La Fornarina y otras cupletistas que marcaron una época

La Fornarina y otras cupletistas que marcaron una época: mujeres ayer admiradas, hoy olvidadas
Mostrando entradas con la etiqueta La Goya. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La Goya. Mostrar todas las entradas

viernes, 11 de febrero de 2011

LA FORNARINA XI: La estrella errante


Fornarina fotografiada por Calvache, promocionando
el perfume "Violeta Tenax" en 1910

Después de su triunfal presentación en la Comedia, Consuelo vivirá unos años (desde 1910 hasta principios de 1913) caracterizados por la estabilidad, tanto en el terreno artístico como en lo personal.

Una estabilidad que no se basaba precisamente en el sedentarismo: hasta casi el final de su carrera, Consuelo no dejará de hacer giras por toda España y seguirá actuando en el extranjero, donde seguirá siendo contratada en los teatros parisinos principalmente, aunque también en Londres, Berlín, Viena, etc. De hecho seguirá teniendo su domicilio oficial en París, a efectos de su contratación, y residirá en hoteles (especialmente el Palace, a partir de 1912) durante sus estancias en Madrid, entre viaje y viaje.
Se ha convertido en una mujer muy rica y ya está buscando el ansiado hotelito, en el que sueña retirarse al final de su carrera. Su fortuna en joyas no hace más que aumentar, y se basa sobre todo en sus propias adquisiciones, aunque también en los regalos de sus admiradores. En 1913 será víctima de un presunto intento de estafa por parte del joyero Lacloche, francés con tienda en la calle Sevilla de Madrid (los hermanos Lacloche se harían años más tarde muy famosos por sus joyas art decó). El joyero y la cupletista terminarán en los tribunales, pero esto forma parte de otra historia que merece su propio intermedio.
Mientras tanto, entre joya y joya, Fornarina continúa actuando. Y a pesar de ser una figura indiscutible, sigue teniendo desencuentros con el público, con sus pequeños escándalos incluidos.
El 2 de junio de 1910 tiene un debut inolvidable en la sala Novedades de Málaga. De lo que pasó en realidad, pocos datos nos han llegado, pero es el caso que un gesto o ademán de Fornarina durante su actuación, es interpretado como un desaire, incluso como un insulto, por el público malagueño. Al parecer dicho gesto fue una especie de "corte de mangas" que Fornarina siempre sostuvo que no fue tal sino un movimiento que formaba parte del número que estaba interpretando. Pero el escándalo fue mayúsculo y llevó al público a protestar en la céntrica calle Larios, organizándose una espontánea manifestación de indignados espectadores que duró hasta la madrugada. Resultado: Fornarina rescindió el contrato con el Novedades, siempre justificándose en que había sido malinterpretada.


Aspecto del interior del teatro Novedades de Málaga

Del incidente de Málaga se habló poco en la prensa. Pero es reseñable el tono serio de los artículos que a él se refieren, teniendo en cuenta que los pequeños escándalos de las cupletistas y sobre todo los de Fornarina, la favorita del público, siempre habían sido tratados por la prensa con simpatía y buen humor, incluso con un punto de comicidad. Esta vez el tono ha cambiado, en parte debido al cambio de estátus de Consuelo, que ha pasado de gentil divette a indiscutible diva de los escenarios. Pero también a cierto sutil cambio en el gusto de público y crítica con respecto al género del cuplé. El descaro ya no vende y ahora ya no basta con que la cupletista sea fina y educada, además tiene que parecerlo y ejercer de ello.

La destartalada plaza de Nador, bautizada por los
españoles como Puerta del Sol, en 1912

Olvidado el escándalo del Novedades, el día 10 Fornarina está actuando en Melilla. Junto con unos amigos hace una excursión a Nador, colonia española en el Rif en aquellos momentos y destino turístico más que dudoso. De esta visita nos queda esta crónica humorística que apareció en "Madrid Cómico":


"Melilla, 10 (7 tarde).- Fornarina sin novedad, a pesar atracón higos chumbos. Visitó Barranco Lobo. Habló con moro Gato. Hoy ha estado en una batería examinando piezas artillería Saint-Charmont; aseguró haberlas visto mayores. Por la tarde fue a Nador, atravesando los arroyos del Jemis. La penetración pacífica de Marruecos, por lo que se ve, es un hecho. Fornarina me ha autorizado para que haga público su propósito de abandonar el trabajo chico y dedicarse al gran trabajo, o sea la alta comedia."

