La Fornarina y otras cupletistas que marcaron una época

La Fornarina y otras cupletistas que marcaron una época: mujeres ayer admiradas, hoy olvidadas

miércoles, 25 de julio de 2012

LAS OTRAS: Preciosilla (y III)

Preciosilla, fotografiada por el prestigioso Calvache en 1924,
con peineta gigante y el inevitable mantón de Manila
La carrera de Preciosilla es, con diferencia, una de las más largas y provechosas de la historia del cuplé. Fue cumpliendo años con prestancia y sabiendo adaptarse al cambio de los gustos del público. Mientras otras de sus compañeras se iban quedando tiradas por el camino, en algún caso literalmente, ella supo caer y levantarse una y otra vez, sabiendo retirarse en el momento justo. De hecho, los años veinte y los treinta fueron sin duda los más provechosos y lucrativos de su carrera, aún teniendo en cuenta la terrible tragedia que significó la Guerra Civil para su vida y la de todos los españoles.
Desde el comienzo fue, comparada con otras, bastante fiel a determinados teatros y la favorita de muchos empresarios, debido a su capacidad de adaptación y a su buen carácter. El Ideal Rosales o el Price de Madrid, así como el Edén Concert de Barcelona, fueron los principales salones en los que actuó en los primeros años veinte. Sus giras por provincias le llevarían a teatros como el Ba-Ta-Clan de Valencia, el Principal de Cartagena o el Casino Royalti de Gijón. De hecho, los casinos se pondrán de moda durante estos años y se convertirán, junto a los teatros de revista y las salas de baile, en los lugares de esparcimiento favoritos de los españoles más o menos pudientes, dejando de lado progresivamente los ya decadentes cafés-cantantes y las pequeñas salas de variedades.
El Casino Royalti de Gijón, publicitando su "lindo teatro",
su "souper dansant" y su "grandioso salón de fiestas"
Precisamente en el Royalti recibe Manolita una de esas críticas negativas a las que, a estas alturas, se ha acostumbrado, esta vez en el diario El Globo. El crítico del rotativo considera una torpeza por parte de la empresa la sustitución (otra constante en la carrera de Preciosilla) de la Bella Emilia , "ya que consideramos a Preciosilla una fracasada, que lo único que hace es cantar la rumba mostrando las impurezas de su cuerpo,(...) llegando el público a tirarle monedas de cobre al escenario". Este tipo de humillaciones era corriente en los escenarios de las variedades y pocas chicas se libraron de ésta y otras parecidas demostraciones de mala educación. Pero ya hemos visto que si por algo se caracterizaba Preciosilla era por su gran capacidad de encaje.
Preciosilla aguantó al público y a la crítica lo que
no está escrito, sin perder nunca la sonrisa 
Y así continúa incombustible actuando en los escenarios de toda España, especialmente en Madrid, asistiendo a la imparable decadencia del género de las variedades y, por ende, del cuplé. La revista musical y sus nuevas figuras, vedettes como Isabelita Ruíz o Tina de Jarque, cantantes de renovado estilo como La Yankee o cupletistas innovadoras como Mercedes Serós, marcan la pauta de los nuevos tiempos. De las antiguas, aparte de Preciosilla permanecen Matilde Aragón, Chelito (cada vez más en su faceta de empresaria) o la excelsa Raquel Meller, que tiene el buen criterio de fijarse en el cine y considerarlo una salida o un digno complemento del escenario.
Raquel Meller en su faceta de actriz, aquí en un fotograma
de la película "Carmen"que protagonizó en 1926
A Preciosilla no le llaman para hacer películas, o acaso no han llegado noticias de tal hecho, o más probablemente, tal actividad no le interesaba demasiado. Le va bien sobre los escenarios, a pesar de las críticas, y sigue siendo contratada en los coliseos más clásicos como el Romea o el Novedades. En 1925 vuelve a actuar con Chelito en la sala Eldorado de Madrid, en obritas que recuerdan a tiempos pretéritos: "Tenorio castigador", "La bajada del espíritu", "El doctor pichón" o "El hueso de la aceituna", títulos del género ínfimo que sigue teniendo su público incondicional. Pero Manolita sabe adaptarse a los nuevos tiempos, a pesar de su renuencia al cine, y se apunta con entusiasmo a otro nuevo invento que causa furor y se está haciendo tan popular como el cinematógrafo: la radio.
En el verano de 1925 actuará en varias emisiones de la recién inaugurada Unión Radio, junto a otros artistas de variedades. Preciosilla cantará algunos de sus mayores éxitos, como el tango "Julián", "Los ojos verdes" (no confundir con la de Quintero, León y Quiroga), el chotis "Yo, tú, no" y el cuplé "La mujer y el diablo".

