvo) pasan por el complaciente filtro de su tía (la señora del moño)
Como bien recordaba Álvaro Retana, tras el enorme éxito inicial muchas noches hubo La Goya de improvisar cuartetas ante un público que repetía función tras función. Lo que no cambiaba nunca era su célebre estribillo:
¡Oh, balancé, balancé,
balancé la nieve pura!
Canta, niña, esta canción
con muchísima dulzura.


"¡Oh, Marie!"
Adaptación de Ernesto Tecglen de un tema de Di Capua y Russo

Nos encontramos ante un tema que pasa por la película brevemente, como de puntillas, pero que merece la pena ser escuchado y conocido, tanto por su belleza como por su agitada historia. Y es que "Oh, Marie!", "O, Mari! o "Maria, Mari" es un tema napolitano a la altura de clásicos como el "O, sole mio!", y como tal ha sido interpretado por cantantes de tan variado pelaje como el tenor Franco Pagani o el baladista Dean Martin.
En los escenarios de varietés tenían cabida, cuando un público receptivo
así lo consentía, temas sentimentales y líricos como el "¡Oh, Marie!"
De esta canción se han hecho innumerables versiones ya que fue enormemente popular entre los emigrantes italianos que llegaron a Estados Unidos, donde le pusieron letra en inglés y llegaron a adaptarla al swing. En "El útimo cuplé" se nos ofrece una bella y clásica versión de Miguel Fleta, eso sí, en play-back, en el escenario del café-cantante "El Imperial".
¡Oh, Marie¡Oh, Marie! Si mi canto de amor es por ti...
Una curiosidad: no es esta la primera escena en la que aparece este tema ya que, unos cuantos fotogramas antes, en la escena de amor en el merendero, un violinista ciego interpreta esta romántica canción napolitana, que Cándido le dedica a María. De hecho se convertirá en "su canción" y aún aparecerá una vez más hacia el final de la película.


"Marcha de Cádiz" de la zarzuela "Cádiz"
Autores: Federico Chueca y Joaquín Valverde, con libreto de Javier de Burgos

Estrenada en el teatro Apolo de Madrid en 1886 (según otras fuentes, fue en el teatro Felipe), la zarzuela "Cádiz" se inspiraba en el Episodio Nacional de Galdós del mismo título. De hecho, fue calificada como un "Episodio Nacional cómico-lírico-dramático" y tuvo un enorme éxito en su momento, especialmente gracias al último número del primer acto, la enérgica y vibrante "Marcha de Cádiz".
Después de esta escena, nada más vuelve a saberse del pobre Cándido:
muerte, supervivencia y, raramente, la gloria esperaban a aquellos soldados
En esta escena, el despechado y celoso novio de María opta por alistarse en el ejército cuando su atormentada relación se enfrenta a una disyuntiva: o celos para toda la vida al lado de una cupletista o penalidades durante unos años en la guerra (probablemente, la de Melilla). La última opción es la que prevalece, acaso gracias a la capacidad subyugante de esta hermosa marcha que incluso llegó a ser propuesta en 1898 como himno nacional de España (fuente: La Opinión de Murcia).


"Ven y ven" 
Autores: Álvaro Retana y Rafael Gómez

El 18 de junio de 1911 debuta en el Trianón Palace de Madrid Aurora Mañanós Jaufret, La Goya, con un repertorio escogido (y compuesto) para ella por diversos autores, entre ellos el ínclito Álvaro Retana. El debut, concienzudamente preparado y montado hasta el último detalle para el lucimiento de la desconocida estrella, supone un gran éxito para la debutante. El cuarto número lleva por título "Ven y ven" y es la adaptación muy libre de un tema popular mexicano, como tantos otros que llevará La Goya en su repertorio.
Todavía uniformada como cupletista clásica, María Luján intenta atraer
al público con su sensual "Ven y ven" y, sin duda, lo consigue
Su aire de habanera y su letra explícita (de la que existen innumerables versiones), han convertido este cuplé en un clásico. Muy agradecido vocalmente, Sara Montiel le puso toda la sugerente intensidad de la que era capaz, que era mucha. La interpretación de La Goya nos parecería hoy en día, al lado de la de la Montiel, excesivamente contenida y algo trémula, con un ritmo rápido y una voz con un registro demasiado alto, que deslucen tanto texto como melodía. Para decir ciertas cosas, es mejor cantar como se susurra, acariciando con la voz como hacía la bellísima manchega:

Ven y ven y ven,
chiquillo, vente conmigo;
no quiero para pegarte, mi vida,
ya sabes pa lo que digo...

(Fin de la segunda parte.
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viernes, 16 de agosto de 2013

Intermedio: El piano de La Fornarina




Distintas perspectivas del piano colín de Fornarina,
tal y como se encuentra actualmente en el Museo Sara Montiel
Del piano de La Fornarina, un colín de color blanco, os he hablado en una de las entradas dedicadas a su biografía. Este piano, cuya marca desconozco, es un capricho en blanco marfil, llamado colín por ser de cuarto de cola (miden entre 131 y 189 cm de longitud), con un estilo inconfundiblemente modernista. Formaba parte de la decoración de su gabinete en la época en la que la cupletista organizaba en su casa tertulias musicales e intelectuales con sus amigos. A su muerte pasó a manos de su familia y tras diversos avatares, un sobrino suyo terminó vendiéndoselo a Sara Montiel. La manchega, que se sentía especialmente identificada con Fornarina, lo lucía orgullosamente en su piso de Madrid, formando parte de su abigarrada decoración.
En la actualidad se encuentra -imagino que cedido por la propia artista o su familia- en el Museo que Sara Montiel tiene en su tierra, situado en el molino Culebro de Campo de Criptana. Aquí os dejo un enlace de su página web, con una interesante semblanza biográfica de la Montiel y otros datos que tal vez os puedan interesar si os decidís a conocerlo.

