La Fornarina y otras cupletistas que marcaron una época

La Fornarina y otras cupletistas que marcaron una época: mujeres ayer admiradas, hoy olvidadas

lunes, 20 de febrero de 2012

LAS OTRAS: Namouna

La misteriosa dama del velo, ya en su madurez,
antaño fue Namouna "la bailarina camboyana"
La protagonista de esta entrada tiene una historia tan atípica que su clasificación se me hace muy difícil, por no decir imposible. No fue cupletista y acaso ni tan siquiera fuera bailarina, y sin embargo fue una de las otras bellas del cuplé, tanto por su personalidad extravagante e innovadora como por su breve -pero intenso- paso por los escenarios. Su figura, con tintes de trágica leyenda, le hace merecedora de una entrada dedicada a ella en exclusiva. Juzgad vosotros mismos.

Namouna, bailarina

El 5 de enero de 1913 aparece anunciado en prensa, con tratamiento de gran suceso, el debut el día 7, en el Trianón Palace de Madrid, de una desconocida bailarina exótica llamada Namouna. Su estilo resulta inclasificable: por un lado la llaman bailarina india, por otro lado es oriental (cambodge, la forma francesa de Camboya), además tiene toques de las danzarinas de Tebas y Menfis(!), y su estilo recuerda al de las danzas gnossianas de la antigua Grecia, en resumen, el tipo de baile que en España derivó en la chacona, la jácara y el actual garrotín...
En fin, Namouna es de todas partes y de ninguna, y como tal pertenece al muy heterogéneo grupo de las bailarinas exóticas que, en la Belle Époque, pulularon por los escenarios del mundo con mayor o menor suceso.

Tórtola Valencia, famosa y excéntrica bailarina,
tan rara sobre el escenario como fuera de él
Mata Hari, Cléo de Mérode, Tórtola Valencia, Isadora Duncan o la mismísima Carolina Otero cultivaron este género, algunas en exclusiva y con cierto rigor estilístico como la Duncan; otras como "tapadera" para lucir un cuerpo escultural que era en realidad todo su talento, como la Otero o Mata Hari; y otras, como Tórtola, auténticamente exóticas, innovadoras e inclasificables.

Cléo de Mérode, una de las grandes cortesanas de su época,
cultivó entre otros géneros el del baile exótico

Mata Hari, bailarina tan javanesa como holandesa,
ha pasado a la posteridad por sus actividades como espía

En este sentido la misteriosa Namouna no era más que una de tantas, aunque algunos datos de su biografía le hacían algo más interesante que el resto. De hecho, de exótica en España tenía poco, ya que española era y más concretamente sevillana. Su cortísima y, al parecer, exitosa carrera era tan breve como desconocida, ya que había debutado en París en el mes de mayo de 1912 y allí había actuado en diferentes music-halls antes de partir para Niza, donde consiguió rentabilizar el renombre conseguido en la capital francesa. De todo esto en España nada se sabía... que no hubiera dado a conocer la propia interesada.
Para su presentación en Madrid ha decidido traer uno de sus más aclamados números de danza, titulado "Vision d'art". En él va vestida -mejor dicho, desvestida- con opulentas sedas de origen oriental cuyo valor "no baja de los 14.000 francos" y su rostro se oculta bajo una cascada de diamantes y perlas. El resto de valiosas joyas que adornan su atuendo llegan a pesar cerca de los 35 kilos, algo meritorio si tenemos en cuenta que con todo eso encima tenía Namouna que ejecutar su número. Aunque también es cierto que para este tipo de danza, de movimientos lánguidos y sensuales balanceos, semejante peso no era óbice sino acaso todo lo contrario.
Es anunciada en prensa junto a sus compañeras en el Trianón, estrellas de la época como Adelita Lulú, la Troyana y una recién llegada Zazá. Curiosamente aparece en las carteleras como "bailarina exótica" o simplemente como "¿Namouna?", entre unas interrogaciones que tanto pueden significar la incapacidad de la empresa del teatro para clasificar su arte, como su deseo de jugar la carta publicitaria del misterio.
La francesa Solanche de Borlieau en 1909, en su número
de danza con ligeros velos y pesadas joyas

El caso es que llega, inevitablemente, el día del debut en el Trianón. El público es el habitual de este salón y otros parecidos: generalmente masculino, en gran medida joven y en su mayoría desinhibido y con ganas de jolgorio. Salen a escena las cupletistas y nada pasa, que no sea lo de siempre. Sale a escena el número fuerte de la noche, la muy esperada y enigmática Namouna, y pasa... lo que nadie esperaba que pasara. El debut es un fracaso estrepitoso, siendo pitada, abucheada e insultada. Le dicen de todo, menos bonita, en un lenguaje que un crítico calificará como indigno para una dama y tan solo apropiado para los toros. La artista, sobrecogida y temblorosa, hace mutis en medio de un aluvión de improperios. Al día siguiente, presionada por la empresa y esperando un milagro, vuelve al escenario del Trianón. Con más miedo que vergüenza y más valor que Belmonte, la pobre Namouna vuelve a encontrarse con la misma acogida hostil y el milagro, como era previsible, no se produce. La empresa rescinde el contrato y la exótica bailarina se queda plantada en la calle con sus velos de seda y sus 35 kilos de joyas, unos y otras no tan valiosos como se decía. Ahora ya sabemos lo que significaba la interrogación con que fue anunciada: nunca confió la empresa en su éxito y la respuesta a la pregunta no fue otra que el despido.
Pasan unos días y el misterio de Namouna comienza a despejarse, tanto el de su auténtica personalidad como el del motivo de su fracaso. Javier Betegón, el periodista de La Época que le pusiera nombre artístico a La Fornarina, escribe un largo artículo, conmovedor y esclarecedor a partes iguales: Namouna no es otra que Luisa Pedreño, en otros tiempos ya lejanos, dama de la más alta sociedad madrileña.
Aunque la historia de Luisa es larga y merece ser contada en detalle, resumiéndola en grandes rasgos no es más que la triste historia de una "venida a menos", una mujer que todo lo tuvo en su juventud y que ahora busca, erráticamente, la forma de recuperar esplendores pasados.
Veinte años atrás fue una gran belleza, con cierto halo de femme fatal, modales exquisitos, un agudo ingenio y un desparpajo que le hacía sobresalir entre sus contemporáneas. De orígenes algo oscuros, gracias a su prodigiosa belleza se casa con un acaudalado minero murciano al que se referían elocuentemente como "el gran Pedreño", del que Luisa toma su apellido, al estilo francés. A pesar de su pasado algo turbio, posee una esmerada educación, sabe varios idiomas y domina el francés, tiene un gusto extraordinario para la moda y se convierte en la más elegante de los salones aristocráticos de Madrid. También es extravagante y caprichosa: sus joyas son ostentosas, como ostentoso es su faetón, tirado por un tronco de cuatro soberbios potros. Ella misma guía "con delicada mano de hierro" su coche por la Castellana, camino del Hipódromo, a toda velocidad. Su belleza, inquietante y oscura, le hace merecedora del sobrenombre de la "Venus de la Necrópolis". Reconoce no haberse enamorado nunca, ni de su marido ni de ningún otro, porque se considera demasiado inteligente para ser esclava del amor. Y sin embargo su inteligencia no le ha impedido esclavizarse, en su caso al dinero y al derroche.
Las cosas le van mal al gran Pedreño, que se ha metido en un negocio con el padre de Romanones, en unas minas del Rif, que no ha terminado de cuajar. Antes de perder ante la sociedad española el estátus que sólo una gran fortuna podía darles, el matrimonio decide trasladarse a París, todavía con el capital suficiente como para vivir con cierto lujo. Durante un tiempo mantienen un salón y, siempre según Luisa, a su tertulia acuden figuras intelectuales de la época como Huysmans y Octave Mirbeau.

