La Fornarina y otras cupletistas que marcaron una época

La Fornarina y otras cupletistas que marcaron una época: mujeres ayer admiradas, hoy olvidadas
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viernes, 11 de febrero de 2011

LA FORNARINA XI: La estrella errante


Fornarina fotografiada por Calvache, promocionando
el perfume "Violeta Tenax" en 1910

Después de su triunfal presentación en la Comedia, Consuelo vivirá unos años (desde 1910 hasta principios de 1913) caracterizados por la estabilidad, tanto en el terreno artístico como en lo personal.

Una estabilidad que no se basaba precisamente en el sedentarismo: hasta casi el final de su carrera, Consuelo no dejará de hacer giras por toda España y seguirá actuando en el extranjero, donde seguirá siendo contratada en los teatros parisinos principalmente, aunque también en Londres, Berlín, Viena, etc. De hecho seguirá teniendo su domicilio oficial en París, a efectos de su contratación, y residirá en hoteles (especialmente el Palace, a partir de 1912) durante sus estancias en Madrid, entre viaje y viaje.
Se ha convertido en una mujer muy rica y ya está buscando el ansiado hotelito, en el que sueña retirarse al final de su carrera. Su fortuna en joyas no hace más que aumentar, y se basa sobre todo en sus propias adquisiciones, aunque también en los regalos de sus admiradores. En 1913 será víctima de un presunto intento de estafa por parte del joyero Lacloche, francés con tienda en la calle Sevilla de Madrid (los hermanos Lacloche se harían años más tarde muy famosos por sus joyas art decó). El joyero y la cupletista terminarán en los tribunales, pero esto forma parte de otra historia que merece su propio intermedio.
Mientras tanto, entre joya y joya, Fornarina continúa actuando. Y a pesar de ser una figura indiscutible, sigue teniendo desencuentros con el público, con sus pequeños escándalos incluidos.
El 2 de junio de 1910 tiene un debut inolvidable en la sala Novedades de Málaga. De lo que pasó en realidad, pocos datos nos han llegado, pero es el caso que un gesto o ademán de Fornarina durante su actuación, es interpretado como un desaire, incluso como un insulto, por el público malagueño. Al parecer dicho gesto fue una especie de "corte de mangas" que Fornarina siempre sostuvo que no fue tal sino un movimiento que formaba parte del número que estaba interpretando. Pero el escándalo fue mayúsculo y llevó al público a protestar en la céntrica calle Larios, organizándose una espontánea manifestación de indignados espectadores que duró hasta la madrugada. Resultado: Fornarina rescindió el contrato con el Novedades, siempre justificándose en que había sido malinterpretada.


Aspecto del interior del teatro Novedades de Málaga

Del incidente de Málaga se habló poco en la prensa. Pero es reseñable el tono serio de los artículos que a él se refieren, teniendo en cuenta que los pequeños escándalos de las cupletistas y sobre todo los de Fornarina, la favorita del público, siempre habían sido tratados por la prensa con simpatía y buen humor, incluso con un punto de comicidad. Esta vez el tono ha cambiado, en parte debido al cambio de estátus de Consuelo, que ha pasado de gentil divette a indiscutible diva de los escenarios. Pero también a cierto sutil cambio en el gusto de público y crítica con respecto al género del cuplé. El descaro ya no vende y ahora ya no basta con que la cupletista sea fina y educada, además tiene que parecerlo y ejercer de ello.

La destartalada plaza de Nador, bautizada por los
españoles como Puerta del Sol, en 1912

Olvidado el escándalo del Novedades, el día 10 Fornarina está actuando en Melilla. Junto con unos amigos hace una excursión a Nador, colonia española en el Rif en aquellos momentos y destino turístico más que dudoso. De esta visita nos queda esta crónica humorística que apareció en "Madrid Cómico":


"Melilla, 10 (7 tarde).- Fornarina sin novedad, a pesar atracón higos chumbos. Visitó Barranco Lobo. Habló con moro Gato. Hoy ha estado en una batería examinando piezas artillería Saint-Charmont; aseguró haberlas visto mayores. Por la tarde fue a Nador, atravesando los arroyos del Jemis. La penetración pacífica de Marruecos, por lo que se ve, es un hecho. Fornarina me ha autorizado para que haga público su propósito de abandonar el trabajo chico y dedicarse al gran trabajo, o sea la alta comedia."