http://www.campodecriptana.info/cultura/homenaje-a-sara-montiel-en-el-fim-2013

Muchas gracias a Jordi Fatjó, del Centro de Iniciativas Turísticas "Campo de Criptana", por realizar y enviarme las fotografías que aquí os muestro.

jueves, 2 de mayo de 2013

LAS OTRAS: Antonia de Cachavera (y IV)

Antonia en su madurez, con esos ojos brillantes e ingenuos
que tanto sorprendían a sus contemporáneos
Esta es la última entrada sobre la biografía de Antonia de Cachavera. Como siempre que me sumerjo en la vida y obras de "las otras bellas del cuplé" siento una cierta nostalgia cuando todo se termina, como si estuviera de nuevo condenándolas al olvido del que he querido sacarlas durante un corto periodo de tiempo.  A Antonia, en especial, le he tomado cariño ya que es una de las más olvidadas cuando fue sin duda una de las más famosas. El tiempo no ha sido benévolo con ninguna de ellas; si acaso ha respetado la memoria de la Meller, la de Chelito, algo menos la de Fornarina y... no se me ocurre ninguna más. De hecho, el tiempo no fue benévolo ni siquiera en vida de ninguna de ellas, a no ser que murieran jóvenes y en el cenit de su fama, como la gentil Consuelito que da nombre a este blog.
Los ojos de Raquel Meller, melancólicos y evocadores,
tan diferentes de los de Cachavera
En Raquel Meller, diva indiscutible y reconocida internacionalmente, se cebaron el olvido y la crítica, convirtiendo sus últimos años en una mezcla amarga de habladurías, compasión y achaques. Y si esto le ocurrió a ella, mujer lista y ambiciosa, que supo hacerse con un capitalito y obtuvo la dignidad que a otras cupletistas se le negó, qué no iba a sucederle a la Cachavera, que fue perseguida, vilipendiada y olvidada cuando todavía era relativamente joven.
Pero mientras llega el momento del inevitable ocaso, Antonia vive durante 1920 un resurgimiento y, visto en perspectiva, la época más exitosa de su carrera. Triunfa sin discusión en el escenario del teatro Romea, descubriendo el público su faceta más trágica gracias a cuplés como "La copla maldita", que interpretaba con desgarro conmovedor y que, entre otras desdichas, contaba ésta:

Canta la copla de mi ilusión,
por la que tanto dolor sentí...
Canta la misma, para que yo,
llena de gozo, sepa el cariño
que la creó...
"Sólo esta copla te canto
que otra mujer está triste,
otra que me quiere tanto
como un tiempo me quisiste...
y voy a secar su llanto".
El que así cantó
maldito ha de ser:
¡yo le mancho con sangre la copla
que ha manchado mi honor de mujer!