Continúa con su gira española y en el mes de julio está actuando en el Gran Vía de Barcelona, donde el día 20 tendrá lugar la actuación de su beneficio(1). Barcelona, ciudad de gran tradición en el cuplé y cuna de excelentes artistas del género, siempre le dispensó a Fornarina una cálida acogida, a pesar de sus reticencias hacia todo lo que viniera de Madrid.
Después de unos días de vacaciones y antes de su regreso a París para la temporada de otoño-invierno, Consuelo acude al teatro Arriaga de Bilbao pero no como artista sino como espectadora, para asistir a la representación de "La brocha gorda", sainete cómico-lírico donde su amiga Loreto Prado hace una celebrada imitación de Fornarina.


Loreto Prado fue una cómica de enorme talento,

que se ha merecido tener calle y monumento en Madrid

En el caso de la genial Loreto, más que imitación lo que hizo esta gran actriz fue una acertada recreación humorística de su apreciada amiga. Sin embargo, no fueron precisamente imitadores lo que le faltaron a Fornarina en cuanto alcanzó el estrellato.
El más célebre fue el transformista e imitador de estrellas, Ernesto Foliers. Durante 1911 fue primera figura en el Price de Madrid haciendo imitaciones de Fornarina y Amalia Molina, entre otras. Dedicado en exclusiva a las cupletistas, llegó a ser un artista muy bien considerado en las variedades. No fue el único transformista que llevó el personaje de Fornarina en su espectáculo, y también fueron muy aclamadas las imitaciones de Graells o Salmar.


Ernesto Foliers fue uno de los grandes transformistas de su tiempo

El transformista Salmar "clavando" a Fornarina

Otra imitadora, aunque sólo fuera en el nombre, fue Lolita Juan, "La Petite Fornarina", que en abril de 1911 actuaba en Madrid y era anunciada en el cartel de Lo Rat Penat como cantante de couplets "Jupe-culotte". El nombre lo dice todo y poco más sabemos sobre ella.
Cierto es que estos imitadores, de mayor o menor talento, surgieron precisamente en los años en que Fornarina actuaba frecuentemente en el extranjero, valiendo así como una suerte de suplentes de la estrella, para un público que probablemente añoraba a una Fornarina de carne y hueso, tan auténtica como ausente.

Reseña de la actuación de Yvette Guilbert en Madrid

En 1911 Consuelo es la cupletista más famosa y mejor pagada. Su agenda es apretada: el 15 de febrero debuta en el Novedades de Barcelona; vuelve de París en abril para asistir, el 4 de abril, a la actuación de Yvette Guilbert en el teatro de la Comedia "desde un palco y luciendo elegante toilette"; el 2 de mayo debuta en el Principal de San Sebastián, el éxito es sonado y es contratada para la temporada de verano; del 22 al 25 de mayo está actuando en Oviedo; procedente del extranjero regresa el 23 de julio a San Sebastián, donde actúa hasta el 25, fecha en la que se celebra su beneficio y en el que le regalan "una sombrilla con un topacio en el puño más grande que una almendra"; sale corriendo al día siguiente para Lisboa, donde ha sido contratada. Vamos, que no para.

El puerto de San Sebastián a comienzos del siglo XX,
con la bahía de La Concha al fondo


Elegantes paseando por el bulevar de San Sebastián en 1907


San Sebastián es a principios del siglo XX el destino estival favorito para la realeza y la aristocracia españolas. La burguesía y, en general, la gente "bien" pusieron de moda la capital donostiarra para los veraneos elegantes y glamurosos. Fornarina no es ajena a esta moda -para glamurosa, ella- y regresa en agosto para pasar allí unos días como una bañista más. Los veraneantes comentan la repentina abundancia de Don Procopios, (algo así como "viejos verdes") en la playa de la Concha, que acuden al reclamo del espectáculo gratuito de la temporada: "El baño de la Fornarina".

Aspecto de la abarrotada playa de La Concha en el verano de 1912

Estas actuaciones veraniegas en lugares de la costa española (y también francesa) pueden parecer unas vacaciones encubiertas, pero en realidad era algo muy común entre los artistas de variedades, ya que en esta época del año era en los centros de veraneo donde se encontraba el público más selecto y pudiente, aquel que precisamente podía permitirse unas vacaciones en la playa. En el caso de Consuelo, las vacaciones son breves y a finales de agosto está actuando en el Salón Pinacho de Vigo, ciudad también costera y turística, muy aficionada al cuplé y a Fornarina.