Continúa con su gira española y en el mes de julio está actuando en el Gran Vía de Barcelona, donde el día 20 tendrá lugar la actuación de su beneficio(1). Barcelona, ciudad de gran tradición en el cuplé y cuna de excelentes artistas del género, siempre le dispensó a Fornarina una cálida acogida, a pesar de sus reticencias hacia todo lo que viniera de Madrid.
Después de unos días de vacaciones y antes de su regreso a París para la temporada de otoño-invierno, Consuelo acude al teatro Arriaga de Bilbao pero no como artista sino como espectadora, para asistir a la representación de "La brocha gorda", sainete cómico-lírico donde su amiga Loreto Prado hace una celebrada imitación de Fornarina.


Loreto Prado fue una cómica de enorme talento,

que se ha merecido tener calle y monumento en Madrid

En el caso de la genial Loreto, más que imitación lo que hizo esta gran actriz fue una acertada recreación humorística de su apreciada amiga. Sin embargo, no fueron precisamente imitadores lo que le faltaron a Fornarina en cuanto alcanzó el estrellato.
El más célebre fue el transformista e imitador de estrellas, Ernesto Foliers. Durante 1911 fue primera figura en el Price de Madrid haciendo imitaciones de Fornarina y Amalia Molina, entre otras. Dedicado en exclusiva a las cupletistas, llegó a ser un artista muy bien considerado en las variedades. No fue el único transformista que llevó el personaje de Fornarina en su espectáculo, y también fueron muy aclamadas las imitaciones de Graells o Salmar.


Ernesto Foliers fue uno de los grandes transformistas de su tiempo

El transformista Salmar "clavando" a Fornarina

Otra imitadora, aunque sólo fuera en el nombre, fue Lolita Juan, "La Petite Fornarina", que en abril de 1911 actuaba en Madrid y era anunciada en el cartel de Lo Rat Penat como cantante de couplets "Jupe-culotte". El nombre lo dice todo y poco más sabemos sobre ella.
Cierto es que estos imitadores, de mayor o menor talento, surgieron precisamente en los años en que Fornarina actuaba frecuentemente en el extranjero, valiendo así como una suerte de suplentes de la estrella, para un público que probablemente añoraba a una Fornarina de carne y hueso, tan auténtica como ausente.

Reseña de la actuación de Yvette Guilbert en Madrid

En 1911 Consuelo es la cupletista más famosa y mejor pagada. Su agenda es apretada: el 15 de febrero debuta en el Novedades de Barcelona; vuelve de París en abril para asistir, el 4 de abril, a la actuación de Yvette Guilbert en el teatro de la Comedia "desde un palco y luciendo elegante toilette"; el 2 de mayo debuta en el Principal de San Sebastián, el éxito es sonado y es contratada para la temporada de verano; del 22 al 25 de mayo está actuando en Oviedo; procedente del extranjero regresa el 23 de julio a San Sebastián, donde actúa hasta el 25, fecha en la que se celebra su beneficio y en el que le regalan "una sombrilla con un topacio en el puño más grande que una almendra"; sale corriendo al día siguiente para Lisboa, donde ha sido contratada. Vamos, que no para.

El puerto de San Sebastián a comienzos del siglo XX,
con la bahía de La Concha al fondo


Elegantes paseando por el bulevar de San Sebastián en 1907


San Sebastián es a principios del siglo XX el destino estival favorito para la realeza y la aristocracia españolas. La burguesía y, en general, la gente "bien" pusieron de moda la capital donostiarra para los veraneos elegantes y glamurosos. Fornarina no es ajena a esta moda -para glamurosa, ella- y regresa en agosto para pasar allí unos días como una bañista más. Los veraneantes comentan la repentina abundancia de Don Procopios, (algo así como "viejos verdes") en la playa de la Concha, que acuden al reclamo del espectáculo gratuito de la temporada: "El baño de la Fornarina".

Aspecto de la abarrotada playa de La Concha en el verano de 1912

Estas actuaciones veraniegas en lugares de la costa española (y también francesa) pueden parecer unas vacaciones encubiertas, pero en realidad era algo muy común entre los artistas de variedades, ya que en esta época del año era en los centros de veraneo donde se encontraba el público más selecto y pudiente, aquel que precisamente podía permitirse unas vacaciones en la playa. En el caso de Consuelo, las vacaciones son breves y a finales de agosto está actuando en el Salón Pinacho de Vigo, ciudad también costera y turística, muy aficionada al cuplé y a Fornarina.