Este cuplé con letra de Gil Asensio y música de Font y Anta, se inscribe por méritos propios en la moda del cuplé dramático y sentimental que en la década de los años veinte acabaría con el reinado del cuplé juguetón y sicalíptico de origen francés. Pocos esperaban de Cachavera tal cambio de registro, siendo como era la princesa -la reina era Chelito- del cuplé picante. Sin embargo "La copla maldita" se convirtió en el gran éxito de su repertorio, la canción que durante un tiempo le dio prestigio y le permitió exhibir ante el público a la gran trágica que llevaba dentro. Aún así, en su presentación en el Romea, también llevaba temas más ligeros como el fox-trot "Una Miss Seria" que afrontaba con éxito una temática cómica, con toque escatológico, pero muy lejos de las obscenidades del pasado.
"De Londón, de Londón/soy venida el mes pasado/
y de Miss me he colocado/en la casa de un barón..."
decía la inglesita de "Una Miss Seria"
La felicidad siempre le duraba poco a Cachavera y al terminar 1920 nos la encontramos de nuevo en la carretera, o más bien en las vías del tren, ya que era éste el medio de transporte que ella y otras artistas utilizaban preferentemente en aquella época sin carreteras decentes. Los viajes en tren, tanto de las primeras figuras como de las compañías, se realizaban en tercera clase cuando las cosas no iban demasiado bien, que era casi siempre. Muchos abarrotados vagones de tercera, de incómodos asientos de madera, conoció la célebre Cachavera que tanta fama de desvergonzada tenía; si lo era, bien poco le lucía, pero aún así logró hacerse con ciertos bienes, casita en la playa incluida o una espectacular capa de armiño valorada en 30.000 pesetas de la época, que fue la comidilla de sus contemporáneos durante años.
Antonia y su famosa capa de armiño, obtenida con
su esfuerzo y lo que se ahorraba viajando en tercera
Si en algo tuvo fortuna nuestra protagonista fue en el trato que la prensa de calidad le dio siempre a su figura. La admiración sin paliativos de Retana era seguida por periodistas y escritores de diverso pelaje, ya que la artista tenía como base una educación por encima de la media del resto de sus colegas y unía a su encanto equívoco una discreción natural.  Gran lectora, tenía unos gustos refinados intelectualmente que chocaban con la procacidad de sus espectáculos. Tan pronto ingenua como perversa, sencilla como sofisticada, trágica como sicaliptica, su vida personal fue siempre un gran misterio porque así se lo propuso desde un principio. De vez en cuando se ve obligada a salir de su silencio y así, la siempre discreta Antonia, se ve obligada a desmentir en 1921 su boda con un empresario (Calaf, del Royal Concert) eventualmente emparejado con la Chelito, a la que se supone traicionada doblemente, por su novio y su amiga. La carta de Cachavera, publicada en el periódico "La Acción", es un ejemplo de sobria redacción y ultrajada dignidad, y contenía perlas de estilo como las siguientes:
"Claro que la noticia de la boda no hay que desmentirla, porque se desmiente sola. Pero tras de esto pueden deducirse amores que no existen. (...) Si mi modo de ser, suficientemente conocido y probado en este terreno, no fuese barrera inexpugnable, hubiese sido suficiente a mi corrección, de haber habido caso, el saberlo comprometido con la linda Chelito.(...) Mis amores tienen el misterio y el silencio de los grandes cultos".
Chelito, en una imagen de sus comienzos,
fue amiga de Cachavera y no rival en amores,
como quisieron ciertos rumores atribuirles
Dejando de lado los temas sentimentales, Antonia sigue trabajando y en el verano de 1921 debuta en el Gran Casino Royalti de Gijón, con el vaudeville "La señora marquesa" y el poema trágico de Fernando López Martín con música del maestro Bertrán, "Agustina de Aragón", escrito expresamente para ella. Su perfecta dicción y su talento para el drama convencen al público, pero no entusiasman. Durante el resto del año actuará en el Madrid Concert de Valencia, el Salón Imperial de Sevilla, el Kursaal de Elche y el Royal Concert de Barcelona, sustituyendo a la Chelito. Aquí se ve obligada a regresar a su repertorio más sicaliptico y de poco le sirve para enaltecerse una de sus muchas iniciativas solidarias, esta vez de tintes patrióticos: publica en un periódico de Barcelona una carta abierta a todas las artistas españolas para que tomen parte en una función benéfica a favor de los soldados que luchan en Melilla, donde al ejército español las cosas no le van tan bien como deberían, al igual que pasa en la vida de Cachavera. En una actuación en el Gran Cinema de Yecla es anunciada como "la reina del cuplé" y fracasa en su intento de no ofrecer el repertorio picante por el que era conocida y esperada. En un periódico de la región se dice de su actuación que "no da pie con bola cuando se la saca de la sicalipsis". Poco ha durado la redención del Romea. Aún así, siempre fue generosa y solidaria, y este mismo año actúa en la fiesta a beneficio de la Casa de Maternidad de Alicante, en el teatro Principal, para recoger fondos para los niños sin madre.
Folleto sobre Antonia y "Su vida, su arte y sus canciones",
con una rara fotografía de la cupletista
En 1928 Álvaro Retana, admirador y amigo, se reune con Antonia en la residencia ("palacete" lo llama) que ésta posee en un lugar de la costa mediterránea que no se especifica. La cupletista, sin maquillar y vestida con un sencillo traje blanco con cinturón de hule rojo, parece tener un aspecto de eterna colegiala que contrasta con sus ojos vivos, inteligentes y algo desconfiados. Su vida es sencilla, sus hijos son su prioridad y  tan sólo le preocupa la mala reputación que le persigue como un estigma y que considera totalmente inmerecida. Lleva mal el paso de los años e intenta demostrar, con ficticios datos sobre su nacimiento y orígenes, que es mucho más joven que otras de sus contemporáneas. La realidad es que anda por los cuarenta y tantos (imposible saberlo con exactitud) y que esa edad es tabú para una cupletista.
En los últimos años conocidos de su carrera,
el paso del tiempo fue tan inclemente con la
exuberante Antonia como lo será con todos
Durante el resto de la década y principios de los años treinta, Cachavera -cada vez más deteriorada físicamente- sobrevive como empresaria formando una compañía de vodevil. Monta, con pocos medios y mucho entusiasmo, aquellos espectáculos que tanta fama le dieran y en los que el elenco se va poblando cada vez más de señoritas de físicos retozones y actores de indudable vis cómica pero escaso talento. Su "centro de operaciones" será siempre Barcelona, donde actuará en la zona del Paralelo en locales cada vez de menor categoría, los que empezaban a ser denominados como cabarets. Aún así sigue sus giras, principalmente por Levante y Aragón. Cuando llegan los años treinta las reglas en el mundo del espectáculo han cambiado para todos: la revista es la reina indiscutible de los escenarios de postín, el cuplé se bate en retirada y el espectáculo vodevilesco se ve íntimamente relacionado con términos como prostitución o juego. Cachavera se instala en el Paralelo, ya definitivamente, y sus actividades no siempre están tan claras como debieran. Antonia convierte la Gran Peña en su feudo y desde allí organiza los espectáculos que su compañía de vodevil estrena con asiduidad, tales como "Cada gol un beso" que se mantuvo en cartel durante tres meses y que nos habla de la enorme popularidad de la que empezaba a gozar el football.
La selección española de fútbol de 1922, junto a miembros de la
Federación, minutos antes de su encuentro contra la selección portuguesa
Otros espectáculos, no tan ingenuos y basados en otro tipo de deportes, gozan del favor del público barcelonés que acude al Paralelo. Los tiempos han cambiado, las coristas se atreven a lucirse en top-less sobre el escenario y las normativas son más laxas y tolerantes. Aún así, sigue habiendo próceres intransigentes y en 1933 el Sr. Selvas, gobernador de moralidad intachable y costumbres cristianas, emprende una campaña moralizadora e impone numerosas multas a establecimientos del Paralelo. A Cachavera le impone una multa de 100 pesetas, poca cosa comparada con aquellas multas prodigiosas, cárcel incluida, de veinte años atrás.
Programa de mano de la actuación de su compañía en el Salón Novedades
de Valencia, con el espectáculo "El Comandante Castigador"
En marzo de 1936, pocos meses antes de la ya conocida tragedia nacional, Antonia está actuando en el Salón Novedades de Valencia con su compañía de vodevil. El espectáculo "NO APTO para señoritas" está basado principalmente en los chistes de humor grueso y los desnudos casi totales de las señoritas coristas... y de la propia Cachavera. Personalmente pongo en duda que la fotografía que aparece en el programa sea de Antonia: ni la cara ni el cuerpo me coinciden ni me cuadran con su probable aspecto en el año 1936. Dejo en manos de mis lectores sugerencias o noticias al respecto. Al igual que dejo en vuestras manos alguna información respecto a los últimos años de su vida, las circunstancias personales y profesionales en las que discurrieron dichos años y la fecha de su muerte. Ninguna de estas informaciones aparecen ni en sus datos biográficos, ni en hemerotecas, ni en ningún otro tipo de reseña sobre su vida después de la Guerra Civil. Cachavera es, sin duda, la más olvidada de las olvidadas.
Y sepultados en el olvido casi totalmente, como el perro del cuadro de Goya, han quedado los momentos estelares de su existencia: su actuación en "Las Bribonas", el escándalo de "La Diosa del Placer", sus procesos judiciales, sus demandas y sus innumerables pleitos, su belleza anticuada y contundente, el amor que sintió por sus hijos, su generosidad, la oscuridad de su vida en los últimos años... todo sepultado y olvidado, como sólo los españoles sepultamos y olvidamos la memoria de nuestros artistas.
Lo siento, pero tengo que decirlo: esto en Francia, no pasa.
El famoso perro medio sepultado de Goya:
el olvido hace estas cosas
EPÍLOGO:

Gracias a la inestimable y experta colaboración de Xavier Quiñones de León puedo ofreceros algún dato más sobre la vida de Antonia de Cachavera.
Antonia se casó en su madurez con Ripoll, dueño del Edén Concert barcelonés. Al parecer este hombre "perdió la cabeza por ella" y descuidó la contabilidad del local, dejándola en manos de un tal Fanals, No tengo claras las consecuencias de este acto, aunque imagino que no fueron del todo buenas.

lunes, 8 de abril de 2013

HOY HA MUERTO SARA MONTIEL

Cantando "El Relicario" en la película "El último cuplé",
Sara llora su pena, inolvidable, imposiblemente hermosa
En este blog, dedicado al cuplé, merece un hueco con mayúsculas la carrera y la personalidad de Sara Montiel. En breve le dedicaré una entrada biográfica, pero hoy toca hacer tan sólo un breve comentario, hecho desde la admiración, el respeto y el cariño.

Doña Sara Montiel, estrella del cine español, cupletista moderna en su vida y su obra, mujer de belleza soberbia e irrepetible, ya no está en este pequeño mundo nuestro. Me gustaría pensar que está en "ese otro" que espero sea mucho mejor que éste, compartiendo escenario y eternos aplausos con las otras: Fornarina, Preciosilla, Amalia Isaura, Raquel Meller, Chelito, Carmen Flores, la Goya, doña Olga Ramos y tantas otras cupletistas de los tiempos gloriosos.
Todas aquellas hermosas, tristes, atrevidas y deliciosas criaturas, hechas para lucir su esplendor bajo la luz de los focos, nos iluminan ahora con su brillo de estrellas.

Doña Sara Montiel ha cantado su último cuplé, como en su día hace casi cien años también lo hiciera la desventurada Fornarina. Donde quiera que estén ya no sufren, son jóvenes y bellas para siempre, y cantan "El polichinela" juntas, tendiendo desde el cielo los tenues hilos de la entrañable marioneta.

lunes, 4 de febrero de 2013

LAS OTRAS: Antonia de Cachavera (III)