La Puerta del Sol de Vigo a principios del siglo XX

En septiembre, entre actuación y actuación, todavía tiene tiempo Fornarina para que surga la inevitable serpiente de verano, esta vez a su costa: se habla, se dice, se rumorea que Consuelo está a punto de casarse con cierto joven literato(2). Ella lo desmiente, divertida, y dice que es sólo uno de sus muchos amigos y admiradores y que ella está casada con el arte. La respuesta se balancea peligrosamente entre la vanidad y la frase hecha, pero no por ello deja de ser cierta: a Consuelo no le faltan los admiradores y, ciertamente, no se le conoció unión más duradera que la que tuvo con monsieur couplet. Teniendo en cuenta la muy especial clase de relación existente entre Consuelo y Cadenas, alimentada a base de achares, rupturas y reconciliaciones, no sería de extrañar que este rumor hubiera salido de la propia Fornarina.


En esta imagen promocional que simula el saludo tras la función,
podemos ver a Cadenas, Fornarina y Quinito tal como eran en 1911

Por estas fechas surge otro rumor sobre otra boda, esta vez entre Bombita y La Goya. En este caso las flechas de los periodistas estuvieron más cerca de dar en el blanco pues, aunque nunca hubo boda, sí hubo relación -larguísima y muerta de puro aburrimiento- entre el torero y la cupletista.

La Goya y Bombita , pareja de tronío que no pudo ser

Precisamente en este año de 1911, un lunes 20 de febrero se casaron, muy discretamente, otra cupletista y otro torero: Pastora Imperio y Rafael Gómez "El Gallo", gitanos ambos, tremendos los dos. La famosa novia había sido raptada unos días antes por el no menos famoso novio y se celebró el enlace en el máximo secreto, con oscuras nubes de celos, oposiciones familiares, superstición y tradiciones gitanas cerniéndose amenazadoras sobre los contrayentes. La amenaza se cumplió y su unión duró poco -se divorciaron antes del año-, y sigue siendo, todavía hoy, fuente inagotable de todo tipo de especulaciones.


Pastora Imperio y la pesadilla de su boda

Estas parejas desgraciadas fueron una constante en la vida de las más célebres artistas de aquellos tiempos: Fornarina, Raquel Meller, Goya, Pastora Imperio y otras, tuvieron serios problemas para establecer uniones duraderas y estables. En aquellos tiempos una mujer tenía que renunciar a su carrera, en caso de tenerla, si quería casarse con un hombre de ideas tradicionales, que eran casi todos. Paradigmático es el caso de La Goya, que acabó casándose con Tomás Borrás -tras el interminable noviazgo con Bombita-, pero solo una vez que hubo abandonado los escenarios.
Acaso el obstáculo mayor para la estabilidad sentimental de estas mujeres fuera precisamente el de verse obligadas a olvidar sus ambiciones artísticas, renunciando a un éxito conseguido a base de enormes esfuerzos y sacrificios, muchas veces en el punto más álgido de sus carreras. Acaso el obstáculo fuera un pasado demasiado libre u oscuro, en el caso de Consuelo, que no era admitido fácilmente por un hombre español de hace un siglo, por muy liberal que fuera en sus ideas y actuaciones. O acaso simplemente fuera mejor así y la ruptura suponía, más allá de lo inevitable, lo deseable para ambos. Especialmente para ellas.

(1)Las actuaciones de beneficio de los artistas eran una costumbre muy corriente en aquellos años y consistían en una representación, generalmente la última, en la que el importe de la taquilla se ponía a disposición del artista en cuestión o de alguna obra benéfica de su elección. También recibía, por parte de admiradores o compañeros, diferentes obsequios.
(2)El nombre no se dice, aunque pudiera tratarse del omnipresente Enrique de Mesa.

sábado, 1 de enero de 2011

LA FORNARINA IX: Volver

Una Fornarina luminosa, "suavizada y pulida"
regresa a España

Tras su éxito europeo y al cabo de tres años de haberse instalado en París, Fornarina decide regresar a España. Llega a Madrid con el "permiso" del empresario del Ambassadeurs de la capital francesa, donde está contratada para la temporada de verano al igual que la temporada de invierno la dedica, principalmente, al Olimpia. El regreso de Consuelo coincide con el del cometa Halley, que en estos días comienza a aparecerse en el cielo de España.