Una de las últimas imágenes de Huysmans, a quien Luisa
Pedreño consideraba como "algo desequilibrado"

A Mirbau lo consideraba como a un hombre distinguido
y "chic", en contraste con la crudeza de su prosa

Pero la desgracia llega, en este caso a todo galope. Su marido se cae del caballo, durante un paseo por el Bois de Boulogne, y se lesiona gravemente la columna vertebral. Durante un tiempo sobrevive, casi totalmente paralizado, abandonando unos negocios que ya no iban demasiado bien. A su muerte la situación económica se muestra en toda su crudeza: Luisa Pedreño está en la ruina. Se ve obligada a buscar una salida y enfrentándose a la verdad, en este caso a la que el espejo nos muestra, comprueba que aún le queda algo de la oscura belleza de antaño, aquella que le dio el sobrenombre de "Venus de la Necrópolis". En París hay multitud de mujeres, más o menos bonitas que ella, que muestran sus encantos en los escenarios de los music-halls con escaso talento pero excelentes resultados en lo económico. Decide hacerse artista, en parte aconsejada por una pariente de su marido, una tía lejana, que con ellos residía. Debuta en París como bailarina exótica bajo el nombre de Namouna (título de un poema de Musset, posteriormente ballet de Lalo), de allí pasa a Niza y, acercándose cada vez más a España, decide volver a su país donde espera impactar con su misterio y su exotismo. Su tía le anima al respecto: en España los hombres son galantes y el público es más correcto y generoso que el francés. Está claro que esta pobre mujer, se supone que de avanzada edad, no ha vuelto a España desde los tiempos de Eugenia de Montijo.

La lánguida Namouna del poema de Alfred de Musset,
perfecta muestra del orientalismo decadente

Lo que ocurrió después, ya lo sabemos. El público español, no tan correcto y generoso como el francés pero tampoco tonto, pudo ver en Namouna el engaño y la falta de vocación -y auténtico talento- de Luisa Pedreño. Los años, además, no perdonan: la Otero fue una excepción, no la regla. La grosería no tiene disculpa pero sin duda el número de Namouna fue un engaño, un bluff imposible de consentir. El caso es que la situación de Luisa se volvió desesperada ya que no le quedó ni tan siquiera lo necesario para poder pagarse el billete de vuelta a París. Ante este triste panorama, Betegón se apiada de ella y consigue de Tirso Escudero, el empresario de la Comedia, disponer de su teatro para organizar una función en beneficio de la fracasada Namouna.

Teresita Zaza, cupletista de cierta fama, en 1913 estaba
todavía en sus comienzos

La encantadora Trigueñita, a la izquierda, y la imponente
Troyana, supieron ser generosas compañeras

En el beneficio se ofrecen a actuar, demostrando así la generosidad que al público le faltó, artistas de la talla de Pastora Imperio, Argentinita y Chelito. Aparte de ellas, el elenco completo, que merece ser mencionado, fue el siguiente: Preciosilla, Adelita Lulú, el cantaor Pepe Medina, Pilar Monterde, el jotero Moreno, las Hermanas Pay-Pay, la Trigueñita, Mussetta, Pilar Linares, el guitarrista Victor Rojas y ¡la propia Namouna!, eso sí, con otro de sus números, dedicado esta vez a la legendaria Lola Montes.
El beneficio resulta ser un éxito. Las entradas se agotan enseguida y entre el público figuran numerosos aristócratas y miembros de la más alta sociedad madrileña: la curiosidad es poderosa y quién sabe si también poderosa, fue en este caso la posibilidad del escarnio, la ocasión irrepetible de ver en lo más bajo a aquella orgullosa criatura que habitó en lo más alto.
Luisa, en el comedor de Caridad, acompañada por el
Caballero Audaz y la princesa Fabiola Massimo de Borbón

No sabemos si Namouna, despojada de sus gasas y convertida ya para siempre en Luisa Pedreño, regresó a París. Si lo hizo, volvió al poco tiempo y en malas condiciones, porque en 1920 nos la encontramos de nuevo, esta vez en el comedor de pobres vergonzantes(sic) del Asilo de María Inmaculada de Madrid. Allí, atendida por hermanitas de la Caridad y servida en la mesa por desprendidas damitas de la aristocracia, Luisa come y sobrevive gracias a la generosidad ajena. Para el número del 15 de mayo de 1920 de la revista La Esfera, acompañado por el fotógrafo Campúa, El Caballero Audaz entrevista a Luisa en el asilo, pero es difícil sacarle las palabras: poco le cuenta sobre su esplendoroso pasado, nada sobre su breve paso por los escenarios y algo sobre su presente, en el que la pasión por la lectura se ha convertido en su único entretenimiento. Aún es coqueta, va vestida a la (pen)última moda, un diminuto velo oculta sus ojos maquillados con difumino y sus manos están perfectamente cuidadas, las mismas manos con las que ha realizado las flores de papel que adornan las mesas del comedor de caridad. No tiene familia, no tiene amigos, ni dinero, ni otra cosa que no sean los recuerdos. "Las palabras son ácidas y sólo el silencio es dulce", le dice al periodista en perfecto francés. Y calla. Y come, con perfectos modales de gran dama, su humilde plato de lentejas.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Intermedio: Fornarina ya tiene su muñeca

La Fornarina vista por María Victoria Jaume Arlandy...