Una lozana y exultante Cachavera en pose de
machicha, su número más conocido
y el que más fama le diera
Durante el año 1912 y gran parte de 1913 Antonia sigue trabajando en Barcelona en diferentes locales: el Edén Concert, la Gran Peña, el Gayarre (después Olimpia) y en el Petit Moulin Rouge, principalmente los dos primeros. Todos ellos situados en la zona del Paralelo, estos locales guardan similitudes notables con la propia Cachavera: de mayor o menor categoría (dependiendo de la obrita y el momento económico), siempre alegres, ruidosos, desinhibidos, dados al escándalo... y con múltiples problemas con la autoridad competente.
Las multas, los procesos a la moral y las prohibiciones de sus espectáculos estuvieron siempre presentes en la vida de Antonia. Sólo en el mes de mayo se le imponen tres multas de 500 pesetas y se le notifican dos más pendientes de pagar, de sus buenos días de Valencia. En octubre se niega a pagar la enésima multa, estando ya hasta el moño de tanto abuso administrativo, y se la llevan detenida. Pasa la noche en el calabozo pero ante la tesitura de pasarse quince días arrestada en una cárcel de las de entonces, al día siguiente paga todo lo que debe más recargos, fianzas, etc. En total acumula en poco más de un año veinte sanciones, todas ellas referentes a faltas a la moral. A todo y eso, a pesar del éxito de público, los críticos califican sus espectáculos como pornográficos y la consideran una artista "a la baja".
El Edén Concert y el "ambientazo" que cada noche le rodeaba
(fuente: rutesparallel.cccb.org)
A finales de 1912 la situación llega a un punto totalmente insostenible. En la noche del 3 de diciembre la policía barcelonesa realiza una redada nocturna que deja pequeña a cualquiera que hayamos visto en las clásicas películas americanas de gangsters: siguiendo ordenes del gobernador, y persiguiendo la pornografía y los juegos prohibidos(sic), los agentes acuden preferentemente a los locales donde hay camareras, detienen a sesenta mujeres de vida airada, multan a cinco artistas de café-concerts por inmorales y les pone multas de 25 pesetas, siendo la multa a los dueños de los locales de 100 pesetas, que para eso son los empresarios. La indomable Cachavera, que se resiste y se niega a pagar, es conducida al juzgado junto a la transformista italiana Fregolina.
Tina Parri, conocida como Fregolina, fue una artista
italiana de variedades que cultivaba
el género "a transformación"
La Junta de Espectáculos cierra el Edén Concert, el establecimiento de su clase mas antiguo de Barcelona, por el muy peregrino motivo de carecer de condiciones -como si alguna vez las hubiera tenido- y ya de paso cierran un cinematógrafo del Paseo de Gracia. Y aprovechando la coyuntura, teniendo en cuenta las telarañas que se acumulan en las arcas públicas, conminan a otros veintiocho locales a hacer obras de acondicionamiento, con sus correspondientes licencias. La campaña  moralizadora y de seguridad del  gobernador civil de Barcelona, da sus frutos económicos e higiénicos que durarán... unas semanas. En lo que se refiere al gobernador y a su prurito moralizante, ahí va una anécdota de cómo se las gastaba: la final de la Copa del Rey, que se iba a celebrar en el Estadio de la Industria del Barcelona entre el Barça y el Gimnástica Española, quedó aplazado por coincidir con el Miércoles Santo. Con las cosas de la moral y la religión no había bula, ni tan siquiera para el football. Por cierto, ganó el Barça 2-0.
La descocada Antonia, con sugerentes transparencias,
parece esperar, resignada, el momento
de su enésima detención
En octubre de 1913 Antonia es condenada por la Audiencia de Barcelona a dos meses de arresto "por escándalo público y desobediencia", aunque no ingresa en prisión al serle aplicados los beneficios de la ley de condena condicional. Ha llegado hasta el límite, debido a la despiadada e implacable persecución del gobierno civil hacia su género (el ínfimo y el femenino) pero también a la actitud de los críticos, que llegan a juzgarla como la causante de "exaltar a los morenos, que salen derechos a los alrededores donde hay instalado un barrio de clandestinas a precios módicos" . Harta y en bancarrota parte hacia Madrid, contratada por un local de segunda categoría, el Salón Madrid. Allí estrena obritas que ya en su momento representara en Barcelona, como "Dulce tango", "Noche pistonuda", "Señoras solas" y "La reina del molinete".
Y en el diminuto escenario del Salón Madrid estrena una obra en verso, "La bella Tenorio", que inopinadamente se convierte en un éxito de crítica y público. La noche del estreno se la escuchó en silencio (cosa rara) y tuvo un largo recorrido en la trayectoria artística de Cachavera.
La  Cachavera, aquí en deshabillé,  fue el terror
de los juzgados y de los gobernadores
civiles más escrupulosos
Pero poco duraban los apropósitos del género ínfimo en cartelera, y ya en noviembre nos la encontramos en el teatro Nuevo con los siguientes estrenos, o reposiciones: "Deshabillé", "También Pepita lo prueba", "Pelotas de fraile", "En la corte del sultán", "El bar del placer" y "El dulce meneo", junto a Chelito (que es la empresaria), Ninón y las jovencísimas Hermanas Rosas. Se repone "La cachunda", uno de los títulos emblemáticos de Cachavera, y todo parece ir bien hasta que recibe una nueva citación en Barcelona, acusada de nuevo por escándalo público y desobediencia. Es acompañada a la Audiencia por numerosas compañeras del espectáculo, recreando por unos momentos el célebre proceso de "La diosa del placer". Antonia es absuelta de desobediencia, hallada culpable de inmoralidad y no ingresa en prisión porque en estos casos nunca llegaba la sangre al río ni la indecente a la trena. Los juicios eran más ejemplarizantes que otras cosa y las multas servían más para recaudar que como advertencia.
Antonia regresa a Barcelona, durante las navidades de 1913, y actúa de nuevo en el Edén Concert. Regresa al Nuevo de Madrid y 1914 se convierte en uno de sus años más activos y viajeros. Aparte de idas y vueltas continuas a Madrid y Barcelona, actúa en múltiples escenarios de toda España. Tiene un éxito discreto pero muy ventajoso, económicamente hablando, en el Salón de Columnas de Bilbao. En Murcia y Valladolid tendrá sus respectivos escándalos, que bien merecen ser reseñados.
Antonia con alegre y primaveral conjunto,
y un sombrero de rosas en cascada,
ante una silla incómoda como pocas
En Valladolid estrena, la noche del 28 de mayo de 1914, uno de sus espectáculos sicalípticos en el Teatro de la Comedia. Es anunciada como "la reina del molinete" y los pucelanos aguardan su actuación expectantes. Comienza la función y, al cabo de unos minutos, aparecen los agentes de la autoridad que proceden a desalojar y clausurar el local por orden del gobernador. Del escándalo consiguiente contaron las crónicas que no se había conocido otro en Valladolid, ejemplar ciudad castellana de gentes recias, cristianas y poco propensas a soliviantarse que, mira tú por donde, se soliviantaron aquel día todo lo que no habían hecho durante siglos. Antonia y otras artistas del elenco, desvestidas ya para la función, salieron a la calle indignadas y muy ligeritas de ropa, rumbo a la comisaria. Detrás de ellas, en alegre cofradía, el público asistente a la función, más vestidos pero no menos exaltados. La procesión, como no se recuerda otra en ciudad con tan bellas procesiones para Semana Santa, fue recordada durante mucho tiempo y de ella se hicieron eco los medios como el "penúltimo" escándalo de la Cachavera. Pero no, el penúltimo estaba por llegar, y fue acaso el más sonado y desagradable de todos cuantos tuvo que sufrir nuestro "diablo con faldas".
Murcia en una foto antigua tomada desde la catedral
(fuente: descubriendomurcia.com)