En mayo de 1910 un especialmente brillante cometa Halley
llena de asombro
a los españoles

Sería demasiado fácil la comparación entre estas dos rutilantes y fugaces estrellas, pero no por fácil es menos cierta, ya que Fornarina es en estos momentos y sin duda alguna una estrella: la artista española que ha conseguido prestigio y riqueza ofreciéndole al público europeo una imagen muy diferente de las Otero, Tortajada y compañía, sin necesidad de descoyuntarse en bailes pretendidamente gitanos, con caracolillos, volantes y castañuelas como principal distintivo. Su figura menuda coronada por rubios cabellos, su "picaresca ingenuidad, candorosa malicia" y su estudiada elegancia a la francesa, convierten a Fornarina en un tipo de artista española nunca visto antes al otro lado de los Pirineos.

La Tortajada ... y ¡olé!

Fornarina es ya rica y famosa pero no ha tenido nunca corazón de vagabunda, como Colette. Su más íntimo anhelo es el de comprarse un hotelito (1) en Madrid y, gradualmente, ir abandonando las tablas. Pero todavía es joven, está en lo más alto de su carrera y hasta que llegue el momento de retirarse -sus cálculos son de cinco años- aún le quedan muchas cosas por hacer en el terreno profesional.

El teatro de la Comedia de Madrid, en la actualidad

El 4 de mayo de 1910 Fornarina debuta en el Teatro de la Comedia de Madrid, tras las funciones de tarde y noche de "La viuda alegre". La fecha y el lugar son de gran relevancia en la trayectoria de Consuelo: por una parte significa su regreso triunfal a España después de tres años de éxito internacional y por otra parte enmarca esta reaparición en el mejor de los escenarios posibles, un teatro “serio” y hasta entonces cerrado al cuplé, considerado todavía como género ínfimo. Aunque las cosas ya habían empezado a cambiar.

El elenco del Edén Concert en 1912 todavía parecía llevar un cartel
de "Prohibido a las señoras decentes"

El éxito de las antaño infravaloradas cupletistas y especialmente el de Fornarina en prestigiosos escenarios del resto de Europa, lleva a los empresarios y al público español a un replanteamiento en su consideración del cuplé y sus descocadas representantes y, a su vez, tanto éstas como los autores buscan un acuerdo en formas y contenidos para poder llegar al gran público, esto es, mujeres y familias. Los salones, cafés-cantantes, barracas y teatruchos destinados a un público mayoritariamente masculino, comienzan a desaparecer o a adaptarse a los nuevos tiempos. A su vez los teatros prestigiosos, como el ya citado de la Comedia en Madrid, abren sus puertas a los nuevos repertorios del cuplé.

Raquel Meller en sus comienzos: con ella el cuplé
se convirtió en un género mayor

Fornarina en este sentido es una especie de precursora y abre las puertas a las que, aunque en algunos casos son contemporáneas, llegarían después de ella a ser reconocidas cancionistas de un género que ya no se consideraría ínfimo, extraordinarias artistas aptas para todos los públicos, tales como Raquel Meller, Mercedes Serós o La Goya.

La Goya fue, más que cupletista, tonadillera
y se especializó en repertorios antiguos

El repertorio de Fornarina se adaptará a los nuevos tiempos e irá incluyendo hasta el final de su carrera títulos más románticos y sentimentales, como “La canción del Rhin” o “El primer amor”, juguetones e ingenuos como “El diávolo francés”, cantados en francés como “La Paraguaya”, patrióticos como “La bandera”, humorísticos sin más como “El ojo de cristal”, lo que hoy llamaríamos folklóricos como “Clavelitos” o decididamente melodramáticos como “El último cuplé”. No abandonará nunca del todo lo picante y sugerente como es el caso de su gran éxito “El sátiro del ABC” y “¡Ni una palabra más!” o lo todavía rematadamente sicalíptico como “La llave”, pero también han cambiado las formas y la rubia Fornarina que canta estos temas es más dulce, más comedida en sus gestos y sus maneras son más delicadas en la insinuación. Abandona el “uniforme de cupletista” y sus toilettes, a la última moda de París, han sido estudiadas hasta el último detalle, dejando a un lado el exceso de plumas, lentejuelas, volantes y bisutería. Sus trajes están realizados para la escena pero su corte y los tejidos empleados son de primera calidad y estilizan dentro de lo posible su figura, siempre algo rotunda a la manera española. En cuanto a las joyas, no pueden ser otra cosa sino auténticas. Fornarina reaparece, en dos palabras, “suavizada y pulida” tal y como la definió su gran admirador, autor de algunos de sus temas y personaje muy a tener en cuenta, Alvarito Retana.