... con su traje idéntico a otro llevado por la Fornarina de carne y hueso...

... el detalle de su sombrilla, sus medias y zapatos negros...

... la sonrisa con hoyuelos, los ojos "dormilones"...

... y una pose totalmente apropiada para su época.

Este Intermedio está dedicado a la obra de María Victoria Jaume Arlandy. Esta artista mallorquina realiza, de forma totalmente artesanal, excelentes muñecas como la de Fornarina que aquí os muestro.
Si entráis en su blog "Las reinas de las muñecas" ( http://reinamarivi.blogspot.com/ ), encontraréis no sólo a Fornarina sino a unas cuantas cupletistas más (como la Oterito), acompañadas de fabulosas reinas, mujeres ilustres de todas las épocas de la historia, deliciosas damas del rococó, campesinas ataviadas con sus trajes regionales,... todas ellas rigurosamente documentadas en sus atavíos.
Os recomiendo su blog y su trabajo, y le agradezco el haberme dedicado su muñeca de La Fornarina con su maravillosa sonrisa y su auténtico traje de cupletista.

sábado, 28 de enero de 2012

LAS OTRAS: La Radium

La Radium, a pesar de su halo luminoso,
no tuvo nada peligrosamente radiactivo

Cuando en 1903 el matrimonio Curie recibe el Premio Nobel de Física "en reconocimiento de los extraordinarios servicios rendidos en sus investigaciones conjuntas sobre los fenómenos de radiación", poco podían imaginarse (y menos aún les hubiera importado) que unos años después su descubrimiento del radio llegaría a darle nombre artístico a una bailarina española. La popularidad del radium, que en un principio se consideró un elemento milagroso, casi como una panacea universal, fue considerado por alguien como un buen apodo para una artista. Sólo los protagonistas de la historia saben el motivo y en la bruma del olvido quedará para siempre.

La electricidad también tuvo su oportunidad
en la escena española:
morder algo siempre ha paliado los efectos de las descargas

Sobre la originalidad de los remoquetes artísticos en las variedades españolas se podría escribir un libro entero. Algunos de ellos no tienen desperdicio y denotan una gran imaginación. Oscilando entre lo convencional y lo arcano, se merecen una entrada aparte y entrada aparte tendrán en breve. De momento, centrémonos en la más radiactiva de las artistas españolas que en el mundo hayan sido.

La Radium, bailarina

La Radium, Emilia Montserrat fuera de los escenarios, era una sevillana guapetona y pizpireta que trabajó como coupletista y bailarina entre los años 1911 y 1923, aproximadamente, en los escenarios españoles. Comenzó actuando con su hermana, formando un dueto llamado, cómo no, Hermanas Radium. Aún actuando en escenarios de tercera división y ante un público poco exigente, su arte no fue ni valorado ni comprendido, y una de las hermanas dejó las tablas a tiempo para rehacer su vida. Emilia, más dotada y ambiciosa, no cejó en el empeño y durante años trabajó incansablemente en teatros de variedades de toda España, buscando su oportunidad de conseguir el éxito.

La Radium en sus comienzos, como cupletista y
bailarina, en pose sugerente y racial

Las críticas son unánimes en cuanto a su juventud y belleza, pero no terminan de ponerse de acuerdo en lo que respecta a sus habilidades como canzonetista. Como bailarina sí convence y se habla de su desenvoltura, gracia y garbo tocando las castañuelas y moviendo los brazos. Al igual que su admirada Pastora Imperio, su salero andaluz está fuera de toda duda a la hora de moverse pero, ay, cuando llega el momento de cantar un cuplé...
A pesar del mohín picaruelo, la Radium no tuvo éxito como
cupletista y tuvo que dedicarse en exclusiva al baile

Hasta 1915, año que se podría considerar como el de su consagración definitiva, es contratada en escenarios tan dispares como el Novedades de Valencia, el Pabellón Extremeño de Badajoz (como canzonetista) o el Parque Recreativo de Santa Cruz de Tenerife. Da el salto al extranjero cuando actúa en Portugal, en el Cine Terrasse de la localidad de Elvás. Obtiene un éxito más que discreto pero su carrera no recibe el esperado empujón internacional.

En 1915 todavía era anunciada como bailarina y "coupletista"

A pesar de sus éxitos internacionales, la Radium no acaba de "cuajar" en la escena española, donde las bailarinas son consideradas como figuras de segunda al lado del empuje imparable de las cupletistas. Se toma un año de descanso (en 1914 aún no se usaba el término "sabático") que emplea en adquirir un nuevo repertorio, más moderno y menos flamenco, y renueva su vestuario en consonancia. Preparada para presentarse renovada ante el público madrileño, en marzo de 1915 debuta en las Soirées Fémina del Teatro de la Zarzuela, famosas por llevar a lo más granado de la escena española del momento en lo que a cupletistas y bailarinas se refiere. Para una figura de segunda, como ella, acceder a estas funciones de la Zarzuela constituye todo un triunfo. Antes ha tenido que preparar todo un nuevo repertorio e invertir sus ganancias en un vestuario más elegante, más cosmopolita y menos folclórico que hasta la fecha. Aunque sigue cantando cuplés, como introducción a los números principales de baile, es como bailarina como será conocida de ahora en adelante. De hecho, durante algunos años Emilia actuará como figura secundaria al lado de la tiple (reconvertida a las variedades) Úrsula López, que será la atracción principal en el cartel.
Úrsula López, tiple única y genial, compartió
escenario con la Radium en múltiples ocasiones

Incansable trabajadora del circuito del varietés, La Radium realizó múltiples giras por toda España durante su larga carrera. De Valencia a Bilbao pasando por Madrid, de Cartagena a Las Islas Canarias pasando por Ceuta y Melilla, fue muy querida especialmente en los escenarios andaluces, actuando en numerosas ocasiones en el Gran Teatro de Córdoba y el Vital Aza de Málaga. Actúa sin descanso ni reparo alguno tanto en teatros de renombre como en algunos que casi se podrían definir como antros inmundos. Circos, salones, cafés-cantante,... todo está bien, todo es necesario y conveniente para ganarse la vida honradamente por los caminos de España. Quien tiene todavía en baja consideración a aquellas chicas de las variedades, que tanto trabajaron y tan poco obtuvieron, poco conoce de las duras condiciones a las que estaban sometidas y de sus fuertes (y ambiciosas) naturalezas.