Antonia fue contratada en enero de 1916 para dar tres representaciones en el Teatro Ortiz de Murcia. Como su fama la precedía, el gobernador civil quiso curarse en salud y citó a la cupletista en su despacho antes de que comenzara su contrato. Siendo este gobernador, cosa rara, de ideas más bien abiertas y tolerantes hacia el género ínfimo, negoció con Cachavera asegurándole que no habría prohibiciones ni multas pero que, en contrapartida, ésta tendría que bajar el listón de la picardía en su actuación. Los periódicos clericales, no contentos con esto, iniciaron una campaña contra el gobernador y la artista. Un grupo de Acción Católica fue expulsado del propio despacho del gobernador, harto ya de presiones e insultos. Como es de suponer, no quedó ahí la cosa y decidieron montarla el día del estreno. Salió Cachavera a escena y, nada más empezar, "comenzaron los asnos piadosos a rebuznar" (tal y como aparece en un periódico de la época), intervino la policía y expulsó al grupo, formado por unos treinta individuos, en medio de los silbidos y los aplausos al gobernador por parte del público del teatro. La función pudo terminar, pero esta historia le dejó a Antonia un regusto amargo ya que la campaña promulgada por los medios clericales había sido de una ferocidad rayana en el ultraje. Para más inri, la artista estaba ya embarazada del que sería su segundo hijo. El niño nació en mayo de 1916, apenas cuatro meses después del escándalo de Murcia. Tras un parto difícil y problemas que no se especificaron, el bebé vivió apenas unas horas. Antonia quedó desolada y muy afectada tanto moral como físicamente. Visto en perspectiva, aquella airada reacción de los grupos ultracatólicos de Murcia bien pudiera haber tenido su origen, más que en la actuación de Cachavera (al parecer, muy contenida en esta ocasión) en su ya más que evidente embarazo, sin estar casada "como Dios manda" y algunos intolerantes exigen.
Estas enfermeras inglesas en la Primera Guerra Mundial guardan
una curiosa relación con la biografía de Cachavera
Una vez recuperada, Antonia sigue trabajando incansablemente (tiene otro hijo que mantener) y en julio de 1916 ya está actuando en el Monte Carlo de Barcelona con un espectáculo "como para que no dejen entrar a los solteros". A continuación es contratada por el Trianon Palace de Valencia, por el Teatro Circo de Reus y de allí a Tortosa, donde estrena "Justino el jardinero", una de sus obras más picantes. A pesar de tanto contrato, en una entrevista que se le hizo en el mes de octubre declaró que su único deseo en esos momentos era salir de España y presentarse voluntaria como enfermera, para así atender a los numerosos heridos que la Gran Guerra estaba causando en el resto de Europa. Detrás de esta curiosa declaración se esconde una historia más sórdida y aún más triste: otro escándalo y su consiguiente juicio, esta vez en La Unión y sin policías de por medio. El caso es muy delicado, "sensible" decían por entonces, y convierte a Cachavera en una de las primeras víctimas de acoso laboral que han defendido su inocencia en el banquillo. Al parecer, el alcalde de La Unión, solidariamente apoyado por su entusiasta secretario, pretendió de la artista una actuación personal en su despacho, de las que hoy diríamos que llegan hasta el final. Antonia se negó contundentemente, menuda era ella para estas cosas, y fue denunciada por escándalo e inmoralidad en represalia por su negativa. Cuando llegó el momento del juicio Antonia se defendió de la manera en que ella hacía las cosas: con dignidad y firmeza. El secretario ni se dignó a aparecer por el juzgado y el alcalde, en un tardío gesto de caballerosidad, reconoció que había existido un "malentendido" y que la artista no era culpable de lo que se le acusaba. Fue absuelta, pero este proceso da mucho que pensar sobre todo lo que esta mujer, y otras como ella, tuvieron que soportar en manos del cacique de turno. Por supuesto, no acabó de enfermera voluntaria en la guerra. Ya bastante tenía con su guerra diaria...
Antonia en 1916, siguiendo los dictados de la moda:
traje suelto de talle bajo, tocado de plumas
y peinado sin voluminosos postizos
Durante los años 1918-1919 pocas noticias se tienen de Cachavera. No hay reseñas sobre actuaciones suyas, si acaso alguna evocación de su figura por parte de admiradores que no la olvidan. En estos dos años tuvo otro hijo, una niña, y vivió una vida retirada de los focos, dedicada a su familia, a sus amigos (Álvaro Retana es uno de ellos) y a una de sus principales aficiones, la lectura. Es todavía joven pero ha vivido con demasiada intensidad, especialmente en los últimos años. Ha pasado por situaciones altamente estresantes que ha tenido que superar casi sin otra ayuda que no fuera la de su voluntad. El acoso, cuando no derribo y captura, por parte de estamentos públicos y religiosos, la pérdida de su hijo recién nacido, su errática vida sentimental,... todo ello le pasa factura y decide huir "del mundanal ruido" durante estos dos años. Se siente desorientada y teme haber perdido la ilusión primera, aquella que le llevó a huir de la casa de sus padres para buscarse la vida en los escenarios. Volverá en 1920, renovada y con ganas de presentarle batalla, la enésima, a todo gobernador civil, obispo o rijoso alcalde que se le ponga por delante.
La sonrisa de Cachavera en 1920, fotografiada
por Calvache y anunciando su exitosa
reaparición en el Romea
Durante el tiempo de su voluntario exilio Antonia ha estado reflexionando sobre cómo sería su vuelta a los escenarios. Bien aconsejada y aprendiendo de errores pasados, decide darle un vuelco a su carrera y adquirir un repertorio más culto y apto para todos los públicos, cambiar su imagen sicalíptica por otra más elegante y huir, o al menos intentarlo, de polémicas y conflictos con las fuerzas vivas. Lo primero que hace es ponerse en contacto con los autores dramáticos más prestigiosos de la época: Jacinto Benavente recibe una carta suya en la que le pide una canción, un monólogo, algo, cualquier cosa que de su pluma venga. La carta es extraordinaria, bien escrita y pintorescamente razonada. Benavente pide conocer en persona a Cachavera y se presenta en su habitación del Hotel Sevilla de Madrid. Resultado: le escribe un monólogo y unas cuantas piececitas cortas, que pone a disposición de la bella Antonia. Y no sólo es Benavente el que se adhiere al debut de Cachavera, también consigue ésta colaboraciones de los hermanos Álvarez Quintero, de Muñoz Seca, Martínez Sierra o García Álvarez, entre otros. Por supuesto, las colaboraciones se pagan, pero no deja de resultar chocante que tan ilustres autores, considerados como "serios", escribieran para la que Retana calificaba como una "flor pasional abierta al deseo de las multitudes".
Los prolíficos y enormemente populares hermanos
Álvarez Quintero escribieron una pieza
para la reaparición de Cachavera
Lo primero de todo, incluso en 1920, es la publicidad. Durante semanas aparecen en la prensa reseñas sobre la reaparición de Cachavera en las que se incide sobre todo en su nuevo repertorio -escrito por tan prestigiosos autores-, serio o cómico pero siempre culto y limpio de frases de dudoso gusto, y no menor es la incidencia en que "se presentará completamente transformada en lo que a modalidad artística se refiere". La elección de la sala ya indica algo sobre el giro que Antonia quiere dar a su carrera, ya que el Romea sigue siendo el mismo ruidoso teatrito de siempre, pero no es el Salón Madrid precisamente. Acaba de despedirse Carmen Flores, con su estilo desenfadado, ingenuo y algo kamikaze, con un estruendoso éxito. Los empresarios apuestan por la otrora escandalosa Cachavera, y su apuesta resulta ser un éxito.
El cambio en el vestuario, más elegante y sofisticado,
fue otra de las características de
la "rentrée" de Cachavera 
En cuanto salió a escena, consiguió destruir y borrar su pasado. Emocionada, nerviosa como la primera vez, consigue sobreponerse a fuerza de talento y verdad. El repertorio escogido con tanto mimo triunfa.También su nueva imagen. Comienza para Antonia de Cachavera, la "princesa de las tentaciones", una nueva etapa en su vida, completamente diferente de la anterior... ¿o no?
Lo averiguaréis en la próxima y última entrada sobre su vida y obras.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Intermedio: UNA NAVIDAD DEL CUPLÉ