Alfonso XIII inaugurando Unión Radio el 17 de junio
de 1925 (fuente: cadenaser.com)
En abril de 1926 estrena en Eldorado, junto a Chelito, la obra "El único remedio". Esta revista, en tres cuadros y una apoteosis, es calificada por la crítica como "pícaramente dialogada, de partitura alegre y retozona" y con sus artistas "tan guapas como siempre". Las cosas les van bien, al fin y al cabo es la revista lo que ahora el público más pide y valora. Chelito se convertirá, en dos años, en la empresaria de Eldorado y Preciosilla gana sus buenas perras, que le permiten presumir de tener un gran capital en joyas y bienes inmuebles. Son los "locos años veinte", y no está mal visto vivir bien, disfrutar de la vida y no ocultarlo. Manolita, de hecho, nunca ha sido discreta en su vida ni en sus obras, así que se encuentra en esta época como pez en el agua, sin los tapujos, ambigüedades e hipocresías de períodos anteriores.
Preciosilla se adaptó de maravilla al estilo y maneras
de los años veinte, aunque no siempre la moda le favoreciera
En cuanto a su hermana Mussetta, menos afortunada que ella en el aspecto artístico, da por terminada su carrera sobre las tablas precisamente en estos años, casándose provechosamente y desapareciendo del mapa, al parecer, completamente feliz de poder hacerlo. Tener la fortuna de casarse por amor, tener un matrimonio dichoso y no pasar penalidades económicas, no era algo frecuente entre las chicas del cuplé. Su pasado de frivolidad, no siempre tan feroz como lo pintaban, las perseguía durante toda la vida en un mundo eminentemente machista.
De Mussetta nos quedará la imagen de una cupletista
fina y delicada, siempre a la sombra de su hermana
En septiembre de1926 Preciosilla, que está actuando en el Ideal Room, es definida en un artículo de la revista Muchas Gracias, como "diosa mayor del arte frívolo, adorable criatura ahora en plena apoteosis de belleza". Continúa con calificativos como "Eva moderna", "Venus incitante" o "juguete de perversidad". Ya tiene una edad, sobre todo para una artista de su estilo, pero aún sigue ejerciendo cierta atracción sobre los hombres gracias a la expresividad de sus ojos gachones, su buena dentadura(!) y su pelo a la última moda, cortado a lo garçonne, y sus sempiternos hoyuelos.
Manolita tuvo el acierto de saber adaptarse a los nuevos tiempos:
su corte "a lo garçonne", atrevidísimo por entonces, marcaba la diferencia
Pero en este artículo, tan elogioso que hasta resulta sospechoso, el autor no sólo se complace en un encendido elogio de su físico, sino que además nos da una descripción detallada de su estado financiero: es propietaria de una casa en la calle Colmenares número 7 de Madrid, valorada en 80.000 duros; posee en joyas 150.000 pesetas y una importante cantidad de papel del Estado y piensa adquirir otra finca antes de empezar su tournée por América. El artículo termina con un dato que, no por sabido deja de ser novedoso, sobre todo viéndolo por escrito: "Bienamada bayadera de ilustres personajes que entre sus brazos acaso fraguaron la persecución de la pornografía, (por mor de) sus jugosas pomas, que oscilan con la rumba, sus dos macizos globos imposibles de pellizcar por su dureza, y sus ojos morunos un poco entornados...". Este artículo, que pasa da lo práctico a lo lírico sin apenas transición para acabar convertido en un cuplé dramático, no podía estar escrito por otro que no fuera Alvarito Retana. De hecho, son grandes amigos y el escritor le debe a Preciosilla un obligado agradecimiento al interés que siempre pusiera ella en interpretar sus temas.
Preciosilla, portada del semanario "Muchas Gracias" en 1931,
con el atuendo que lucía para sus célebres rumbas
Son tiempos felices. Alguien cuenta una anécdota, con visos de ser cierta, en la que comparte con Manolita y otros amigos una alegre velada nocturna. La cupletista está actuando en el Ideal Room, que tiene un no menos ideal restaurante, donde poder tomarse alguna que otra delicatessen al terminar la jornada o entre número y número. De fondo suena una orquesta de jazz, el ambiente es elegante pero informal. Manolita pide cangrejos, frescos y rojos como el coral, acompañados con unas cuantas copas de champán. Los cangrejos, ya se sabe, se comen y saborean de una sola manera: con los dedos y chupándolos. Alguien que está sentado a la misma mesa cuenta un chiste sobre un expresidente de la República Francesa y un difunto monarca, por entonces muy vivo. El segundo pregunta al otro qué le hubiera gustado ser de no haber nacido hombre, y el francés responde que león para ser el rey de la selva, pero el rey (que al fin y al cabo, ya lo es) le dice que cangrejo. ¿Y por qué?: para que me chupasen la colita en los reservados elegantes, responde el muy tuno. Manolita casi se atraganta, bebe un poco de champán, se levanta y se va, sin perder la sonrisa. El chiste no le ha gustado nada, ella es cupletista, coqueta y de físico voluptuoso, incluso una vez alguien le llamó "furcia", en fin, ninguna santa. Sin embargo, amigo mío, una señora es siempre una señora, incluso cuando rechupetea cangrejos.
Un apetitoso plato de cangrejos en salsa como éste fue el origen de una
de las anécdotas más jugosas de Preciosilla (fuente: recetasypostres.net)
A finales de los veinte, Preciosilla sigue actuando tanto dentro como fuera de España, haciendo alguna que otra gira por América (Cuba, México, Perú,...) y esporádicas visitas a París, que acaso conllevan más diversión y compras que trabajo propiamente dicho. Ha pasado el ecuador de la treintena y tiene que soportar, esta vez encajándolo muy mal, comentarios sobre su edad que la sitúan en la cincuentena. Hasta tal punto llega su indignación que se apuesta en el Heraldo de Madrid, por intermedio del periodista Alfredo Muñiz, 5.000 pesetas de la época para que alguien demuestre que ella es mayor que otras veteranas como Cachavera, Pastora Imperio, Amalia Molina, Carmen Flores o Adelita Lulú. Deposita las 5.000 pesetas y su fe de bautismo ante un notario y espera resultados. La apuesta se queda en nada, hay demasiado que perder: más valor tiene para una artista de la época la ignorancia de su edad que los 1.000 duros apostados. El periodista se parte de risa y concluye la boutade con una frase lapidaria: "No importa si tiene diez años menos o más que las otras, está todavía muy apetitosa y a las jamonas les pasa como a los jamones, cuanto más curados mejor ."
Preciosilla, a los treinta y tantos, ya estaba etiquetada como "jamona",
calificativo que en la época no era necesariamente negativo
Manolita entra en la década de los años treinta (los del siglo, no los de ella) alternando el chotis y el cuplé con el charlestón y el fox-trot, dispuesta a hacer lo que sea menester para mantenerse en los escenarios. En sus fotos de la época podemos ver a una mujer guapetona, alegre y discretamente provocativa, luciendo espléndidas toilettes y con unos cuantos kilos de más con respecto a sus comienzos, precisamente ahora que se lleva la delgadez casi extrema. Presume cada vez más de madrileña, olvidando aparentemente sus orígenes aragoneses, acaso para desmarcarse de la Meller o para confraternizar con el público de la ciudad donde reside y actúa durante gran parte del año.
Manolita fue adaptando su imagen a las modas, en este caso
con ondas al agua, cejas depiladas y sus inseparables diamantes
Precisamente en Madrid le sucede, a finales de 1934, un desagradable suceso que su amigo Retana (bajo el seudónimo de Carlos Fortuny) se presta a hacer público por medio de la prensa. Como ya hemos visto, Manolita es propietaria del edificio situado en la calle Colmenares de la capital. Habiéndose reservado el principal como vivienda suya, tiene arrendados el resto de los pisos, lo cual le procura unos ingresos bastante considerables. Todo va bien hasta que una de sus inquilinas, por extraños motivos que no se aclaran, se niega a pagarle el alquiler hasta que no le revise el contrato a la baja e incluso amenaza con desfigurarla. Todo es bastante confuso y Manolita lo explica a su manera: la vecina es una mujer de mal carácter, prácticamente una loca peligrosa, que una noche le espera en el rellano de la escalera para atizarle con un zurriago(1), cuando regresa de madrugada del teatro. Aterrorizada, se ve obligada a ponerle una denuncia y es acompañada a su casa por dos guapísimos guardias de asalto, que le sirven de escolta.
La periodista Josefina Carabias, acompañada por dos
guardias de asalto de atléticas proporciones
Estos policías de la Segunda República se caracterizaban por sus físicos privilegiados, ya que se les exigía reunir unas condiciones (estatura, peso, pruebas físicas,...) hasta entonces no conocidas en España. Ni qué decir tiene que Preciosilla hace de la necesidad virtud y se queda encantada con sus acompañantes: algo bueno tenía que tener la amenaza del zurriagazo. Pero el tema es serio y llega a los juzgados. Detrás de la apariencia se esconde algo más turbio y sórdido, sintomático de los tiempos que corren. Lo cierto es que Manolita, como tantas otras cupletistas y prácticamente todos los propietarios de la época que se precien, es (muy) de derechas, mostrando en más de una ocasión sus simpatías por Gil Robles y su partido, la CEDA. Su agresiva vecina es, al parecer, una declarada anarquista, de ideas revolucionarias y métodos expeditivos. Surge entre ellas el desacuerdo ideológico, por otra parte desgraciado signo de los tiempos, y también se habla de ciertos celos o envidias. Al final, todo se queda en nada, de momento, y nada más se dice sobre el tema. Tiempo después, al declararse la guerra, este suceso le traerá a nuestra Preciosilla unas consecuencias extremadamente desagradables.
Cartel propagandístico de Gil Robles en la Puerta del Sol
de Madrid, para la campaña electoral de 1936
Según algunos especialistas, aunque yo no he podido contrastarlo, Manolita es denunciada al comienzo de la guerra por una vecina, acérrima y declarada enemiga suya, que considera a la cupletista afín a los sublevados de Franco (y razón no le falta). No he encontrado datos sobre este hecho, aunque sí está comprobado el que anteriormente os he relatado del año 1934. Puede haber una confusión de fechas y de ahí provenga el equívoco, si bien es cierto que entre 1936 y 1938 no hay datos profesionales sobre Manolita, esto es, desaparece de las carteleras de los periódicos españoles y más concretamente de los madrileños. Puede ser que en estos años estuviera detenida en alguna cárcel a causa de la denuncia, o que hubiese huido o estuviera escondida esperando tiempos más propicios; puede ser simplemente que en los primeros años de la contienda no trabajase por falta de contratos o por falta de actividad en el sector teatral, todo ello debido a muy obvias razones. De cualquier modo a partir de octubre de 1938 y hasta agosto de 1939, Manolita está trabajando en el Teatro Calderón, formando parte del espectáculo "Radio Variedades Calderón 1940" por el que pasarán artistas de las variedades como el cómico Ramper, La Yankee, Juan de Orduña (el que después sería famoso director de cine), Pastora Imperio, los payasos Pompoff y Thedy o una tal Ana-Mary (la Shirley Temple española). Después pasa, durante una corta temporada, al teatro Maravillas, formando parte de un espectáculo eminentemente infantil, con un elenco en el que destacan Balder con sus autómatas, payasos como los ya mencionados Pompoff y Thedy, Zampabollos, Nabuconodosorcito y los Hermanos Aragón, todos ellos miembros de la misma familia.
La familia Aragón a principios de los años treinta: Thedy,
Nabuconodosorcito, Zampabollos, Gaby, Fofo y Miliki
Por lo que se ve Manolita sabe sobrevivir a la guerra y recibe, suponemos que con alegría, la victoria de los nacionales, con los que recupera bienes confiscados, cuentas retenidas y otras prebendas. Ha sabido ahorrar, pertenece al bando de los vencedores y no ha tenido pérdidas sustanciosas durante la guerra, así que puede iniciar su retirada después de estos últimos años, tan intensos y terribles para todos. Los teatros de variedades cierran sus puertas o se reconvierten, el cuplé agoniza bajo el impulso de la copla andaluza y Manolita está cerca, esta vez sí, de cumplir los cincuenta años. Sus apariciones en los escenarios se van espaciando hasta desaparecer totalmente. Sabe hacer mutis con elegancia y extremada discreción. Sus últimos años los dedica a su familia y a obras de caridad, aunque quiero creer que no se privó de alguna que otra velada de champán y cangrejos. No se casa y vive, de forma confortable e incluso opulenta, hasta su muerte el 12 de noviembre de 1952, con tan sólo cincuenta y nueve años. Sin haber hecho testamento, debido a lo inesperado de su muerte, deja una fortuna a sus herederos valorada en más de cinco millones de pesetas. Su hermana Mercedes (otrora Mussetta), agradecida, le hace construir un mausoleo digno de su fama y su generosidad. Ella misma iría a parar a dicho mausoleo tras su muerte el 19 de diciembre de 1963.
Esquela aparecida en la prensa por el fallecimiento de Preciosilla...
... y recordatorio del aniversario de su muerte, un año después
Y hasta aquí ha llegado la historia de Manolita Tejedor, Preciosilla, cupletista frívola, vividora y trabajadora como pocas. A pesar de su larga carrera, su fama y su fortuna, pasó a ser una de las más olvidadas de las bellas del cuplé. Espero, con estas entradas a ella dedicadas, haber recuperado su figura para todos los que seguís este blog, y que hayáis disfrutado su lectura tanto como yo he disfrutado su redacción. 
Poca cosa sin el encanto de su presencia, os dejo otro tema suyo: "Chiqui-Chiqui", del maestro Larruga, en una grabación de 1911.