Emilia Montserrat "La Radium", y su bonita (y olvidada) sonrisa

Nuestra fuerte y ambiciosa Emilia no es la excepción. Su profesionalidad queda fuera de toda duda: constantemente renueva repertorio y vestuario, demostrando así su respeto hacia el público (ciertamente "el respetable" para ella) y una inquietud por renovar su técnica que habla de forma muy positiva de su personalidad artística. Su nuevo repertorio de baile, abandonado ya definitivamente el fallido cuplé, es moderno y variado. Su nueva profesora se llama Amalia Monroe, y con tal apellido se entiende que sus influencias fueran de lo más cosmopolita.

La Radium, bailarina a transformación, se atrevía
prácticamente con cualquier estilo

En 1917 enferma, sin que se publique más detalle sobre qué clase de enfermedad se trata, y se pasará medio año sin aparecer en los escenarios españoles (¿acaso un embarazo y el consiguiente parto?). Pero regresa, a principios de 1918, contratada por el Martí de Valencia, otro de los teatros a los que fue asidua. La enfermedad no sólo ha sido leve sino que además le ha dado fuerzas y energías renovadas, ya que inmediatamente después de una corta temporada en el Romea de Madrid, sale para Portugal donde ha sido contratada, y no regresa a España... hasta dos años después.
Y regresa convertida en toda una potentada: estrena lujoso vestuario, espléndidos trajes de seda a la última moda, telones creados en exclusiva para ella y joyas, maravillosas joyas dignas de la más altiva de las cupletistas.

Una de las últimas fotos de la Radium, una estrella
de segunda categoría que brilló como las de primera

Le ha ido bien fuera de nuestras fronteras y parece haber conseguido el "capitalito" que todas ansiaban y no todas conseguían. Pero aún le quedan contratos por cumplir y desde finales de 1922 hasta abril de 1923, realiza una apretada gira que incluye el Teatro de Tetuán, el Maravillas de Madrid, actuaciones en Lorca y Aguilas, un breve paseito por Marruecos, y su despedida del Gran Teatro de Córdoba y del Pabellón Teatro de Algeciras. Después, la nada. Su nombre desaparece de los rotativos y no existe una sola mención suya en años posteriores.
Es de suponer que se retiró, siendo todavía joven y solicitada, gracias a los ahorros conseguidos en tantos años de apretadas tournées. Casada, bien o mal, o quien sabe si soltera y casi entera, Emilia Montserrat "La Radium" se despidió de las tablas y, al parecer, la nostalgia no consiguió nunca hacer que volviera. Hasta hoy, en esta humilde entrada que en mi blog le dedico.

Epílogo

Gracias a las aportaciones de dos lectores, uno de ellos sobrino nieto de La Radium, puedo ofreceros el mejor de los epílogos a su historia:
"Se casó con un diplomático portugués y tuvo dos hijos: Mario y Mª Luisa. En Angola poseía varios hoteles. Murió a los sesenta años, bastante rica y convertida en una gran señora"."Vivió felizmente dedicada a sus negocios y a su hogar".
Mi agradecimiento a estos Anónimos comentaristas. Con su aportación he podido darle un glorioso final a esta entrada sobre La Radium, un final de felicidad personal y bienestar económico. Sin duda la clase de final que se merecen, y siempre les deseo, a las estupendas "otras bellas del cuplé".

jueves, 19 de enero de 2012

LAS OTRAS: Bella Oterito (y II)


Para los franceses Eulalia fue "La belle Oterita",
española con madroños, peineta y guitarra

Entre 1902 y 1906 Eulalia, junto a su inseparable maestro Turrión, hace una larga gira por el extranjero, actuando principalmente en Portugal, Francia, Alemania e Italia en lo que se refiere a Europa. En América actúa sobre todo en Argentina, y ya en 1906 nos encontramos noticias suyas en la prensa española referente a sus actuaciones en el Casino de Buenos Aires. A finales de este año regresa a España, donde pasa una corta temporada de descanso sabático. En mayo de 1907 ya está actuando de nuevo en Francia, en el Apollo de París, y más tarde es contratada en Niza, Montecarlo y Bruselas. Su número, entre el baile y la pantomima, da una imagen de lo español tan tópico como irreal. Justo lo que el público internacional desea.

La Bella Oterita con capote de paseo, montera
y cigarrillo: la española de postal en su apogeo

En junio de 1907 el periodista Luis Bonafoux, que se encuentra en París, recibe una nota de Oterito invitándole a su función en el Apollo. La carta termina con una deliciosa posdata: pide perdón por su ortografía (por otra parte, irreprochable) y por su desastrosa letra, ya que está escrita a las cinco de la mañana en el restaurante Rat-Mort, en condiciones no muy favorables. A Bonafoux, tipo difícil de ácido verbo, le hace gracia el tono de la misiva y se presenta en el camerino de Eulalia, que está actuando en el "caprichoso" teatro de variedades Apollo. Ya no es Eulalita, la pequeña bailarina, y a sus diecisiete años se ha convertido en "La Belle Oterita", la penúltima española de moda en la capital de Francia.


Gran parte del éxito de Oterito se basó en su
esplendorosa belleza y extrema juventud

La chica es guapa y simpática, con un punto entre discreto y divertido que resulta muy atrayente. La actuación no puede ser más del gusto del periodista. No sólo sale ganando en su comparación con la Bella Otero (a la que considera una figura en decadencia) sino que además califica a Eulalia como más guapa, más mujer, más distinguida y más artista. Baila mejor que la Otero, con más arte, sin los disloques voluptuosos a los que la gallega acostumbra. En escena es como una serpentina, tiene la agilidad de una ardilla y la flexibilidad de un junco: sin duda la juventud de Oterito hace salir malparada a la Otero, que ya ha cumplido los treinta y ocho años.