La Puerta del Sol de Vigo a principios del siglo XX

En septiembre, entre actuación y actuación, todavía tiene tiempo Fornarina para que surga la inevitable serpiente de verano, esta vez a su costa: se habla, se dice, se rumorea que Consuelo está a punto de casarse con cierto joven literato(2). Ella lo desmiente, divertida, y dice que es sólo uno de sus muchos amigos y admiradores y que ella está casada con el arte. La respuesta se balancea peligrosamente entre la vanidad y la frase hecha, pero no por ello deja de ser cierta: a Consuelo no le faltan los admiradores y, ciertamente, no se le conoció unión más duradera que la que tuvo con monsieur couplet. Teniendo en cuenta la muy especial clase de relación existente entre Consuelo y Cadenas, alimentada a base de achares, rupturas y reconciliaciones, no sería de extrañar que este rumor hubiera salido de la propia Fornarina.


En esta imagen promocional que simula el saludo tras la función,
podemos ver a Cadenas, Fornarina y Quinito tal como eran en 1911

Por estas fechas surge otro rumor sobre otra boda, esta vez entre Bombita y La Goya. En este caso las flechas de los periodistas estuvieron más cerca de dar en el blanco pues, aunque nunca hubo boda, sí hubo relación -larguísima y muerta de puro aburrimiento- entre el torero y la cupletista.

La Goya y Bombita , pareja de tronío que no pudo ser

Precisamente en este año de 1911, un lunes 20 de febrero se casaron, muy discretamente, otra cupletista y otro torero: Pastora Imperio y Rafael Gómez "El Gallo", gitanos ambos, tremendos los dos. La famosa novia había sido raptada unos días antes por el no menos famoso novio y se celebró el enlace en el máximo secreto, con oscuras nubes de celos, oposiciones familiares, superstición y tradiciones gitanas cerniéndose amenazadoras sobre los contrayentes. La amenaza se cumplió y su unión duró poco -se divorciaron antes del año-, y sigue siendo, todavía hoy, fuente inagotable de todo tipo de especulaciones.


Pastora Imperio y la pesadilla de su boda

Estas parejas desgraciadas fueron una constante en la vida de las más célebres artistas de aquellos tiempos: Fornarina, Raquel Meller, Goya, Pastora Imperio y otras, tuvieron serios problemas para establecer uniones duraderas y estables. En aquellos tiempos una mujer tenía que renunciar a su carrera, en caso de tenerla, si quería casarse con un hombre de ideas tradicionales, que eran casi todos. Paradigmático es el caso de La Goya, que acabó casándose con Tomás Borrás -tras el interminable noviazgo con Bombita-, pero solo una vez que hubo abandonado los escenarios.
Acaso el obstáculo mayor para la estabilidad sentimental de estas mujeres fuera precisamente el de verse obligadas a olvidar sus ambiciones artísticas, renunciando a un éxito conseguido a base de enormes esfuerzos y sacrificios, muchas veces en el punto más álgido de sus carreras. Acaso el obstáculo fuera un pasado demasiado libre u oscuro, en el caso de Consuelo, que no era admitido fácilmente por un hombre español de hace un siglo, por muy liberal que fuera en sus ideas y actuaciones. O acaso simplemente fuera mejor así y la ruptura suponía, más allá de lo inevitable, lo deseable para ambos. Especialmente para ellas.

(1)Las actuaciones de beneficio de los artistas eran una costumbre muy corriente en aquellos años y consistían en una representación, generalmente la última, en la que el importe de la taquilla se ponía a disposición del artista en cuestión o de alguna obra benéfica de su elección. También recibía, por parte de admiradores o compañeros, diferentes obsequios.
(2)El nombre no se dice, aunque pudiera tratarse del omnipresente Enrique de Mesa.

viernes, 4 de febrero de 2011

Fornarina canta "La canción del Rhin"


"Las alegres chicas de Berlín, para soñar se van al Rhin..."