(1) Zurriago: látigo con el que se castiga o zurra.

sábado, 9 de junio de 2012

LAS OTRAS: Preciosilla (II)

Preciosilla, cuando quería, era la más elegante
y la más delicada de las cupletistas españolas
En agosto de 1913 Preciosilla parte hacia París, en pos de su Quinito, un nuevo vestuario, posibles contratos y veladas inolvidables de champagne y brillantes. En Madrid se queda esperándola su público incondicional y se despide de ella desde la prensa un sujeto que, de momento bajo el anonimato, se convertirá con el tiempo en su incondicional enemigo. Nada más marcharse a París aparece en el semanario taurino The Kon Leche, en sus páginas de crítica teatral, la siguiente reseña sobre la cupletista: " (Preciosilla) va a ir a París, vestida por Paquin, ¿no creen que ni así, ni desnuda, ni vestida por el mismísimo Retana tenga éxito? Sin duda está mejor vestida que desnuda. En estos momentos triunfa Chelito en el Salón Madrid, a la hora de la rumba no le hace falta nadie, le sobra hasta la camisa". Es la primera vez que en la prensa aparece un comentario tan negativo sobre Manolita. Sin duda, Chelito es la "reina de la rumba" y no necesita de nadie sobre el escenario para tener éxito, pero decir que Preciosilla está mejor vestida que desnuda, cuando precisamente su público busca en ella, más que en otras, las insinuaciones y las transparencias, no deja de ser un disparate.

Preciosilla no necesitaba trajes de Paquin para atraer
a sus admiradores a sus espectáculos
Manolita se va, sin que la crítica le haga mella, y regresa de París a mediados de septiembre, elegantemente vestida por Paquin y lujosamente enjoyada por quién sabe y a quién le importa. Terminando la temporada de verano, aún le queda tiempo para actuar con el cómico Luis Esteso en el Magic Park de Madrid, y hacer unos bolos en el circo Campos Eliseos de Gijón, de nuevo junto a Chelito. A continuación regresa a Madrid y comienza la temporada de invierno en el Salón Madrid, donde la nueva empresa ha decidido cambiar la orientación de su programa hasta cierto punto o, mejor dicho, hasta cierta hora.
En el Madrid habrá, a partir de este momento, una sesión a las siete de la tarde, llamada "elegante" y considerada para todos los públicos donde, como ejemplo, actúan rondallas aragonesas o cantantes líricos. Pero en las sesiones nocturnas a las diez, once y doce, las cosas no han cambiado y el programa sigue siendo tan sicalíptico como siempre. Los entremeses como "La prueba" (capaz de sacarle los colores a una estatua de yeso) o "¡Que venga un hombre!" siguen teniendo llenos diarios con su público casi exclusivamente masculino, que extasiado contempla "el baile del deseo" que interpreta Vicenta Vargas.
Preciosilla anunciando el crecepelo "Vincitor", en una época
en la que la publicidad no estaba bien pagada pero otorgaba prestigio
Preciosilla, Chisperita y otras compañeras bailan los sugestivos números de "El dulce tango" (también llamado el tango del meneo), "La dance de Tete" y "El Zarapullo" que, no sabiendo qué significa, podría ser cualquier cosa y siempre mala.
En el Eco Artístico, en un artículo pretendidamente promocional del Salón Madrid y sus espectáculos, se le hace una crítica encubierta: "(...) a última hora se representan piececitas que desdicen del buen gusto de la empresa y de sus ideales artísticos. ¿Se convencerá de que este género de obras estragan al público?". Pero el público, estragado o no, asiste cada noche para ver a Manolita menearse y no a escuchar romanzas de zarzuela.
En noviembre Preciosilla y su hermana Mussetta salen de gira, pero esta vez no serán unos sencillos bolos por provincias, sino un goloso contrato en Cuba. Durante cinco meses actuarán en tierras cubanas, sobre todo en La Habana, en los teatros Albisu, Politeama, Casino y Molino Rojo. Hasta finales de marzo de 1914 no regresarán, y lo harán de forma espectacular.
El teatro Politeama de Cuba (fuente: secretoscuba.cultureforum.net)
Preciosilla vuelve de Cuba convertida en una artista famosa y abracadabrante(sic), que luce brillantes como garbanzos y adopta un aire lánguido más propio del Caribe que de la meseta castellana. A partir de ahora trabajará en escenarios de toda España, casi sin descanso, dejando aparcado su dúo con Chelito, que triunfa en el Chantecler. En el Eco Artístico se recrimina al público ansioso de carnalidad: "¿No está Chelito que enseña los pechos y se queda en cueros? No impacientaros, ahí tenéis a Preciosilla, que aún cuando más chicos que los de Chelo, también tiene y enseña sus limoncitos", escribe José Manzanares Nausa, su acérrimo enemigo. Lo cierto es que Chelito ha decidido adecentar tanto su carrera como su imagen pública y convertirse en empresaria del Chantecler, mientras que Manolita prosigue, irredenta, su cítrica carrera.
Poco le importaban a Preciosilla las malas críticas,
teniendo éxito de público y disfrutando intensamente de la vida
En el verano de 1916, Preciosilla es contratada por el teatro Serrano de Valencia y su acogida en esta ciudad es tan buena que a continuación pasará al Martí, donde actuará hasta mediados de octubre. Con ella debuta una jovencísima Mercedes Serós ("una monada de artista que sigue las huellas de La Goyita"), perteneciente a una generación que trae un aire nuevo a los cuplés, con una expresividad más dramática y mucho menos atrevida. Merceditas, casi una niña y con una apariencia frágil como el cristal, conservará y enfatizará este aire de inocencia en los escenarios durante toda su carrera, en clara contraposición con el estilo carnal, exuberante y jocoso de Preciosilla y compañía.
Mercedes Serós fue una de las más importantes cupletistas
de segunda generación, las más serias y dramáticas
Pero Preciosilla sigue optando por el espectáculo sicalíptico y los cuplés picantes que tantos éxitos le aportan. Debuta en Montecarlo y aprovecha la visita para jugar en el casino, siempre controlando pérdidas y disfrutando de las ganancias. Parece que todo le va bien, si no fuera por las críticas en su contra que aparecen en la prensa día sí y día también. El debut en Montecarlo le sirve a Manzanares para continuar con su campaña de descrédito: "(Preciosilla) se ha despedido del público de Montecarlo, cantó sin voz y sin arte, pero con muchas joyas y mucha desvergüenza, los pechitos a lo neglissee(sic) sobre todo en la rumba. Hizo el ridículo, le  arrojaron una lluvia de flores, pero flores mustias como coronas de difuntos y el público dedicó los crisantemos al arte de Preciosilla que murió para siempre". Peor crítica, imposible ¿o no?
El casino de Montecarlo en la actualidad, muy parecido
a cómo era en la época del cuplé, escenario de esplendor y ruina
Las críticas continúan, elevando incluso el tono: "Preciosilla se ausentó de Barcelona y la atmósfera viciada hasta entonces ha recobrado su habitual clima, hay que ver las porquerías de esa fracasada señora. El éxito no se conquista con brillantes y cigarrillos egipcios. Su actuación en Montecarlo ha sido desastrosa y compasiva. Dice que triunfa y es prorrogada a fuerza de foyer". Con esto del foyer no se podía tener más mala idea, ya que poco más o menos la estaba llamando pendón desorejao. Pero Preciosilla, impasible el ademán, no responde a las provocaciones del crítico y continúa actuando, jugando, alternando y ¡andando!