La Bella Otero, una vida legendaria y una belleza irrepetible

De la Bella Otero no os puedo contar mucho más de lo que ya todos sabemos. Sin poder clasificarla en el mundo del cuplé y sin ser, ni mucho menos, una bella olvidada de la escena española, de la hermosa Carolina no habrá entrada en este blog aunque, inevitablemente, su nombre sale a relucir a cada paso. Fue la más famosa de las artistas españolas de la Belle Époque, aunque su fama se debió más a su belleza que a su talento escénico. De hecho, entre sus compatriotas nunca fue bien considerada artísticamente. Su estilo, exagerado, adulterado y basado en estereotipos, no colaba en España aunque enloquecía, literalmente, al público de más allá de los Pirineos. Para los franceses era la viva imagen de la bailarina española, la típica gitana andaluza y sus sensuales bailes flamencos. En realidad, Carolina era más gallega que el lacón con grelos y sus bailes y pantomimas no eran más que una versión, descafeinada y falsa, del auténtico flamenco.


Las "españoladas" de la Bella Otero nunca fueron bien vistas en España

Sin embargo, para la Bella Otero no suponían ningún problema las múltiples seguidoras que le salieron durante su larga carrera. Para ella, muchachas como Oterito o cualquier otra Bella imitadora, eran como gorriones a la sombra de la enorme figura de un águila. Fue algo más que una bailarina o una cortesana: fue uno de los pilares de la bella época, una de sus representaciones más luminosas y recordadas, y ninguna pudo nunca comparársele, ni de lejos, en su capacidad de seducción, en la fascinación que ejerció dentro y fuera de los escenarios sobre los hombres más poderosos de su época. Comparada con ella, Oterito no pasó nunca de ser una bienintencionada seguidora, un gorrioncito que se comía las migajas que la Otero dejaba.
Curiosamente, durante los años en que Eulalia trabajó principalmente fuera de España, a ella misma le surgió su propia imitadora. Aunque en este caso, todo resultó un poco... diferente.


La Bella Oterito de pega, aquí en pose pensativa,
tenía un aspecto inequívocamente equívoco

Una estrella efímera, que no alcanzó la gloria ni acaso lo pretendiera, pasó por los escenarios madrileños bajo el nombre de Bella Oterito u Oterito a secas, durante los años en que la auténtica actuó exclusivamente fuera de España, y aún después. El que una artista se pusiera idéntico nombre al de otra más famosa, aprovechando su ausencia y buscando no tanto la suplantación como la publicidad gratuita, nos llama hoy en día la atención e incluso nos escandaliza. Pero a primeros del siglo pasado no debía haber demasiados escrúpulos ni por parte de estas artistas suplantadoras ni por parte de los empresarios que las contrataban. Y es el caso que Oterito tuvo, como podéis ver en estas imágenes, su suplantadora oficial. O acaso suplantador, ya que el género resulta claramente ambiguo. Teniendo en cuenta que los transformistas masculinos han tenido siempre su público, no sería este ni el primer ni el último caso de un señor que por señora se hiciera pasar en escena. Lo que llama la atención es que se pusiera como remoquete el mismo, idéntico nombre que el de la emulada. Normalmente los transformistas tenían su propio nombre artístico (Graells, Salmar,...) y se dedicaban a la imitación de varias artistas, nunca una sola. Así que solo podemos llegar a la conclusión de que éste que nos ocupa probablemente tenía más caradura que talento.


Aquí ya era tan sólo Oterito: graciosa, bella y muy masculina

Eulalia, mientras tanto, ajena o no a semejante impostura, seguía su carrera triunfal por el mundo. En París, ya hemos visto, ha triunfado como la Belle Oterita y tiene ya cierta fama en los bulevares. Todo el mundo se pregunta por sus orígenes, ya que miente u oculta tanto y tan bien como la Otero, y así no hay manera de saber de qué región española procede. El mismísimo Rubén Darío le dice a Bonafoux, con gran convencimiento, estar seguro de que Eulalia es uruguaya y no otra cosa. Pero Darío es famoso por fabular mucho con estas cosas de las artistas y ni Bonafoux ni nadie le dan crédito.

El teatro Payret de La Habana, que todavía existe
en la

actualidad, fue reconstruido tras su hundimiento en 1883

Habrá quien diga que es cubana y en Cuba actuará durante gran parte del año 1908, contratada por la empresa del teatro Payret, formando parte de una extensa compañía de variedades. Eso sí, siempre junto a su inseparable Turrión. Porque con él sigue, contra viento y marea, por encima de los éxitos, los vaivenes de la fama y las duras condiciones de las tournées de la época.
En julio de 1909, de vuelta a España, debuta como artista de variedades, con el alias ya definitivo de Bella Oterita, en el teatro de la Zarzuela de Madrid. Viene precedida de cierta fama internacional y se le anuncia como la gran estrella del Olimpia y el Folies Bergère parisinos. La propaganda, que en algo exagera sus logros reales, surte el efecto esperado y la noche de su debut en la Zarzuela despierta gran expectación.


Rosario Guerrero, otra de las olvidadas, fue rival de la Bella Otero
en los escenarios y salones parisinos

La comparan con la bailarina Rosario Guerrero -otra de las estrellas españolas en el París de entonces- ya que cultiva la pantomima. Es considerada como excelente bailarina, aunque sus bailes semiespañoles y extranjeros tienen cierto regusto a music hall francés. En lo que todos, crítica y público, están unánimemente de acuerdo es en elogiar su físico. Es pequeña de estatura pero muy bien proporcionada, esbelta en su punto justo, de piel muy blanca y ojos deslumbrantes. La noche del 3 de julio de 1909, Eulalia baila, canta y declama ante el público madrileño en un espectáculo llamado "Chez le peintre", que se supone ha traído directamente desde París. Su talento polifacético es, en realidad, limitado, pero sabe jugar bien la baza de su físico impactante y al final de la función, en la llamada apoteosis pantomímica, aparece en cuadro de fondo, en pose artística y aparentando un desnudo. En realidad lleva puestas las famosas mallas ceñidas, en este caso de seda color piel. El éxito es estruendoso y el público de la Zarzuela, que no sale de su asombro, pide una y otra vez el saludo de la artista. Esta sale, pudorosamente cubierta por una amplia capa de tul multicolor con capucha. El efecto es deslumbrador e impactante, y de la actuación (o de su final) se hablará durante mucho tiempo.