Este precioso cuplé sentimental de Fornarina es uno de sus temas más conocidos y más entrañables.
Ese temblor en su voz al comienzo de la canción era muy propio de Consuelo y siempre se consideró, más que como defecto, como un distintivo encantador, claro exponente de su candor y su naturalidad en escena.
Compuesto por Cadenas y Valverde en uno de sus mejores momentos de inspiración, tuvo una gran acogida en su época. Su cadencia de fox-trot a la alemana unida a una letra entre juguetona y romántica, nos suena ahora -más de un siglo después- a nostálgica evocación de un tiempo y unas costumbres tan deliciosas como irrecuperables.

viernes, 21 de enero de 2011

LA FORNARINA X: Manón


En 1913 algunas publicaciones se hicieron eco de un rumor
sobre cierto amor trágico relacionado con Fornarina

La relación de José Juan Cadenas y Fornarina fue, como ya hemos visto, cualquier cosa menos convencional y estable. De cara a la opinión pública tenían oficialmente un noviazgo, larguísimo noviazgo, que no llegó nunca al matrimonio. De hecho vivían "amancebados", que era el nombre con que entonces se denominaba a la convivencia de pareja sin papeles ni altares de por medio.
En el mundo del espectáculo no eran un caso aislado, ni tampoco en las clases populares. Los motivos eran variados: desde un casorio anterior, en una época sin divorcio, hasta unas ideas anticlericales o agnósticas, ya que el matrimonio pasaba necesariamente por la iglesia sin posibilidad de unión civil. En las clases bajas una excusa corriente era la falta de dinero, necesaria al parecer para celebrar el bodorrio.
Este tipo de parejas, que ahora llamamos "de hecho" han existido siempre, también en países tan católicos como España y en tiempos tan aparentemente apegados a la tradición como los comienzos del siglo XX. En general, para el común de la sociedad, no estaba ni bien ni mal visto, sino todo lo contrario... Para la aristocracia, la alta burguesía o la clase media más o menos acomodada, el amancebamiento, simplemente, no era admisible. Lo podían hacer otros, "los demás", pero nunca "los nuestros".

Una boda burguesa como Dios manda: novios candorosos,
elegantes invitados y niñas con cestitos de flores

Y dentro de la categoría de "los demás" entraban sin duda los cómicos, los por siempre libres miembros del mundo del espectáculo. Era bastante común la convivencia sin papeles entre parejas de actores, bailarines y otros artistas de varietés, debido a las agotadoras tournés por España o el extranjero, a la inestabilidad laboral y por tanto económica, y sobre todo a un talante más libre, menos encadenado a las formas que el de la burguesía. Así que, como vemos, Fornarina y Cadenas no fueron excepción. Aunque también extraña la duración de su convivencia sin haberse decidido a dar el paso al matrimonio, teniendo en cuenta que ambos eran solteros, su estabilidad económica estaba asegurada y al menos Consuelo era creyente practicante. Los altibajos de su relación o el carácter tempestuoso de ambos les habrían llevado a no haber dado nunca el paso definitivo hacia el altar, pero no son más que conjeturas. El caso es que todo el mundo lo sabía pero, por supuesto, no era algo que se pudiera contar en la prensa. De cara a la galería y a las galeradas, ellos eran novios formales.
Pero estos novios, ay, no sólo discutían y se separaban temporalmente, como todos los novios, sino que además se engañaban que era un primor. Especialmente Cadenas, hombre al fin, en una época en que el hombre era el rey del harén sin discusión. Pero Consuelo también hizo de las suyas, aunque con matices, probablemente llevada por los celos y el despecho, buscando la reacción por parte de un Cadenas indiferente o ausente. Lo que entonces se llamaba dar achares.
En 1915, poco antes de su muerte, contó en una entrevista para "El Heraldo de Madrid" (que merece entrada aparte), que era mujer de un solo hombre, que en su vida había un único amor y que éste era José Juan, su Pepe, al que todo le debía y sin el que no hubiera llegado a ser nada en la vida.


Consuelo Torres, Manón, un personaje más en la
tragicomedia de Fornarina

Desgraciadamente, su Pepe hacía aproximadamente un año que había roto con ella y de muy mala manera: prohibiendo legalmente a Consuelo cantar sus composiciones y arreglos, es decir, sus temas más conocidos y solicitados. Mientras tanto, le componía todo un nuevo repertorio a otra Consuelo, Consuelo Torres para más señas, Manón para el mundo del espectáculo.