Nadie le pudo discutir a la bella Manolita elegancia en
las formas y un aguante a prueba de bombas
Las críticas negativas de Manzanares Nausa continúan, en el mismo tono, durante estos años. Que si ha sido mal recibida por tal público de Albacete, que si en el Romea actúa tan sólo como sustituta de Pastora Imperio, que si es una figura de tercera con el único mérito de su físico, que si se habrá creído que sólo por su olímpica belleza va a comprar buenas críticas, que si su arte es mediano y sólo sabe cantar siete cuplés, y así todo. Como única disculpa de Manzanares, hemos de decir que no es el único en arremeter contra  Preciosilla durante estos años, ya que otros críticos de diferentes medios harán ácidas observaciones sobre sus actuaciones: "(Preciosilla) ha sido objeto de mofa por parte del público en su debut en el Trianon, especialmente en la rumba y en el último número de los cuatro que hizo. Ni la claque pudo calmar al público, incorrecto y desbordado. Aunque no tenga el talento ni las condiciones artísticas de otras (Isaura, Raquel, Olimpia,...) se merece el mayor de los respetos". En septiembre de 1917 debuta en el Trianon Palace como figura principal y se encuentra cara a cara con el fracaso absoluto, por primera vez en su vida: no consigue llenar ni una sola noche y son el Trio Mexican, cantantes y bailarines de salón, los auténticos triunfadores durante su contrato. El crítico Rubio Navajas le clava una puñalada al escribir sobre este debut: "En el Trianon Palace la tuvieron que quitar del último lugar y poner al Trio Mexican. Le aconsejan a la monísimima Preciosilla que mejore su pronunciación. Cantando "seguid mi consejo/y veráis qué bien os va", el público se convierte en maestro de instrucción primaria y hasta tres veces se lo corrigen: se dice veréis... Por lo demás, el número es frío y lo canta en traje de sociedad". Por todo se puede pasar en esta vida, pero cantar en traje de sociedad era algo, al parecer, simplemente inaceptable.
El Trío Mexican, artistas prototípicos de varietés, le hicieron
sombra a Preciosilla hasta el punto de eclipsarla
En la primavera de 1918 está actuando en el teatro Alvarez Quintero de Madrid, y califican su actuación como otro de sus "timos matritenses". De allí pasa al parque de la Ciudad Lineal donde actúa junto a unos viejos conocidos de este blog, Oterita y Turrión, con los que se lleva de maravilla y junto a los que compartirá diferentes escenarios durante algún tiempo. El resto de 1918 es demasiado tranquilo y algo improductivo, y como remate de esta mala racha sucede un trágico suceso que marcará un antes y un después en la carrera de Preciosilla: Quinito Valverde muere el 4 de noviembre durante una gira por México, una muerte inesperada, a los 43 años, en un absurdo accidente. Preciosilla ya no volverá a estrenar cuplés de Valverde, ni pasará a su lado inolvidables veladas en París fumando sus cigarrillos turcos, bebiendo champagne "del bueno" y desayunando croissants en algún café, tras una divertida velada en compañía de sus bohemios compañeros del music-hall. No estaban enamorados, ni formaban una pareja artística especialmente brillante pero, a su manera, configuraron la imagen de una época, la más bella de las épocas.
Desde 1916 hasta 1919 Preciosilla vivió una auténtica mala racha,
tanto en el terreno artístico como en el personal
El año 1919 pasa sin pena ni gloria, hasta que a comienzos de septiembre Preciosilla, junto a su madre (su hermana no le acompaña en esta ocasión) emprende viaje hacia Cuba, donde ha sido contratada con bastantes menos reparos que en España. Siempre le ha ido bien por América y es allí, principalmente en México y en Cuba, donde Preciosilla se siente reconocida y donde le es posible ganar las enormes cantidades de dinero que le han convertido en "la cupletista de los brillantes". Como toda cupletista que se precie, invierte su dinero en joyas y ahorra pensando en comprarse un hotelito o un piso en una buena zona de Madrid, que se revalorice con el tiempo. Antes de partir concede una entrevista en la que manifiesta su deseo de que ésta sea su última gira y que, al regreso, se retirará para descansar tranquilamente no sin antes donar parte de sus joyas a la Virgen de la Paloma, como buena madrileña que es... Este madrileñismo impostado sorprende teniendo en cuenta que era aragonesa, aunque es cierto que llegó a Madrid siendo aún una niña y que de Madrid es quien, sencillamente, quiere serlo.
Sorprende la aparente fragilidad del infortunado Valbanera,
destinado como estaba a realizar largas rutas transoceánicas
Pero la mala racha la persigue y el vapor Valbanera en el que viaja hacia Cuba, naufraga de forma misteriosa, dejando tras si una estela de víctimas entre las que figuran, previsiblemente, Preciosilla y su madre. En este barco, considerado posteriormente como "el Titanic español" o "el Titanic de los pobres" viajaban sobre todo emigrantes, muchos de ellos canarios, que buscaban realizar en América el sueño de la prosperidad. Murieron unas 500 personas, entre pasajeros y tripulantes, y no hubo supervivientes. En principio, todo hacía suponer que la historia de Preciosilla acababa de encontrar un final trágico, casi épico, pero lo cierto es que madre e hija han sobrevivido a la tragedia y la razón no es otra que la de no haber zarpado jamás en aquel barco. Si se trató de una maniobra publicitaria (anunciar un ventajoso contrato en América) o de un arrepentimiento de última hora, nunca lo sabremos. Pero el caso es que tan terrible suceso acabó con su mala racha y el 1 de octubre de 1919 Preciosilla se encontraba actuando en el Gran Teatro de Madrid junto a un cartel de primera: Raquel Meller, Edmond de Bries, Lola Montes y Pastora Imperio.
Preciosilla y su madre, aquí durante una cabalgata en Madrid,
fueron tan populares en el ambiente artístico como Chelito y la suya
Y con Pastora Imperio va a tener un encontronazo, convenientemente publicitado y aderezado por la prensa, que volverá a poner a Preciosilla de moda a golpe de amarillismo. Un periodista de El Liberal le hace una entrevista a Pastora y aprovecha la ocasión para preguntarle su opinión sobre Preciosilla, que está triunfando en el Madrileño y ha sido compañera suya en alguna que otra ocasión (recordemos la temporada en el Romea). La Imperio, muy señora ella, le suelta al estupefacto periodista: "Preciosilla... ¿qué furcia será esa", y asegura no conocerla de antes ni haber mantenido contacto alguno con ella. De paso, y como el que no quiere la cosa, aprovecha para acusar a Preciosilla de haberle robado el cuplé "Soy cigarrera", uno de sus últimos éxitos. Más ancha que pancha, la Imperio hace mutis con un implícito "ahí queda eso". Y por supuesto que ahí no queda, faltaría más.
La Imperio en la época en la que conoció a Preciosilla,
siendo ésta todavía una niña con mucho encanto
No tardan en preguntarle a Preciosilla su opinión sobre estas declaraciones y  el castizo improperio que Pastora Imperio le ha dedicado. Manolita demuestra mayor elegancia y temple, recibiendo al periodista en su camerino del teatro Madrileño acompañada por su madre, y contando cómo conoció a la Imperio cuando vivía como pupila en la pensión de su tía Pascuala Tejedor. Ella, Manolita, era tan sólo una niña, mientras que Pastora era ya una mujer de veinticinco años que se embelesó con su belleza y prometió enseñarle a bailar cuando fuera mayor. A esta "furcia" la ha sentado en sus rodillas, la ha invitado a comer en numerosas ocasiones y ha compartido escenario con ella en España y América. Además, esta "furcia" no ha robado nada, pues le compró por veinte duros el cuplé "Soy cigarrera" al maestro Padilla, el autor. Termina la entrevista haciendo una sencilla declaración de principios: "No presumo de divette, soy y seré una artista de corazón, que en mi trabajo, bueno o malo, pongo toda mi voluntad para gustar a los públicos que me miman y me quieren". Estas palabras colocan a Preciosilla en la dimensión exacta que su figura merece, como una trabajadora del cuplé que aspiraba a ganarse la vida haciendo lo que más le gustaba, siendo lo suficientemente inteligente como para saber cuales eran sus limitaciones y que lo que de verdad importaba era el público. No está mal, para una "furcia".
La figura del señor mayor, importante y generoso, relacionado
con la cupletista de turno, fue una de las constantes de la época
Lo cierto es que a Preciosilla le persiguieron siempre esta clase de rumores, algunos de ellos bien fundamentados. Tuvo relaciones, todas ellas esporádicas, con hombres de cierta relevancia: algún que otro diputado entrado en años o incluso algún ministro, militares de alta graduación e industriales de provincias con posibles, un poco de todo, pero casi siempre bien remunerado. Las relaciones "amorosas", y casi siempre provechosas, entre las artistas de las variedades y los próceres de la patria, fueron una constante en los años del cuplé y a nadie sorprendían, por lo corriente. Preciosilla, mujer libre, guapa y bien dispuesta, obtendría claros beneficios de este tipo de relación. Pero la pregunta se hace inevitable: si tan fácil le resultaba enriquecerse con este tipo de actividad ¿por qué trabajó dura e incansablemente sobre los escenarios durante toda su carrera? Seguramente, ni tantos fueron los ricos amantes ni tan generosos como se les podría suponer. Y como es de suponer, no hay pruebas de estas relaciones, pero ya se sabe que la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia.
Manolita comienza la década de los veinte trabajando sin descanso donde tengan a bien contratarla. Su figura comienza a decaer, así como el tipo de cuplé que cultiva, pero en su vida todavía quedan muchas cosas interesantes que contar, y de ellas trataremos en la siguiente y última entrada sobre Preciosilla.