Oterito supo emplear inteligentemente su belleza,
supliendo así sus carencias artísticas

El éxito del espectáculo ha sido de tal magnitud que, tras unas cuantas representaciones en Madrid, emprende de nuevo una gira internacional que la llevará en primer lugar al Casino de Buenos Aires. Durante casi dos años continuará llevando éste y otros espectáculos alrededor del mundo.
El antiguo Casino de Buenos Aires, decadente

y elegante,
hoy en día es un museo

En 1911 Eulalia regresará a España, donde actuará en diversas salas durante algunos meses. Es en esta temporada cuando Eulalia nos sorprenderá añadiendo a los ya conocidos un nuevo e insospechado talento, más bien un don: el de la ubicuidad. Aparecen en prensa reseñas suyas actuando, al mismo tiempo, en lugares tan dispares como el Salón Madrid de la capital y el Alcázar Español de Barcelona. Pero no, la Oterito no tenía la capacidad de desdoblarse a voluntad. Lo que tenía era un incansable y ferviente emulador, al que ya conocemos, que actuaba bajo su nombre allá donde se le requiriese.
No sabemos si por el susto o por la tranquilidad de ver su nombre lo suficientemente atendido en su ausencia, el caso es que Eulalia vuelve a sus tournées internacionales y no regresará a España hasta 1915. En junio está actuando en el Romea de Madrid junto a una bailarina de nuevo cuño llamada Herminia Woves y a una cupletista ya veterana, Carmen Flores. En 1916 volveremos a encontrarnos con otro curioso caso de desdoblamiento, pues actúa casi a la par en el Salón Imperial de Algeciras y en el Café del Puerto de La Coruña. Sus giras internacionales se suceden durante estos años, con esporádicos y relativos descansos en España, en los que no dejará de actuar eventualmente. Está haciéndose muy rica, pues tanto Eulalia como Turrión han resultado ser tal para cual: una pareja de laboriosas, incansables y ahorradoras hormiguitas. Hacen bien, pues los años no perdonan y los gustos del caprichoso público son variables, tanto en España como en París.


Otra postal francesa de "La Belle Oterita", esta vez
mostrándonos su irreprochable espalda

En 1919 la pareja regresa a España, para establecerse de una manera definitiva en su hotelito de Ciudad Lineal. Eulalia está al borde de la treintena y su tipo de espectáculo, su figura y estilo empiezan a no estar de moda. Aún así sigue actuando, como bailarina, en espectáculos de variedades donde las cupletistas son las estrellas indiscutibles. En Parisiana (sala resurgida de sus cenizas después de muchas tribulaciones) actúa con Teresita España, Teresita Garnier, Minerva, la Favorita y Salud Ruíz. Es contratada a continuación en el Romea para la temporada 1919-1920, que comienza con la inevitable función de beneficio de la Asociación de la Prensa, todo un clásico.


Esta foto de Alfonso, publicada en el ABC, es un documento
excepcional a pesar de su mala calidad

En la imagen podéis ver el cuarteto estrella que actúa en el Romea la noche del 30 de agosto de 1919: Adelita Lulú, adaptable cupletista de larga trayectoria; María Esparza, bailarina de gran talento que se ha puesto, merecidamente, de moda; nuestra Bella Oterito, más delgada y con altísima peineta; y por último la altísima cupletista, sin necesidad de peineta, Matilde Aragón. La fotografía, realizada por Alfonso, es un pequeño pero perfecto muestrario de toda una época en la historia del espectáculo en España.


La Bella Oterito, en pose racial, hacia el final de su carrera

En el Romea realizará Oterito la última de sus grandes temporadas. Es la estrella principal junto a Matilde Aragón, y su nombre aparece en los anuncios con las letras más grandes y más resaltadas. Pero las críticas no terminan de ser del todo positivas. Se le reprocha su exotismo extranjerizante, con influencias ajenas al baile español que desvirtúan su esencia, aún reconociéndole una excelente técnica en su trabajo. Le agradecen que conserve la "gracia española", a pesar de estar bajo la influencia de la rítmica y algo mecánica armonía de las danzarinas extranjeras.


Zuloaga retrató desnuda a la Bella Oterito en su camerino.
La exposición del cuadro fue motivo de un gran escándalo

Eulalia, que se ha labrado un porvenir desahogado, comienza su retirada de los escenarios hacia 1920. De hecho, no aparecerá mención alguna sobre su nombre y su carrera en la prensa española hasta que, en 1929, Retana (bajo el seudónimo de Fortuny) nos hace una breve semblanza de la Bella Oterito incluida en un reportaje sobre las bailarinas españolas de ayer, hoy y mañana. Formando parte inevitable del grupo del ayer, para Retana (que no es un admirador precisamente) Eulalia fue "una calamidad como artista pero una bellísima criatura, con espíritu de hormiga, que sin haber realizado un trabajo notable se ha labrado un honrado bienestar".
La hormiguita vive por entonces con su inseparable Matías Turrión, suponemos que felizmente casada, en el hotelito de Ciudad Lineal que tantos sudores y taconeos les costó adquirir. Terminaron vendiéndolo, pocos años después, y nada más sé de la feliz pareja. Les supongo unidos hasta el final. Unidos en los recuerdos de sus largas giras por el mundo, en los aplausos del público y en las pesetitas ganadas desde que la pequeña Eulalia era tan sólo una niña.

jueves, 12 de enero de 2012

LAS OTRAS: Bella Oterito (I)

La Bella Oterito, una bella olvidada, tuvo una vida intensa
y una carrera corta pero llena de éxitos internacionales