Manón luciendo diseños de Paquin

¿Quién era Manón? Pues una de tantas. Suena poco objetivo pero es la verdad. No llegó nunca a ser una artista famosa aunque sus comienzos fueron prometedores. La prensa ensalzó su figura esbelta, "alta, gentil, graciosa como una palmera del desierto", elogiaban su finura y delicadeza, su elegancia en el vestir y la elección de su repertorio, variado y culto. Es cierto que al lado de sus compañeras Manón destacaba por su estatura y su esbeltez; de hecho en sus fotografías de estudio posa como una maniquí profesional. Incluso se le dedicó una coplilla:

"Vecina, linda vecina,
la de la silueta fina
y airosa como Manón,
la que desde la otra acera
me hirió con la espina artera
que tengo en el corazón"

No era exactamente una cupletista, sino una diseuse. Ella misma reconocía tener en sus comienzos una voz de "grillo" y asistía a clases de canto en la academia del célebre maestro Larruga, autor de alguno de sus primeros temas.


El maestro Larruga en su prestigiosa academia,
aquí ensayando con los Hermanos Marcén

Pero lo más repetido en sus declaraciones a la prensa es su intención de no quedarse en el género ínfimo, poder afinar su voz hasta el punto de cantar en operetas, interpretar comedias e incluso llegar a hacer teatro serio, es decir, en verso. Y mientras llegaba esa nueva edad de oro del teatro español, Manón actúa en teatros como el Trianón Palace de Madrid (donde acabó diciendo que no volvería ni aunque le pagaran 5.000 pesetas diarias), el Novedades de Valencia, el Salón Madrid o en el casino de El Sardinero, entre otros. Hace giras por provincias e incluso actúa en Francia, concretamente en San Juan de Luz. En realidad, hace de todo: posa para reportajes de moda, hace publicidad de peleterías, se presenta a concursos de belleza, realiza reportajes publicitarios de dudosa efectividad, interviene en cabalgatas benéficas... Cualquier cosa con tal de darse a conocer y alcanzar el éxito soñado.


Tiples y cupletistas haciendo el paseillo, una extravagante idea
publicitaria de la época. La primera por la derecha es Manón

En su repertorio decía llevar tanto cuplés como canciones, diferenciando así sus contenidos. Sus toilettes eran esmeradísimas y fueron famosas sus pelucas, especialmente una rubia que era su preferida para actuar y con la que aparece en muchas de sus fotos. Tenía un bonito cabello castaño natural pero decía preferir llevar esta peluca cuando se puso de moda el pelo corto y rizado, no estando dispuesta a sacrificar su melena. No puedo evitar pensar que con esto intentaba emular a Fornarina, famosa por su cabellera rubia, a quien Manón confesaba admirar hasta la devoción, así como a otras compañeras consagradas como Preciosilla o la Goya. De hecho, uno de sus sueños era llegar a ser como la Goya, una tonadillera del siglo XVIII en pleno siglo XX.


Manón en segundo plano, acompañada por
Pepita Sevilla en una cabalgata

En su apariencia y modales, dentro y fuera del escenario, Manón era el vivo ejemplo de la elegancia, la sofisticación y la delicadeza. Su vida personal era otra cosa. Decía ser huérfana de padre militar, que su madre, su hermana Paquita (posteriormente también artista) y ella tenían que vivir con muchas privaciones a causa de una exigua pensión y que por ello decidió dedicarse a un género, el cuplé, que despreciaba. Pero lo más sabroso de su biografía era la existencia de un hijo que al parecer tuvo a la temprana edad de catorce años, tras haber sido seducida por un diplomático que posteriormente se desentendió de ella y del niño, casándose con otra mujer.


Detrás del aspecto delicado de Manón se escondía
una personalidad atormentada

Su pasado de madre soltera (y adolescente) contrastaba vivamente con su imagen de mujer sofisticada, dueña de su destino y con las ideas muy claras. No se avergonzaba de nada, contando su historia a los periodistas sin ambages ni medias tintas. En una entrevista que le concedió al Duende de la Colegiata reconoció su pasado de madre soltera sin que le temblara la voz, pero su aparente fortaleza se quebró cuando le planteó al periodista la injusticia de su situación, cuando recordó el abandono al que fueran sometidos ella y su hijo, sin consecuencia alguna para el "infame diplomático". Entonces, según el Duende, "un relámpago sangriento se vió pasar en sus ojos".