Este blog ha cumplido dos años en octubre y, hasta ahora, no se me había ocurrido dedicarle una entrada a las navidades de los tiempos del cuplé. Le agradezco la idea, deliciosamente desarrollada en su blog, a mi amiga de "enAteneo" (http://enateneo.blogspot.com.es/). A ella está especialmente dedicada esta entrada. Y a todos vosotros, mis lectores.
La Sultana, enésima cupletista de moda, era portada de la edición del 25 de diciembre de 1912 en la prestigiosa revista "Mundo Gráfico". Parecía desearnos, con su rotunda presencia física, esplendorosas y contundentes comilonas navideñas, señal inequívoca de prosperidad por aquellos años.

Aquellas Navidades de 1912: de cuplés, reinas, pavos y cosas que nunca cambian

Hace exactamente 100 años nuestros antepasados, tanto los ilustres como los ignorados, tanto los nobles como los plebeyos, celebraban la navidad y el año nuevo ateniéndose a tradiciones que aún seguimos nosotros y perdiendo otras que ya nunca volverían, exactamente igual que ahora...
Para celebrar aquellas contundentes comilonas era obligación, en todo hogar burgués o mínimamente acomodado, un banquete a base de pavo. La diferencia con nuestros días era la convivencia previa de la familia con el desdichado animalito, durante unas horas en las que se daban todo tipo de imprevisibles situaciones.
Estos otros animalitos se libraban de ser carne de banquete (al menos, durante  la navidad de 1912) y celebran su suerte con una muy particular y nevada navidad. Esta ingenua postal del caricaturista Louis Wain, era muy del gusto en aquellos años en lo que se refería a felicitaciones navideñas.
Y para quien se queje de la gastronomía navideña del siglo XXI, aquí le dejo una receta de pavo de hace justo un siglo. A ver quién es el guapo o la guapa que con ella se atreve.

Pavo en galantina:
Bien vaciado y limpio un pavo (recordad que había que comprarlo vivo y "ejecutarlo" en casa), chamuscado y separados todos sus despojos, se deshuesa y en crudo, lo que queda.
Se deshilacha (un premio para quien me diga qué técnica es esta del deshilachado) la carne de las pechugas y de las patas o muslos y se ponen en una ensaladera, sazonando con sal, pimienta y una rociada de gotas de aceite.
Se deja que el pavo tome la sazón un par de horas, y entretanto se van picando media libra de ternera (otro premio para el que me dé las equivalencias de los pesos y medidas de entonces), otra media de jamón crudo y un cuarterón de tocino muy fresco, que se sazona, al mezclarlo bien, con todas (sí, sí, todas) especias, mojándolo además con una copa de cognac.
Se amasa luego, para expresarlo mejor esta mezcla, con la carne deshilachada del pavo y se le van incorporando trufas en la cantidad que se quiera (con la crisis del 2012, ni una), cortadas como medias pesetas, y también cuadraditos de lengua a la escarlata y alguno que otro pistacho mondado.
En la cocina antigua, con todo esto o cosa parecida se rellenaba un pavo deshuesado y se concluía la operación asándolo o braseándolo, pero es faena molesta y poco práctica, y conviene terminar el procedimiento según mi receta (estáis avisados).
Ya la masa bastante trabajada, se moldea en forma cilíndrica, en un lienzo fuerte de hilo, que la da diez o doce vueltas(?!), para prensarla y ceñirla bien con bramantillo.
Se coloca la galantina en una cacerola de brasear y sobre brasas, con fuego encima de la cobertera de campana, que ha de cubrir la cacerola, y se cuece durante tres horas en caldo concentrado que la bañe con las grasas y desperdicios de la preparación, dos manos de ternera y todos los despojos y huesos del pavo. Se agregan (si a estas alturas no se te ha prendido fuego la cocina, o la casa entera) zanahorias, cebollas y nabos, sazonando fuerte, y al cabo de las tres horas se saca la galantina de la cacerola, se desata y se rectifica cualquier deformidad, se envuelve nuevamente en el mismo lienzo (otras diez o doce vueltas, pero esta vez con el trapo pringadito perdido), pero ligando con bramantillo nuevo, y se coloca el manjar entre dos tablas, poniendo en la de encima mucho peso para que la carne suelte todo su jugo.
A las doce horas (tiempo necesario para descansar de la receta, ni una hora menos), y en sitio fresco, se saca la galantina de su envuelta y se coloca en una fuente larga y allí, con un pincel, se le van dando manos de manteca de cerdo nada más que derretida, para que al concretarse cada untura formen todas, una capa sobre la superficie de la galantina del espesor que se quiera, pues depende de la cantidad de manteca de cerdo y de la paciencia del operador.