Álvaro Retana se hacía llamar "el novelista
más guapo del mundo"

En su debut en el teatro de la Comedia una aterrorizada Consuelo observaría, antes de salir a escena, al encopetado público del prestigioso local formado por hombres y mujeres de la mejor sociedad madrileña, esperando ansiosamente unos y otras –especialmente las otras- la aparición de la tan gentil como "perversa" divette. Han pagado su entrada para poder apreciar en rigurosa primicia la transformación de Fornarina, la transformación en realidad de todo un género, como un entomólogo observa y estudia detenidamente la metamorfosis que lleva a un gusano a convertirse en mariposa. Y mientras, la mariposa, empachada a base de infusiones de tila, sales inglesas y agua de azahar, susurra tras el telón "... si me silban, me muero".

Fornarina en el punto culminante de su carrera:
hermosa, joven y "para todos los públicos"

Sin embargo Consuelo no tenía demasiados motivos para sus temores ya que, con toda probabilidad, la disposición de este público era a priori bastante positiva, no en vano habían transcurrido tres años de inmejorables noticias sobre los éxitos europeos de Fornarina. Además, ésta no había abandonado nunca del todo al público español, regresando cada primavera para actuar en Madrid durante unos días. El avispado empresario de la Comedia Tirso Escudero, no se hubiera arriesgado tanto de no haber tenido por seguro el éxito de la cupletista.

El ilustre riojano don Tirso Escudero,
en el vestíbulo del Teatro de la Comedia

El caso es que el éxito de la convocatoria fue indiscutible, lo que se llamaba "un entradón formidable". Sobrecogida por el silencio absoluto y expectante, apareció en escena una nerviosa y recatada Fornarina, poco escotada, con sus ondulados cabellos recogidos con peinetas de nácar y brillantes, su sonrisa encantadora y "más bonita que un puro con sortija". Comenzó su actuación con los ya famosísimos “Clavelitos” y tras los primeros fervorosos aplausos, cantó con más seguridad en la voz y el gesto, cuplés como “El ojo de cristal”, “El aeroplano”, “El pigui”, "Lo que no olvidan nunca las mujeres", “La embajada”, “La Paraguaya” (en francés) y el inevitable “Polichinela”, entre otros. Hubo aplausos, ovaciones, bises y tres enormes corbeilles (cestas de flores, siempre mejor regalo que un melón). La representación de la maravillosa opereta "La viuda alegre" de Franz Lehar, el gran éxito de la temporada, quedó totalmente eclipsada. El éxito de Fornarina fue apoteósico.

"La viuda alegre", la más emblemática
de las operetas

Se ensalzó en Fornarina, aparte de las archi-conocidas cualidades de belleza, simpatía y gracia, su "arte de la gradación y el matiz... sin caer nunca en lo chocarrero ni en lo insolente". Las damas se preguntaban qué tendría aquello de escandaloso para no haber podido verlo y escucharlo antes, y algunos caballeros acaso se preguntaron si ya nunca volverían a ver a la Fornarina más sicalíptica e insinuante. Pero hombres y mujeres salieron unánimemente encantados del teatro, esa noche y todas las noches mientras duró el contrato de Consuelito en la Comedia, en un principio de ocho días y prorrogado finalmente hasta llegar a los veinticinco.

La Fornarina más recatada, en tonos pastel,
con flores y mantilla de blonda

Los críticos también se rindieron a sus pies, aunque hay que reconocer que para Fornarina fueron siempre benevolentes, salvo excepciones. La palabra más habitualmente empleada por parte de la crítica para calificar a la Fornarina de esta época, posterior a sus estancia en París, es la de "chic", al igual que anteriormente fue "gentil" y en sus comienzos fue simplemente "hermosa" o cualquiera de sus sinónimos. Además Consuelo había adquirido, muy merecidamente, un aura de voluntariosa autodidacta, instruida y políglota, y de lectora incansable de autores como Rubén Darío, Lamartine o Víctor Hugo, entre otros. Se alababa su capacidad de aprendizaje y sus inquietudes intelectuales, a lo cual contribuían sus excelentes relaciones con periodistas, escritores y poetas.