Bella Oterito, bailarina

Eulalia Franco, la Bella Oterito, ha resultado para mi todo un descubrimiento después de haber investigado su vida y obras. Espero que encontréis su olvidada biografía tan apasionante como a mi me ha parecido, ya que reune algunos ingredientes de muy original factura. Por tener, tiene hasta más de un misterio que resolver y alguna que otra escandalosa conclusión.
Al parecer nace en 1890 (tengo mis dudas, que creo fundadas) en algún lugar desconocido de España que ella misma puso gran empeño en ocultar, tal y como otras hacían, para simular un exotismo que le daba cierta pátina interesante. Particularmente he llegado a la conclusión de que podría ser madrileña, de la capital o proveniente de algún pueblo de la provincia. Otra opción sitúa sus orígenes en algún lugar de Andalucía del que nunca hiciera bandera.
Comienza su carrera como bailarina extremadamente joven, alrededor de los ocho años, ya que aparece en el cartel del teatro Maravillas como Srta. Franco, junto con su maestro de baile, el prestigioso Matías Turrión. La primera reseña con su nombre completo aparecerá en la prensa madrileña durante el verano de 1900, formando parte del cuadro de baile "Las Niñas Gaditanas", compañía que había constituido el ínclito Turrión con algunas de sus más aventajadas (y muy precoces) alumnas. A la pequeña Eulalita la llaman con cariño "bailarina en miniatura" y es la más aplaudida entre sus compañeras. Se habla incluso de un ventajoso contrato que la llevaría a actuar en París, con motivo de la Exposición Universal que se celebra allí en este año de 1900.
"El maestro Turrión enseñando sevillanas" en 1902.
Eulalia está a la izquierda del cuadro central
Entre las alumnas de Turrión, Eulalia destacaba
por su belleza, su talento y su cinturita de avispa
No es seguro que actuase en la capital de Francia siendo tan niña, pero sí es cierto que más adelante lo hará, y con gran éxito. De momento volvemos a tener información sobre su incipiente carrera con motivo de una actuación suya en el teatro Zorrilla de Valladolid, en noviembre de 1900, y esta información no tiene desperdicio: la llaman Petite Otero (atención a este alias, el primero de muchos), la función se celebra en su beneficio (algo que sólo se hacía con artistas consagradas) y la califican como bailarina y concertista, no sabemos de qué. La niña actúa en todos los números, lo cual hace entender en cierta medida lo del beneficio ya que si ella sola se lo guisó, sin duda ella sola merecía comérselo.
Eulalita en 1901, con apenas 11 años, estaba
sospechosamente desarrollada para su edad
Pasan unos meses y en febrero de 1901, con todavía diez añitos o a lo sumo once recién cumplidos, nos la volvemos a encontrar en la prensa pero no con motivo de ninguna actuación. Aparece nada menos que en las páginas de sucesos ya que es protagonista de una historia que oscila entre lo tonto y lo surrealista:
Camina Eulalita por la flamante y recientísima Ciudad Lineal de Madrid, acompañada por su maestro de baile Matías Turrión, el padre de éste y una perrita que la niña lleva de su mano con la correspondiente correa. Inopinadamente aparece ante ellos un sujeto, de hecho un guarda privado procedente de alguna finca. El sujeto mira a la perrita y decide que es suya, la misma perrita que al parecer le habían robado hacía unos días. Llama ladrona a Eulalita, ésta es defendida por los caballeros que la acompañan, se cruzan insultos y explicaciones, y al final el guarda se da la vuelta y se marcha aparentemente sosegado. Pero tan solo aparentemente, ya que vuelve a cruzarse en el camino de la pequeña bailarina y ésta vez lo hace armado de una impresionante escopeta con la que amenaza a niña, maestro y padre de maestro. Matías, hombre aún joven y en forma, forcejea con el enfurecido guarda, suena un escopetazo y éste último cae al suelo herido en una pierna. Resumiendo, el guarda se pasa más de un mes hospitalizado y Matías es acusado por un delito de lesiones graves por el que se le pide prisión correccional. Al parecer todo se quedó en una multa de 125 pesetas por "lesiones menos graves", pero de la perrita, siento decirlo, no hay más noticias.
Esta historia no tendría más importancia si no fuera porque nos da algunos datos clave en el futuro de la pequeña bailarina, ya que Matías Turrión no fue solo su maestro de baile y valiente caballero defensor, sino que también se convertiría en su pareja sobre los escenarios y fuera de ellos. En cuanto a la Ciudad Lineal, entenderemos qué pintaban en ella si decimos que se encontraba en plena operación de venta de fincas y construcción de hotelitos. No digo más, de momento.
Prototipo de hotelito de lujo en la primitiva Ciudad Lineal
La figura de Matías Turrión, lejos de ser secundaria en la historia de la Bella Oterito, tiene interés por él mismo y por lo que significó en la carrera de su alumna. El también fue alumno, en su caso del célebre Angelito, que formó el cuerpo de baile "Los niños sevillanos", famoso en su época. Aventajado discípulo, Matías se convirtió muy joven en maestro de baile de reputada fama en los escenarios madrileños, y ya a finales del siglo XIX había formado su propia compañía, habiendo llegado a arrendar el teatro Maravillas. Su academia, una de las más prestigiosas junto con la del maestro Cansino (el apellido real de Rita Hayworth, con quien tiene algo que ver), estaba especializada en la enseñanza a niñas de baile español, más concretamente andaluz y aún más específicamente en sevillanas de la escuela bolera.
Una realmente pequeña Petite Otero en "La Maja",
coreografiada por Turrión...
...y aquí en un paso de los tientos
Turrión había preparado a multitud de jovencitas, con alguna de las cuales había formado ya pareja de baile sobre los escenarios. Las cosas le fueron bien: a primeros del siglo XX era ya un hombre famoso y acaudalado, lo que demuestra el hecho de haber podido comprar una finca en primera línea de la Ciudad Lineal(1).
Villa Oterita, que ya no existe en la actualidad, se encontraba en la confluencia de López de Hoyos con Arturo Soria, sin duda un lugar privilegiado, y fue construida en 1909. Cuando sucedió el episodio del perro, Matías ya vivía en Ciudad Lineal pero en la también desaparecida Villa Franco Turrión. Siendo Franco el apellido de Elulalia, descartando un parentesco directo entre ellos (acabaron casándose) y teniendo en cuenta que esta villa es anterior a Villa Oterita, he aquí el primer misterio en la verdadera naturaleza de la relación entre ellos. Dejo abierto el apartado de los Comentarios, por si tenéis algo que aportar o deducir.
Lo que sí es cierto es que Villa Oterita aparece en uno de los planos a nombre de Eulalia Franco, que hacia 1909 probablemente estaba ya casada con Matías o a punto de estarlo. Ya os he contado en otras entradas del blog que, junto con las joyas, una de las mayores aspiraciones de cupletistas y artistas de la época en general, era la posesión del preciado hotelito en Madrid. No sólo se trataba de vivir en un lugar privilegiado, marcando distancias con el resto de compañeras menos afortunadas en el artisteo, también -y sobre todo- el hotelito era una inversión de futuro, en unos tiempos en los que un bien inmueble se revalorizaba en Madrid con total seguridad. De hecho, en 1923 Villa Oterita se puso en venta, muy seguramente debido al declive de las carreras de Eulalia y Turrión. De todas formas los ecos de la pareja han perdurado en la zona: ya en 1914 había una calle con el nombre de Matías Turrión, que todavía existe, perpendicular a la de Arturo Soria.