(En fin, que no se diga que en este blog no se dan recetas. Ya me contaréis qué tal os quedó la galantina, espero impaciente vuestros comentarios).

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Entonces, como ahora, los mercadillos navideños eran un buen motivo para distraer a los niños y calmar el ansia consumista de los pequeños... y de los mayores. Este mercado de la plaza de Santa Cruz en Madrid ya no se celebra, igual que los niños ya no visten de marineritos ni las señoras se ponen faldas largas cuando llueve. 
Otro mercadillo navideño, esta vez en Barcelona, con sus señoras encopetadas comprando y los vendedores tocados con gorrilla: en los sombreros se veían claramente las diferencias de clase, situación que se repite en los más pequeños...
...como estas niñas, tan elegantes como formalitas, con sus aparatosos sombreros de lazada de raso.  Eso sí, entonces como ahora, los puestos con figuritas para el belén eran una tentación irresistible y causaban el mayor de los asombros.
Los deportes de invierno, recientemente puestos de moda, servían como reclamo publicitario de este establecimiento madrileño de "delicatessen": jamones, turrones, mazapanes y vinos de crianza, entonces llamados "viejos".
El tamaño siempre ha importado: cuanto mayor era una cesta, mayor la satisfacción del que la recibía y  mayor el prestigio del que la regalaba. Eso sí, el contenido era digno del peor de los ataques de gota.
Y para aquellos que se tenían que contentar con mirar las cestas desde el otro lado del escaparate, siempre quedaba una opción: la caridad. Estos pobres salen del ropero del Palacio Real de Madrid, donde la realeza y la aristocracia lavaban sus ociosas conciencias. Para comer estaban los comedores de beneficencia, casi siempre llevados por órdenes religiosas.
Para los pobres siempre quedaba una esperanza, la ilusión improbable pero enormemente popular de que te tocara la lotería de navidad, el famoso "Gordo" (la gordura era sinónimo de riqueza y salud) que, entonces como ahora, tenía un enorme poder de convocatoria.
Y para celebrar que te ha tocado, al menos, una "perra gorda" en la  pedrea, qué mejor que brindar con sidra "El Gaitero": más barata que el champagne francés, más conocida que el cava catalán (aún no tan extendido su consumo como ahora) y con baja graduación alcohólica, apta para dignas damas y menores de edad.
Y después de cenar, tras el brindis, todos al teatro. En la navidad de 1912 triunfan las operetas, como esta de "Los húsares del Káiser", con las deliciosas Ana Lopetegui, Julia Fons y Amparo Pozuelo. Espectáculo familiar, apto para todos los públicos (como la sidra) igualaba en popularidad al cuplé, entretenimiento de mayor graduación (in)moral.
Entre las cupletistas, muchas de ellas tan deslumbrantes y efímeras estrellas como la del portal de Belén, destaca en  la navidad de 1912 la Bella Montalvito. Como reza el pie de foto triunfa en América y se marcha escopetada a París, para celebrar allí la Nochevieja de 1912, probablemente la mejor de su vida.
Y para damas que desean mejorar su aspecto sin ir maquilladas "como una vulgar cupletista" hay productos milagrosos como la Creme Sirena, en dos tonos: blanco para toda mujer y rosa para las pálidas o morenas(?). Para las de color verde o violeta tirando a rojo, la Creme Sirena, simplemente, no servía.
El estilo que comenzaba a imponerse en la moda, basado en la antigüedad clásica, se basaba en  la palidez, la delicadeza y la languidez de las prendas sueltas. Esta innovadora portada de Nuevo Mundo celebraba una navidad modernista.
Como no podía ser de otra manera, una parte importante de la dicha navideña consistía en el arte de regalar y ser regalado. En los tiempos del cuplé, la zarzuela y la opereta, regalar un piano o una pianola (menos exigente) era una opción elegante, aunque el gramófono estaba empezando a ponerle las cosas difíciles.
A la reina Victoria Eugenia le llegaban los regalos en las navidades por partida doble, ya que celebraba su cumpleaños el 23 de diciembre. Sus joyas fueron famosas, por su gusto y por su gasto, una manera como otra cualquiera que tenía su marido de hacerse perdonar sus innumerables infidelidades.
Y para terminar, os dejo la felicitación del Año Nuevo 1913, de la delicada Mademoiselle Marguerite de Denain, artista francesa de variedades. En su gesto se resume esta entrada y, acaso, todo este blog: la nostalgia, la dulce nostalgia, ya no es lo que era...
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