El poeta nicaragüense Rubén Darío fue uno
de los escritores favoritos de Fornarina

De su buena relación con la prensa –algo que Consuelo procuró alimentar durante toda su carrera- nos da idea el famoso banquete que en su honor se celebró en la sala Parisiana el 13 de mayo de 1910. Una radiante aunque algo azorada Fornarina se nos aparece en las fotos de este acto con un extraordinario sombrero, blusa de lamé (2) e impecable traje sastre con falda de talle alto, guapetona y elegante. Por cierto, que a costa de uno de los reportajes gráficos de este acto, el de la revista "Comedias y Comediantes", hubo cierta rechifla durante un tiempo: “La Fornarina, ríe”, “La Fornarina, brinda” y “La Fornarina, bebe” eran los textos a pie de foto, tan poco originales como obsesivos, que registraban casi minuto a minuto todos los pasos de la simpática Consuelito. De sus otras actividades durante el banquete y de su posible tratamiento a pie de foto, se especuló lo suyo durante un tiempo…

La Fornarina, ríe. La Fornarina, brinda. La Fornarina, bebe.

La celebración de banquetes en honor a una artista famosa no era infrecuente. Poco después del de Fornarina se celebró otro para agasajar a su rival, la Chelito. Y unas semanas más tarde se llegó incluso a homenajear a una tal Madame Pimentón, cantante callejera muy famosa en el Madrid de aquellos años, aunque en este caso el homenaje no estaba desprovisto de cierta dosis de guasa.

El banquete de Fornarina en particular nos ha dejado un curioso reportaje gráfico, en el que una Consuelo que se sabe hermosa, elegante, segura de si misma e íntimamente orgullosa, brinda con champagne ante la opulenta y ornamentada mesa en el salón de Parisiana. Más tarde, Fornarina toma el café después de la comida (con su preceptivo vaso de agua incluido), sentada ante un sencillo velador de la terraza, abrigada hasta con bufanda debido al frescor de la primavera madrileña. Pero en todo momento se encuentra rodeada exclusivamente de hombres, no en vano el homenaje había sido promovido por el Ateneo madrileño, feudo masculino por excelencia.

El homenaje en Parisiana: Fornarina en la terraza exterior
con sus admiradores

No hay ni una sola mujer invitada en el evento, por no haber, ni siquiera hay camareras. Consuelo se yergue, hermosa y joven, con su encantadora sonrisa, y brinda su agradecimiento, su orgullo y su más o menos genuino rubor a la admiración de los hombres que le rodean. Es su consecuencia, está allí por ellos y para ellos, se debe a su público como cualquier otro artista pero, al mismo tiempo, su exposición a las miradas, a la admiración o a los deseos de estos hombres, le hace especialmente vulnerable, devastadoramente desprotegida.

El homenaje en Parisiana: Fornarina brinda en el interior
por sus admiradores

Cualquiera de estos caballeros que gustosamente le hubieran ofrecido su abrigo contra el frío, su rendida y absoluta admiración eterna, un collar de diamantes o un ventajoso contrato publicitario, son los mismos que años después no asistirán a su entierro, los mismos que, de no haber mediado su temprana muerte, hubieran ignorado a una madura Consuelo y hubieran organizado otro banquete en honor de la siguiente cupletista de moda, más hermosa, más ambiciosa y , sobre todo, más joven.

A finales de este mismo año aparecen en los periódicos reseñas sobre el debut de una diseuse llamada Manon: joven, guapa, elegante, de voz fina y cuerpo precioso, son algunos de los calificativos que se le dedican, además del de "envidia de Fornarinas y otras". Detrás de Manón está José Juan Cadenas, detrás de él está Fornarina. Y ya tenemos así formado un triángulo de lo más interesante para la siguiente entrada.

(1) El hotelito era el nombre popular que se le daba a una mansión en la ciudad, algo así como un chalet con jardín pero en el casco urbano o a las afueras. Lo que en Cataluña se denomina torre.

(2) El lamé es un tejido realizado con hilos metalizados, generalmente dorados o plateados.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...