Hotelito burgués de la Ciudad Lineal.
El precio era todo un capital a primeros del siglo XX
En definitiva, Turrión ya era un hombre joven, pudiente y famoso cuando conoció a Eulalia, que era una niña de menos de ocho años cuando entró en su academia. Por cierto, en alguna crónica de la época se dice que el maestro Turrión era en realidad tío de la pequeña bailarina. El tratamiento de "tío" fue, durante muchos años, el más indicado (y el más conocido) para ocultar otro tipo de relación entre un hombre adulto y una mujer mucho más joven. Como vemos, toda esta confusión de parentescos, compras de terrenos, parejas artísticas, etc, ocultan o parecen ocultar algo más sórdido. Si es cierta la edad de Eulalia, que bien podríamos poner en duda, estamos ante una historia poco ejemplar que dejaré en cuarentena pues no tengo datos suficientes ni quiero ofender a nadie.

Eulalia, polifacética donde las haya, tocaba la
bandurria, la guitarra y lo que le echasen
Pero sigamos con la carrera artística, que tiene también giros sorprendentes y muy interesantes. Eulalia, que todavía aparece en las carteleras con su nombre y apellido reales, forma como ya hemos visto pareja artística con Turrión y con él actúa en el teatro Actualidades (por entonces, en pleno apogeo) durante unos meses de este año de 1901. En octubre es contratada en el coqueto Japonés, con el apodo de Oterito (segundo alias que se le conoce) como concertista de bandurria y copólogo. Lo de la bandurria se entiende, lo del copólogo hay que explicarlo: se trata de un concertista de vasos de agua que, llenos en diferentes cantidades, forman melodías con tan sólo pasar un delicado dedo por su borde. Con la bandurria toca "Cavalleria rusticana", con los vasos no se especifica el repertorio. Pero el caso es que tiene un gran éxito ya que, no sólo es habilidosa y simpática, sino que además es ya considerada toda una belleza. Nadie parece reparar en su edad, yo tampoco lo haré.
Ciertamente es guapa. Tiene unos sorprendentes ojos claros, enormes, expresivos y rasgados, y su abundante pelo, oscuro y ondulado, partido con raya en el centro, recuerda sin duda al de la Bella Otero. De este parecido y de la admiración que por la célebre cortesana siente la niña, viene sin duda el remoquete por el que fue principalmente conocida.

Eulalia jugó toda su vida con su parecido con la Bella Otero
y, de hecho, "engañó" hasta a los mismísimos franceses
En noviembre de 1901, año que bien podríamos considerar como el de su despegue, está actuando en el madrileño pueblo de Leganés dentro de una compañía juvenil de baile dirigida, cómo no, por el maestro Turrión. Tiene un gran éxito y sobresale entre las demás por su belleza y múltiples habilidades. Llegan a compararla con la eximia cómica Loreto Prado, que aún siendo una exageración nos da la idea de que la niña no sólo baila, es copóloga y toca la bandurria, sino que además actúa con cierto gracejo y buenos resultados.
Sin duda nos encontramos ante una de las figuras más representativas del varietés a la española, ya que aún siendo principalmente bailarina, fue una auténtica todoterreno capaz de meterse en todo lo que se le ofreciera o por su mente pasara, acaso con más audacia que talento. Y así actuará en los escenarios más significativos del género ínfimo como el Actualidades o el Japonés, donde interviene en la función de Inocentes de 1901 junto a emblemáticas figuras del cuplé como Luz Bel, Susana Aura o Adelita Lulú.
Susana Aura, cancionista y bailarina francesa,
fue pionera del cuplé y las variedades en España
En junio de 1902, después de una temporada dedicada a la "gira por provincias", regresa a Madrid y es contratada por el París-Salón, en el número 10 de la calle de la Montera, en un espectáculo por secciones donde comparte escenario con cupletistas como Pilar Monterde o la Bella Belén. Eulalia es anunciada como "notable tiradora", dándole un giro más a su sorprendente carrera, y se dice de ella que tira al blanco como el mismísimo Guillermo Tell... pero muchísimo más mona. Tan mona es, que la empresa decide alejar su delicada figura del peligro de las armas y le da papeles, no protagonistas pero sí muy lucidos, en las dos obritas de género ínfimo que allí triunfan aquella temporada: el ensayo cómico-lírico-bailable "Portfolio del desnudo" y el espectáculo de aires andaluces "En Triana". Mientras esto sucede en el París-Salón, no muy lejos de allí triunfa en el Japonés una todavía desconocida Fornarina, haciendo de estatua viviente en la pantomima "El pachá Bum-Bum". El género ínfimo está en pleno apogeo.

Las sicalípticas bailarinas del "Pachá Bum-Bum"
en plena ejecución de un exótico baile
El 4 de julio de 1902 se celebra, en el teatro Variedades de Madrid, una representación en beneficio de Turrión en la que Eulalia se convierte en la principal estrella. Ella solita canta, baila, tira al blanco, declama y hace de excéntrica musical tocando el xilofón. Como final apoteósico actúa en la obrita "La Soleá" junto al resto de la compañía y recibe unánimes críticas positivas. Curiosamente, Turrión no baila con ella sino con Pilar Olivares, bailarina de más edad y mayor renombre. En la compañía, y en el teatro, abundan las mujeres jóvenes y bonitas. A nadie le extraña, ya que Turrión tiene fama de ir muy bien acompañado allá donde actúe.

Pilar Olivares, especializada en baile español.
tuvo cierta fama dentro y fuera de España
La niña, con sus esplendorosos doce años, se ha convertido en el descubrimiento de la temporada. Su polifacético talento y su esplendorosa belleza en ciernes, llama la atención de las agencias de variedades, y es en esta época cuando, tras los éxitos conseguidos por Eulalita en la escena madrileña, maestro y discípula reciben una primera propuesta para actuar fuera de España. No se lo piensan dos veces y comienzan una larguísima gira que les llevará no sólo a América sino también de vuelta a Europa, donde ya convertida en Belle Oterita, la pequeña bailarina conseguirá grandes éxitos en París. Pero eso forma parte de la segunda entrada dedicada a su tan olvidada como interesante figura.

(1) Gracias a Ricardo Márquez y su maravilloso blog "Historias Matritenses" (historias-matritenses.blogspot.com), a Miguel (uno de sus seguidores) y a la información recogida en el libro "Un paseo por la Ciudad Lineal" de David Miguel Sánchez. Con su inestimable colaboración os puedo dar algún dato más al respecto de Villa Oterita u Oterito, que con ambos nombres aparece en diferentes medios.
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