lunes, 28 de mayo de 2012

LAS OTRAS: Preciosilla (I)

Preciosilla en 1910, con 17 espléndidos años, ya prometía
con su sonrisa todo aquello que con el tiempo cumpliría
Si sois habituales de este blog, habréis podido comprobar que en la historia del cuplé hay artistas para todos los gustos, siendo la época más que el estilo lo que a tan dispares mujeres unió bajo el mismo calificativo de cupletistas. De entre todas ellas, altas y bajas, rubias y morenas, canzonetistas o bailarinas, diseuses, esculturas vivientes, tiples o simples coristas, sobresale a mi entender la figura de la cupletista frívola: la incombustible vividora, la irredenta casquivana, aquella que vivió y disfrutó intensamente el tiempo que le tocó vivir. Sus prendas personales solían ser de elevada factura, no así su arte y su talento. Poco importaba a su público, que solía ser incondicional, una voz poco modulada o cierta despreocupación por los ensayos. Era la figura, la viva imagen, la personalidad dentro y fuera del escenario lo que atraía a los espectadores hacia ella, cual polillas cegadas fatalmente por una luz brillante y engañosa.
De entre todas estas cupletistas que yo denomino -con gran cariño- como frívolas, sobresale muy por encima de la media la figura de Preciosilla. Aquí os dejo una pequeña parte de su vida y su obra. Espero que lo disfrutéis.

Preciosilla, cupletista

Manuela Tejedor Clemente nace en Calatayud el siete de junio de 1893, aragonesa como otras estupendas cupletistas y como la más conocida de todas ellas, Raquel Meller.
Si bien la Meller optó por Barcelona, la pequeña Manolita se trasladó junto con su familia a Madrid. En la capital vivía una hermana de su padre, su tía Pascuala Tejedor, que regentaba una pensión para artistas en el número 15 de la calle Jardines. Hacia 1904 se alojaba allí Pastora Imperio junto con su madre, a las que doña Pascuala cobraba alrededor de diez duros al mes por una habitación con dos camas. La Imperio, que ya empezaba a ser reconocida en los ambientes artísticos, reparó en la belleza de la pequeña Manolita y prometió enseñarle a bailar en un futuro cercano. Pero ni la niña ni su madre tenían en mente que se convirtieran en artistas ni ella ni su hermana Mercedes, cinco años mayor. Las niñas eran muy guapas, incluso la madre estaba de muy buen ver y formaban, según Álvaro Retana, una familia en la que hasta el gato podría haber ganado un concurso de belleza. Entonces sucedió algo que lo cambió todo: el padre murió y, como ocurría generalmente por entonces, viuda y huérfanas quedaron en una precaria situación. No había más remedio que poner a trabajar a las niñas.
Manolita, la pequeña, se convirtió en la adolescencia en una muchacha de físico impactante, algo delgada para los gustos de entonces pero con dos perfectas razones que  posteriormente luciría con desparpajo en los escenarios. Tenía cierta gracia para el baile y se "defendía" cantando, dando clases en distintas academias sin todavía decidirse por hacerse profesional de la escena. En todo caso su talento, escaso y sin pulir, no era nada del otro mundo al lado de las decenas, acaso cientos de muchachas que en los teatros de España buscaban la oportunidad de triunfar.
Las dos "razones" de Preciosilla fueron utilizadas por su propietaria
con prodigalidad, tanto en el escenario como en los estudios fotográficos
En un principio no había nada en Manolita que hiciera presagiar una larga carrera, aunque su evidente belleza le abriera las puertas de los primeros locales donde trabajó. En octubre de 1910 debuta, oficialmente, en el Petit Palais de Madrid, donde obtiene un éxito clamoroso. A pesar de su juventud e inexperiencia se presenta "con un acertado repertorio y una lujosa presentación", algo no muy corriente en las artistas de varietés que empiezan. La explicación es sencilla: en realidad Manolita tiene un bagaje de más de un año en la profesión, habiendo ya actuado en Barcelona (en el Edén Concert, con tan sólo quince años), en San Sebastián y en Valencia. En una de estas ciudades el azar interviene, afortunada y determinantemente, en su vida. A una de sus actuaciones asiste el célebre compositor Quinito Valverde, de gran predicamento en el panorama escénico español a pesar de su juventud.
Joaquin "Quinito" Valverde, un nombre muy a tener en cuenta  en la
historia del cuplé, tuvo una larga relación con Preciosilla
Con un enorme talento, tanto para la composición como para el disfrute de la vida, poseía merecida fama de mujeriego. Tenía además buen ojo para las artistas en ciernes, no en vano le había compuesto a Fornarina sus temas más conocidos cuando ésta debutó en París. Al ver a Preciosilla en escena, apenas una niña y con escasa voz, sabe ver en ella posibilidades... de todo tipo. Comienzan una relación, larga e intermitente, que será muy provechosa para ambos. Probablemente estuvo detrás del bautizo de Manolita, cambiando su primer remoquete artístico, "La Minionnette", por el más acertado de "Preciosilla". Nunca hubo un compromiso personal realmente importante entre ellos, aunque su colaboración profesional duró hasta la muerte del compositor, en 1918.
Manolita, ya convertida en Preciosilla, comienza así su carrera bajo la protección de Valverde y con la compañía, complaciente y comprensiva, de su madre. Mirar hacia otro lado o saber "hacer la vista gorda" eran cualidades muy positivas para convertirse en la perfecta madre-acompañante de una cupletista.
Lo cierto es que la niña trabaja, mucho y muy duramente, durante estos primeros años de su carrera. Durante la temporada de 1910 trabaja sobre todo en Madrid, en el Teatro Nuevo y en el Royal Kursaal, junto a otras artistas de las variedades, sin ser primera figura en ninguno de los espectáculos en los que participa. Compañeras suyas de entonces, como la cupletista Angelita Solsona o la inglesa Nelly Nell ("la célebre bailarina descalza"), compartirán con ella escenario.
Miss Nelly Nell, bailarina excéntrica y una auténtica "english rose",
triunfó en los escenarios españoles e internacionales
Durante este año y en los citados escenarios, Preciosilla interpreta sus cuplés de tipo picaresco, baila lo que haga falta (era mejor bailarina que cantante) y actúa en obritas sicalípticas con títulos tan esclarecedores como "El ocaso de las vírgenes", "¡Ese hijo de Pura!", "La noche del rompimiento" o "El caño gordo". Sobran las palabras.
En febrero de 1911 Preciosilla alternará sus actuaciones entre el Royal Kursaal ("lindo teatro de la plaza de San Marcial") y el Salón Madrid. De este salón, que ni tan siquiera consiguió la categoría de teatro, nos han llegado alarmantes noticias de la voz de aquellos que lo disfrutaron, o lo padecieron. Personaje tan bregado como Retana, que no le hacía ascos a casi nada, consideraba el Salón Madrid como un antro inmundo, con unos parroquianos de ínfima categoría y unas condiciones para el arte por debajo de lo deseable. Con todo y esto, durante unos pocos años el Madrid tuvo sus días de gloria y se convirtió en uno de los escenarios de referencia para los espectáculos de variedades. Para hacernos una idea, su cartel del 15 de marzo de 1911 incluía a los siguientes artistas: Frosso el hombre muñeco, la escultural Lilli Nobel-Taylor, el numero de La Sirena con  Mlle. Odette Méridor y la Preciosilla como clou (revelación) de la temporada, con sus cuplés, además de Olms and Nelly, manipuladores, prestidigitadores y "prestimanos". En principio un elenco así no despierta la desconfianza y más bien nos evoca la idea de un espectáculo apto para todos los públicos. Pero nada más lejos de la realidad.