La elegancia de Consuelo Torres era innegable

No tengo el dato de cuándo conoció a Cadenas ni en qué circunstancias. Es posible que Manón acudiera a él en busca de un nuevo repertorio, aquel que le daría el éxito que hasta el momento se le mostraba esquivo. Puede ser que fuera Cadenas el que se fijara en ella y le ofreciera lo mejor que tenía, aquello que ya le había dado antes a Fornarina: sus temas, su consejo, su formación y sus influencias.
No sé si Cadenas vio en Manón una Fornarina en ciernes en la que volver a ejercitar sus dotes de Pigmalión o si lo que vio fue precisamente todo lo contrario de lo que representaba Fornarina, y de ahí su atracción. El caso es que los pocos datos que existen sobre la dramática ruptura entre Cadenas y Fornarina, independientemente de sus orígenes y su evolución, llevan siempre el mismo nombre como detonante: Manón.
Pero no parece que la historia diese para mucho más. Manón no fue la primera ni la última en la vida de José Juan Cadenas, que ya había tenido sus aventurillas con alguna que otra divette antes y durante su relación con Fornarina. No parece tampoco que prosperara su unión profesional y el famoso nuevo repertorio que se suponía iba a relanzar la carrera de Manón, no alcanzó el éxito esperado. Posteriormente Cadenas se casó, pero no con Manón precisamente.


Manón posando para la publicidad de la
"Peletería Arturo Ventura" en 1919

De las ambiciones artísticas de Manón, pocas se cumplieron por no decir ninguna: en 1911 llegó a ser una doña Inés bastante aceptable en una función benéfica en el teatro de la Comedia en la que don Juan era, ni más ni menos que don Jacinto Benavente. Manón decía que todo había partido de una especie de broma y que ensayaban paseando por la calle ante el asombro de los transeúntes o sentados en los bancos de la plaza de Santa Ana, en Madrid. Todo bastante amateur e improvisado. Y aunque recibió buenas críticas por su doña Inés, no parece que el mundillo del teatro de verso la tomara en serio por esta interpretación, considerándola una pequeña boutade, eso sí, con buenos fines: un asilo de tuberculosos.

Señoras y señores, con ustedes Jacinto Benavente
como Don Juan Tenorio...

En los prometedores comienzos de su carrera llega a cantar ante la infanta Isabel, en una función a beneficio de la Asociación de la Prensa, un tema llamado "La danza de Mimí" que no era de Cadenas sino de un tal Escamilla.
Y este Escamilla se pregunta, en un artículo para un semanario ya a finales de 1915, qué ha sido de Manón y de sus primeras intenciones de dejar el cuplé y pasar a la opereta, para después cambiar de opinión y volver otra vez al cuplé. Nada sabe de ella y lo lamenta. Termina su artículo diciendo: "Manón fue y debe ser". Y, efectivamente, Manón fue el detonante de la separación de Fornarina y Cadenas, y gracias a ello su historia debía ser conocida, llegando hasta nuestros días no precisamente gracias a la fama artística conseguida por su protagonista.

Manón obtuvo el cuarto premio en un concurso de belleza
organizado por la marca de cosméticos Peele

Siguió actuando en las variedades, en papeles cada vez de inferior categoría. En 1919 se presenta a un concurso de belleza y queda en el cuarto puesto, ganando 300 pesetas. Al final ha claudicado, cortando su melena bajo los dictados de la moda de 1919, teñida definitivamente de rubio. Buscó fortuna fuera de España, en algún país sudamericano, y allí se pierde su rastro.
No resulta difícil imaginarse a esta mujer, elegante y ambiciosa, rebajando sus aspiraciones con tan escaso resultado, siendo capaz de hacer prácticamente cualquier cosa por ganar un dinero con el que mantener a su hijo. Suena a melodrama, pero no se trata de una representación sino de la vida misma.
Consuelo Torres "Manón": una diosa olvidada