Preciosilla, en pose castiza, parece decirnos: a ver, que alguien me explique
cómo se puede tocar la guitarra con los dedos cuajados de anillos
La noche del 20 de marzo de 1911 (un lunes, que ya son ganas) Preciosilla es denunciada por la autoridad competente "por movimientos obscenos". No se especifica cuales fueron estos movimientos y dentro de qué contexto escénico fueron efectuados, siendo las obras en las que actuaba "El tonto de las monjitas" y "El maestro Garrotín". En descargo de Manolita y del prestigioso local, diremos que seguramente hoy en día consideraríamos su actuación inofensiva, casi inocente. No fue ella la primera ni la única en ser denunciada por indecencias escénicas varias, ni las multas impedían que tanto Preciosilla como las otras volvieran una y otra vez a interpretar sus canciones y sus bailes con los movimientos que éstos y aquellas pedían, no digamos los que demandaba su enardecido público.
En este caso el agente de policía que, al parecer, la seguía y acosaba por su inmoralidad desde hacía algún tiempo, llevó su prurito persecutorio hasta las últimas consecuencias. Y así el día 25 de marzo comparece Preciosilla ante el juez, denunciada por atentado a la moral.  La joven artista se defiende a su manera:"Señor juez no me trate tan duro,/yo le aseguro...- dicen que le cantó entornando los ojos". El juez la absolvió, faltaría más.
Preciosilla no conseguía parecer una cándida e inocente
"florecilla" ni posando con mantilla blanca de blonda
Desde el comienzo de su carrera, el escándalo persiguió a Preciosilla y en más de una ocasión consiguió alcanzarla, sin que ella pusiera barreras por medio ni hubiera por su parte un posterior arrepentimiento. Célebre por sus devaneos con caballeros adinerados, tuvo siempre muy claras sus prioridades: dinerito, brillantes, champagne y fama. Al menos, esa es la imagen que nos ha llegado de ella, pero lo cierto es que fue una trabajadora incansable a la que, literalmente, no se le caían los anillos... de brillantes.
Durante estos primeros años actuó en los teatros españoles del circuito de variedades -sin ser considerada como la figura principal-, especialmente en Madrid: el Trianón Palace,  el Salón Madrid, el Royal Kursaal o el Madrileño, fueron algunos de los escenarios en los que se codeó con cupletistas de la talla de Chelito, bailarinas como Brazalema y Libertad o cómicos como Jenaro el Feo. Es guapa y lo sabe, poseedora de una gran sensualidad en escena y con un desparpajo no exento de clase, algo muy poco corriente. El jefe de la claque del Madrileño llega a declarar ante la prensa: "Esa mujer es capaz de hacerle bajar de su carroza a Neptuno" y confiesa haberle aplaudido con verdaderas ganas, sin verse obligado por contrato.
Neptuno se mantuvo impertérrito ante las cualidades de Preciosilla,
y ahí sigue, subido en su carroza cien años después
A falta de un dios del Olimpo, tiene Preciosilla a Quinito Valverde, dios a su manera del panorama musical cupletero. Y con repertorio suyo, en exclusiva, se presenta el 21 de abril de 1912 en e l madrileño teatro Romea. Todo el mundo elogia sus elegantes trajes y sus valiosas joyas, así como su educada y "simpática" voz. Detrás de todo ello está Quinito, radicado en París y buen conocedor de las últimas modas escénicas. De hecho, es en París donde le han confeccionado a su amante los trajes que tan admirados han resultado en el Romea. El éxito es tal que Preciosilla prorroga con el Romea hasta finales de mayo, siendo, por primera vez en su carrera, la cupletista principal del espectáculo de variedades en el que interviene. Además anuncia el próximo debut de su hermana Mercedes, con el nombre artístico de "Marinella", directa y desafortunadamente sacado de una zarzuela. Lo cierto es que este primer remoquete será reemplazado por otro sacado esta vez de una ópera, "Mussetta", debutando de hecho en el Trianon Palace madrileño, con irregular resultado.
La belleza de Mussetta tenía una cierto aire melancólico,
candoroso y siempre elegante: una cupletista de lo más fino
Sin auténtica vocación para el cuplé, y siempre a la sombra de su hermana, Mussetta tendrá una corta carrera a la que el matrimonio pondrá punto y final. Las hermanas estuvieron siempre muy unidas, aunque sus personalidades fueran dispares: donde Manolita buscaba la relación esporádica y provechosa, Mercedes (más tímida y de belleza discreta) se mantenía en un segundo plano, cosechando una imagen de canzonetista morigerada y elegante. Preciosilla se la hubiera "comido" en escena, y ambas eran conscientes de ello.
Mussetta compartió escenarios con su hermana durante muchos años,
aunque su fama fue menor y su carrera mucho más corta

En el Romea comparte Preciosilla escenario con una indiscutible primera figura, Pastora Imperio, aquella que unos años antes alabara su belleza y le augurará un futuro prometedor. Pero las cosas han cambiado: Preciosilla no es ya la pequeña e inofensiva Manolita, la sobrina de la patrona, con sus largas coletas y sus vestiditos cortos. Ahora se ha convertido en una mujer de exuberante físico y un comportamiento ante los hombres que dejan a la sevillana, más cabal y experimentada, estupefacta. Sabe ver en ella una rival y se mantiene alejada, guardando una prudente distancia y reservándose, de momento, su opinión. Más tarde esta opinión será revelada, de forma bastante agria, mediante una mentira muy poco elegante. Pero a esa historia aún no le ha tocado el turno de ser contada.
La gran Pastora Imperio, generosa y benévola con otras compañeras,
tuvo con Preciosilla una agria polémica ya en la década de los años 20
De momento, Preciosilla triunfa y después del Romea interviene en la inauguración de la sala El Paraíso, en Alcalá 149, local al aire libre que se anuncia con el lema: "Ni calor ni humedad ni polvo". Además de Preciosilla actúan Manón, Matilde Aragón, y la troupe Cansino, hay columpios, patines, aviación y películas... Vamos, que al Paraíso no le faltaba detalle. A continuación actúa en Barcelona, en otro teatro de verano, El Bosque, donde se marca un schottis "bombillesco" que entusiasma a los caballeros de Barcelona. Y de Barcelona... da el gran salto y se sitúa, nada más y nada menos que en París, agarrada a la amorosa mano de Quinito Valverde. Pero lo cierto es que Preciosilla ha partido a la aventura, y llega a la capital de Francia un torrido mes de julio de 1912 sin tener un contrato, ni seguridad alguna de conseguirlo. Pero las relaciones e influencias que Quinito tiene en París no tardan en dar sus frutos. El 1 de agosto Preciosilla debuta en el Jardin de Paris, el mítico café-concert que veinte años antes viera sobre sus tablas bailar a la mismísima Jane Avril. No está nada mal para el debut de una artista española desconocida, y Preciosilla sabe aprovechar la oportunidad que se le presenta, dando lo mejor de si misma y convenciendo al público parisino a base de derrochar sensualidad y belleza. Su triunfo es discreto pero... Oh, là là, París siempre será París.
El célebre teatro de variedades "Jardin de Paris", situado en los
Campos Elíseos, tuvo una larga e intensa historia
Regresa a Madrid a finales de agosto para actuar en otro jardín, en este caso el del Retiro. Se trata de en un festival a favor de las víctimas de la galerna del Cantábrico, una tormenta que había dejado recientemente numerosos muertos y heridos, además de cuantiosos daños materiales, en la localidad de Bermeo. Preciosilla ha regresado exultante de París, pero no por ello se endiosa y selecciona, como sería de esperar, sus apariciones. Junto con otras compañeras del espectáculo vende tarjetas postales en un puesto del Retiro a todo aquel que quiera comprarlas. Luce un soberbio mantón de Manila y sonríe, encantadora y solidaria, tanto a los generosos como a los agarraos. Así es ella, sencilla y campechana.Y tan sencilla es, que regresa, después de su debut parisino, a los escenarios del Salón Madrid. A continuación actúa en Portugal, en el Casino Peninsular de Figueira da Foz, donde obtiene un sonado éxito. Después, vuelta a Madrid, primero al Romea y a continuación al Petit Palais (siempre le fue muy fiel a determinados salones y teatros). Y al finales de año vuelve al  Madrid donde se reencontrará con una antigua conocida, la ínclita Chelito, que se ha convertido en empresaria del desastrado salón de la calle Cedaceros.
La Chelito, cupletista  y empresaria, tuvo un importante papel
en la vida artística de su amiga Preciosilla
 Las dos formarán una pareja artística que dará mucho que hablar durante años. Si por separado eran las reinas de la sugerencia y la picardía, unidas se convertirán en la pareja imbatible del espectáculo sicalíptico, con sus sensuales rumbas y machichas. Durante años formaron pareja artística de forma ocasional, simultaneándolo con sus respectivas carreras por separado. Debido al enorme éxito que tuvieron desde su debut y a cierta compenetración de tipo personal, los egos de ambas cupletistas se unieron -y disolvieron- en aras de la fama y la fortuna. Su número consistía en una rumba o una machicha, en sugerente deshabillé, y se incluía en obritas con títulos como "¿Qué será?", "Hay que buscárselas" o el entremés sicalíptico "La prueba". Llegan incluso a desafiarse en escena, por ver quien se contoneaba más o se cubría menos: la falta de corsé y otras prendas interiores se evidenciaba bajo los livianos conjuntos caribeños, de cuyas faldas se desprendían frecuentemente. Estos desafíos llegaron a consistir en combates de florete(!), arbitrados por la "monísima" Mussetta. Los espectadores rugían entusiasmados y la autoridad competente les imponía multas (a cupletistas y empresa) con tanto celo como escaso resultado disuasorio.
Chelito y Preciosilla bailando su célebre rumba: lástima que
una fotografía no pueda captar el movimiento...
Como ejemplo: el 7 de abril de 1917 debutan en el teatro Princesa de Valencia y, nada más comenzar su número, irrumpe la autoridad competente y les impone a las rumberas una multa de 500 pesetas "ante las excesivas procacidades exhibidas sobre el escenario". Pero ellas, más frescas que un par de lechugas, continúan con el espectáculo sin mostrar arrepentimiento ni propósito de enmienda alguno. Cómo sería la cosa que el teatro es finalmente clausurado el 22 de abril y no vuelve a ser abierto hasta el 11 de octubre, para la temporada de invierno, más atemperada y menos propicia a los destapes.
Chelito, preparada para la rumba, presumiendo de palmito
y luciendo picarona sonrisa, fue la reina del "deshabillé"
A pesar de su éxito Preciosilla continuó con su carrera sin Chelito, compartiendo escenario con múltiples compañeros del varietés. Como otras compañeras se deja llevar por la tentación de las modernas grabaciones (invento diabólico y atrayente) y graba algunos discos para Gramophone, con temas como "La chumbera", "El chiqui-chiqui" y el cake-walk "La danza del oso".
Preciosilla canta "La danza del oso", versión española
del tema "Alexander's ragtime band" de Irving Berlin

Preciosilla se ha puesto de moda y no para de trabajar. Hace sus giras por toda España, actuando especialmente en Barcelona, en teatros como el Gayarre donde debuta el sábado de Gloria de 1913. Regresa a Madrid y participa en las Soirées Fémina en Parisiana. Y no duda en colaborar en la gala a beneficio de la Asociación de la Prensa, celebrada esta vez en los Jardines del Retiro la noche del 22 de junio. Junto a ella actúan otras primeras figuras del cuplé como Adelita Lulú, Totó, Teresita Zazá, Chelito y Argentinita. Ni la banda municipal de Madrid -dirigida por el prestigioso maestro Villa- recibe tantos aplausos como las lozanas cupletistas, especialmente Preciosilla, que aprovecha la ocasión para presentar nuevo repertorio y elegantes toilettes. Os dejo una imagen de aquella noche, perdonad su mala calidad, pero merecía la pena recoger tan valioso testimonio.

Fotografía de Alfonso publicada en el Heraldo de Madrid, que nos muestra a tres
figuras del cuplé en todo su esplendor: Preciosilla, Chelito y Totó

Después de esta actuación, Preciosilla se despide de su contrato en el Kursaal de Ciudad Lineal y se va de veraneo a San Sebastián y Biarritz, destinos elegantes y de moda que le ofrecen a Manolita atractivos adicionales: algún que otro sustancioso contrato en salones locales y algún que otro devaneo con el caballero adinerado de turno. Y tras el breve y productivo verano, llega el momento de regresar a París junto a Quinito. Sin contratos a la vista pero con el bolsillo bien provisto, Manolita aprovecha la ocasión para adquirir un vestuario a la última, confeccionado por el celebérrimo Paquin. A su regreso a España se encontrará con una desagradable sorpresa: nada más y nada menos que un Enemigo, con mayúscula, un periodista dedicado a la crítica de espectáculos en la prensa especializada. Alguien dijo que la categoría de un gran hombre se mide por la categoría de sus enemigos: en el caso de una cupletista sin duda su categoría también se podía medir por la de su crítico más enconado. Manolita se encontró con la horma de su zapato, y he de decir que se lo pasó... divinamente.
Pero todo esto corresponde a la segunda parte de la entrada a ella dedicada.

domingo, 18 de marzo de 2012

Intermedio: La imagen de la cupletista III (2ª parte)

Pyl y Myl, imagen perfecta del atuendo escénico en España
durante los años veinte y treinta, en su vertiente más moderna

En la primera parte de este Intermedio os he hablado sobre la imagen más folclórica del atuendo de las cupletistas y bailarinas españolas durante los años veinte y treinta. La otra vertiente, la más moderna y efímera, se vio influenciada fuertemente por el cine de Hollywood, las revistas musicales francesas y, sobre todo, por los nuevos ritmos de baile: el charlestón, el jazz y el tango. Este atuendo perduró en la revista musical durante décadas, y le dedico un capítulo que, siempre desde el cariño, he titulado

El reinado de la pluma

Hemos visto que en estos años, ya perdida la sicalípsis (para siempre jamás) y encontrado el filón del sentimentalismo, el cuplé se ha visto dignificado no solo en su contenido sino en su forma gracias a artistas como La Goya o Raquel Meller. La primera impuso el cuplé a transformación, cambiando su vestuario para cada número. La segunda adoptó está moda y la perfeccionó, convirtiendo cada canción en un número individual, una pequeña representación de apenas unos minutos que no necesitaba ni tan siquiera una escenografía ad hoc para funcionar. El vestuario de las cupletistas "serias" se caracterizó en esta época por... la falta de características, precisamente.
María Conesa, con sombrero mejicano, también adoptaba
diferentes vestuarios para cada uno de sus temas

Ni ellas ni otras de su generación serían ya capaces de lucir las provocativas deshabillés que en su momento desvistieron sabiamente a artistas como Chelito, Preciosilla, la Cachavera y muchas otras (incluida la Meller de su primera época). Y sin embargo, siempre ha necesitado la escena de guapas señoritas que lucieran sus encantos como reclamo para los espectáculos más frívolos.
Gloria Guzmán, la increíble "Mae West española",
y sus atrevidísimas transparencias