En un reportaje de 1929 para la revista gráfica "Nuevo Mundo", expresivamente titulado "Las diosas olvidadas" aparece, entre otras, Manón. El reportaje está firmado por Carlos Fortuny, seudónimo de Álvaro Retana y en él recuerda a Manón por su "pintoresca rivalidad con la Fornarina" y se pregunta cómo aquella "rubia beldad de aristocrática elegancia" ha pasado a formar parte del grupo de Totó, La Goyita, Eugenia Roca y otras diosas olvidadas, frágiles celebridades, reinas por un día y poco más.

jueves, 9 de diciembre de 2010

LA FORNARINA VIII: La conquista de Europa

París durante la Exposición Universal de 1900,
la capital del mundo

Como ya os he contado, tras su enorme éxito en el Apollo de París Fornarina fue fichada por la agencia artística más prestigiosa de aquella época, la de Monsieur Marinelli. Este avispado agente y empresario representó a las más ilustres figuras de variedades de la Belle Époque. Consiguió para Fornarina actuaciones en diversos teatros y music-halls parisinos, tan conocidos como el Folies Bergère, Olimpia, Parisiana o el Ambassadeurs.
Fachada del Folies Bergère a finales del XIX

Consuelo se instala en París, como prueba el hecho de que figurara como su dirección el número 49 de la rue Godot de Mauroy de la capital francesa(1), a efectos de su inclusión en las listas de la Asociación de Artistas de Variedades de España. Esta dirección, acaso un apartamento alquilado por ella y Cadenas, acaso la sede de la agencia Marinelli, se encontraba muy cerca del teatro Olimpia, de la Opera Garnier (la seria) y de La Madeleine.

Fornarina, Cadenas y Quinito, un trío de muchísimo cuidado,
preparándose para la conquista de París

La relación con José Juan sigue teniendo sus altibajos. En su calidad de corresponsal de ABC, Cadenas viaja por toda Europa durante estos años, enviando reportajes desde Roma, Berlín, Viena y otras capitales europeas, siendo excepcional testigo del final de la Belle Époque y de la decadencia de los antiguos regímenes. La Gran Guerra -nombre por el que se conoció la Primera Guerra Mundial hasta que acaeció la Segunda- se cernía ya sobre el continente europeo dando vagas pero incontestables señales de vida o, mejor dicho, de muerte. Mientras tanto, unos años antes de convertirse en corresponsal de guerra, Cadenas envía al ABC crónicas de todo tipo, la mayoría de ellas sobre los políticos y las monarquías, otras sobre la vida cultural e, incluso, sobre moda. Acaso las más curiosas de estas crónicas fueron las que protagonizaba un tal Don Procopio, español de Zaragoza por más señas. Este personaje ficticio, una especie de prototipo del españolito de posibles, vive en la Ciudad Luz toda clase de aventuras y desventuras, más de estas últimas que de las primeras debido a su afán conquistador y a su actitud de "todo vale" en la supuestamente pecaminosa ciudad de París.

El París de 1907, amplias avenidas y espíritu abierto

Entre 1907 y 1910, año en el que regresaría a España en olor de multitudes, Fornarina tendrá en París su centro de operaciones, desde el que se trasladará para sus diversas actuaciones por toda Europa: salas y teatros como el Alhambra de Londres, el Palais Soleil de Montecarlo, el Folies Bergère y el Apollo de Berlín, el Kursaal de Lucerna, así como en Viena, Hamburgo, Leipzig, Budapest, San Petersburgo, Copenhague, Suecia, Noruega, ... y en su Madrid del alma, of course.

Fornarina promocionando su debut en Lucerna:
la imagen es delicada, casi virginal

Todo los viajes continentales los hacía Fornarina, como es de suponer, en tren. Los de largo recorrido en los cómodos y coquetos wagon-lits , y los más cortos en primera clase, que para algo su caché era ya de 2.000 francos, toda una fortuna. Precisamente en uno de estos viajes en coche-cama le ocurrió a Fornarina una curiosa aunque algo terrorífica anécdota, por mor de un admirador. La contaré en un Intermedio, se lo merece.

Los wagons-lits llegaron a servir de argumento en espectáculos
teatrales, no es de extrañar si todos eran como éste ...

Todas las primaveras, "como las golondrinas", estuviera o no actuando en el extranjero, Fornarina regresaba a Madrid. Contaba en las terrazas de París a quien la quisiera escuchar y con su peculiar acento de gommeuse madrileña, que necesitaba volver a su tierra periódicamente, lo necesitaba para vivir, para poder seguir disfrutando de su fama, como se necesita respirar o la luz del sol. No perdonaba estas actuaciones, estuviera donde estuviese, la reclamaran de donde la reclamasen.