Si una cancionista de primera fila, con su respetable y aburguesado público, no se atrevía a mostrar chicha y además se podía permitir el no hacerlo, allí estaban, haciendo cola a la puerta del teatro, cientos y cientos de espléndidas muchachas dispuestas a enseñar lo que hiciera falta. Estas chicas, guapas, vistosas y mucho más esbeltas que sus antecesoras de veinte o treinta años atrás, tuvieron su oportunidad para conseguir la fama empezando como coristas en los cuerpos de baile. Su atuendo, como es de imaginar, era lo más escueto posible. A medida que ascendían puestos, aumentaba la riqueza de los tejidos y sobre todo se le añadían plumas y más plumas, y cada vez más plumas. Pero seguían enseñando todo lo que fuera posible, y cada vez más hasta llegar durante la Primera República al desnudo en escena, que por su importancia se merece entrada aparte. Sin llegar a este extremo del desnudo, incluso las cupletistas más veteranas, como Carmen Flores, se vieron obligadas a lucir piernas, escotes y, sobre todo, plumas y más plumas.
Carmen Flores, cupletista veterana, también se apuntó
a la moda de la pluma, superando a todas las demás...

... con excepción de Edmond de Bries, su principal
y peligroso adversario en el reinado de la pluma

Los entrañables espectáculos de variedades van desapareciendo, y sus artistas se ven obligados a reciclarse al circo o a los pequeños escenarios de los pueblos. Pero en la gran escena las variedades no desaparecen sino que se transmutan, con gran esplendor, en la revista musical de gran vistosidad. Empresarios como José Juan Cadenas -otrora esquivo novio de Fornarina- producen espectáculos inspirados en los montajes de París o Nueva York, invirtiendo grandes sumas en vestuario, decorados e iluminación.
En la revista "Noche Loca" de 1928, se bailaba el tango apache
y el argentino. Las coristas con lanzas no tienen desperdicio

Al igual que existió un primer uniforme de cupletista y un segundo uniforme de folclórica, en estos años existirá un nuevo atuendo uniformado para la revista musical que, a grandes rasgos, constaba de los siguientes elementos:
  • Escuetos conjuntos de dos piezas, formados por cuerpo y pantalón corto, o de una sola pieza tipo "mono", inspirados sin remordimiento alguno en los maillots de baño. La libertad de movimientos que permitían y su no menor libertad a la hora de destapar el cuerpo de la mujer, hizo este atuendo el ideal para las vedettes, coristas y para las bailarinas más atrevidas.
El estilo de Clara Bow, la primera "flapper", influyó
poderosamente
en la moda y en los escenarios españoles

La gran Celia Gámez, diva entre las divas, en los inicios
de su carrera, con "maillot" y tocado de plumas
  • Vestiditos cortos, con flecos o volantes, de talle bajo en los años veinte y con línea tubular en los treinta, con tirantes caídos y amplios escotes, en muchas ocasiones en la espalda. Este estilo flapper(1), llegado con el cine desde Hollywood de la mano de estrellas como Joan Crawford o Clara Bow, también fue adoptado en la calle y era el ideal para bailar el charlestón o el tango.
La bellísima Conchita Dorado, bailarina de charlestón
entre otras cosas,
fue una atrevida "flapper" a la española
  • Algunas cupletistas adoptaron en alguno de sus temas, y especialmente para la danza, el atuendo masculino considerado más elegante en aquellos años: frac, pantalones de pinzas, chaleco blanco, camisa y corbata de lazo igualmente blancas, sombrero de copa y zapatos de baile acharolados.
Irene Cuellar, en 1922, preparada para bailar cualquier
cosa: desde un cake-walk hasta un claqué
  • Aparatosos tocados altos, enormemente imaginativos, casi siempre con plumas y, como contrapartida, una moda que duró pocos años pero ha resultado ser inolvidable: el sombrero de copa (el top hat de Fred Astaire) o chistera, sombrero básicamente masculino pero que muchas artistas adoptaron por su enorme cualidad favorecedora.
María Caballé, Tina de Jarque e Isabelita Ruíz, luciendo
"maillots" de lamé y altísimas plumas de marabú

A Reyes Castizo "La Yankee", a pesar de ser sevillana,
no le dio por la peineta sino por el sombrero de copa
  • En cuanto a los tejidos, se impusieron principalmente para la escena: el lamé (tela brillante realizada con hilos metalizados, normalmente dorados o plateados), el satén (con su caída ideal para el baile), las gasas y tules bordados con lentejuelas o pedrería y las telas íntegramente cuajadas de pailletes, en todos los colores posibles. Mención aparte merecen los flecos, siempre en movimiento, el remate más alocado para los vestidos de baile.
Aspecto del número final de la revista musical
"La orgia dorada", el gran éxito de 1928
  • Mención aparte merece una extraña moda escénica: el regreso del miriñaque. Inspirado directamente en el del siglo XVIII, este aparatoso accesorio fue adoptado por vedettes y cupletistas con un entusiasmo digno, sin duda, de mejores causas. Todas, desde la Goya a Tina de Jarque, pasando por Raquel Meller o Conchita Piquer, llevaron este "pegote" interior, sobre el que pendían volantes, lamés abiertos cual cortinones o todo tipo de colgantes. La moda, para más pasmo, duró una década larga.
La Goya y su miriñaque, en su caso de romántico
encaje de "valenciennes" y un diámetro discreto

En cuanto a los accesorios: las medias de seda, las carísimas mallas para la escena (en muchas ocasiones, toda una inversión para la artista); los zapatos "joya", de tafilete o forrados de satén, con tacón medio, el más indicado para el baile; los abanicos de plumas de avestruz; los exóticos turbantes y la última moda en sombreros, los casquetes, adaptados a la forma de la cabeza y cubriendo casi completamente los ojos; y por último, aunque no menos importantes, los larguísimos collares de perlas o cuentas de cristal, una de las imágenes más prototípicas de los años veinte junto con los también largos pendientes.

Teresita Zazá se apuntó a la moda del turbante, el collar de cuentas
y los pendientes largos, en este caso uno y otros de coral

En lo que se refiere al maquillaje y la peluquería, nunca como en esta época se han confundido calle y escenario, alegremente unidos y compenetrados. En esto, como en otras cosas, la enorme influencia del cine marcó la pauta. Por ello, no tengo claro si la mujer de la calle imitaba a la artista o ésta, simplemente, lucía en escena la misma imagen de la calle con muy pocos cambios: bajo la luz de los focos el maquillaje tenía que ser a la fuerza más oscuro y contrastado, pues corría el peligro de difuminarse y "perderse". Los peinados, de los que ya os hablé en la primera parte de esta entrada, seguirán basándose en las ondas al agua, la brillantina a tutiplén y los cortes a lo garçon, que tanto escandalizaron a los ciudadanos más conservadores.

"Cinco alegres chicas del Romea" en 1930
(Perlita Greco,
arriba a la izquierda), maquilladas y peinadas para su época

Resumiendo: el atuendo de la cupletista, en esta última época, se reconvierte en el uniforme de la revista musical, con sus espectaculares y desvestidas vedettes. La cupletista se convierte en cantante y se viste a la moda, lo más elegantemente posible, o se "transforma" para interpretar un tema en concreto, cuando no se pasa directamente al folclore sin hacer parada alguna por la transformación. La bailarina asimismo se hace flamenca o se reconvierte en corista, ansiando cubrir con plumas y más plumas su reducido maillot.

Adelita Adrián, corista de 1928, dándole la espalda
al cuplé con elegante displicencia

En definitiva, el cuplé agoniza, las variedades desaparecen y los tiempos cambian, sin posibilidad de dar marcha atrás. En 1936 da comienzo en España una sangrienta guerra civil. Cuando ésta acabe, el cuplé habrá muerto y con él toda una luminosa manera de entender el espectáculo, y la vida.

(1) La flapper, la chica liberada de los años veinte, se caracterizaba por sus faldas cortas, su pelo corto, su maquillaje exagerado y su afición al baile y la bebida. Comparadas con sus madres, las flappers constituyeron la mayor ruptura en moda y costumbres hasta la fecha, hasta que a su vez fueron superadas por la generación de la minifalda, en los años sesenta.
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