Consuelo ensayando con Quinito,
antes de su debut en el Olimpia

El autor de su repertorio junto con Cadenas, Quinito Valverde, crea para ella sonados éxitos, algunos de ellos adaptaciones de couplets franceses o alemanes, otros originales como "El Polichinela", que Fornarina canta en francés y allí se llama "La Polichinette" o el famosísimo y españolísimo "Clavelitos", que será uno de los temas más solicitados por el público internacional.

Fornarina con peineta y mantilla,
a lo Carmen de Mérimée (o de Bizet)

Fornarina en el número de "La Polichinette",
actuando en la
"Gran Revue" del Olimpia

Su repertorio, en español y francés, es más recatado, más dulce, más delicado que el de sus comienzos. Cuando tiene que ser picante subraya con gestos atrevidos pero al mismo tiempo elegantes el mensaje de la canción. Puede ser de una gran discreción, casi rayana en la timidez o subrayar la melancolía de alguno de sus temas con unas oportunas lágrimas. Es ya toda una artista del cuplé, y convierte cada una de sus canciones en toda una pequeña historia emocionante, conmovedora, alegre o excitante. Sus toilettes son deslumbrantes, abandonando el uniforme de cupletista por esmerados atuendos confeccionados en los mejores talleres parisinos para espectáculos, como el del modisto Pascaud.

Fornarina vestida por Pascaud

Y entre actuación y actuación su vida en París fue tan maravillosa como podríamos imaginar. Además de su colaboración artística, Quinito y Consuelo son grandes amigos y junto a José Juan Cadenas -a menudo en su ausencia-, recorrían los bulevares y cafés parisinos. Alternaban con otros artistas del espectáculo tanto franceses como con compatriotas españoles o de otras nacionalidades. París los acogía a todos, para todos tenía un público expectante, ansioso de novedades y muy entendido que, en contrapartida, no a todos coronaba con los laureles de la fama.

Quinito y Consuelo en París con un grupo
de artistas españoles en 1910

Era el París de las grandes figuras del music-hall y de los espectáculos de cabaret, con mayores medios y tradición que en España y un tono bastante más atrevido. Estrellas cuya luz ha llegado hasta nosotros como la incombustible Mistinguett, la mítica Yvette Guilbert, un principiante Maurice Chevalier, la exótica y muy original Polaire(2) y su amiga, la célebre escritora Colette, entre muchos otros.

Yvette Guilbert fue musa de Tolouse-Lautrec y tuvo una
larga carrera, llegando a actuar en España

Mistinguett, el mito indiscutible de las variedades en París,
fue la primera artista en asegurar sus piernas
Polaire fue la estrella del cabaret parisino.
Su cintura estrechísima,
casi imposible,
le hizo muy famosa al principio de su carrera

Pero para célebres las extraordinarias cocottes y demi-mondaines de la Belle Époque. En 1907, cuando Consuelito llega a París, algunas de ellas debido a su edad están ya en franca retirada, pero hay otras aún esplendorosas, rodeadas todas ellas de un aura de belleza y estilo, lo que hoy en día llamaríamos glamour.

La Bella Otero: guapa, gallega y jugadora

Algunas de aquellas mujeres fueron: La Bella Otero, Tórtola Valencia, La Tortajada, españolas las tres, la italiana Lina Cavaliéri, la holandesa Mata-Hari, las francesas Lian de Pougy, Emilienne d'Alençon, Cleo de Mérode o Loïe Fuller. Cantantes, bailarinas o diseusses de gran o escaso talento, todas hermosas como diosas, adornadas con fabulosas joyas, rodeadas de admiradores, caprichosas, atrevidas, originales y modernísimas a la manera de su tiempo. Mimadas criaturas del mal, adoradas como diosas paganas, seguidoras de algún que otro vicio, causantes de casi todos ellos ...

Mata Hari haciendo strip-tease.
Esto en España no se veía ...

Tan sólo en la época dorada de Hollywood surgiría otro grupo de deslumbrantes estrellas que pudiera competir en encanto y glamour con aquellas irrepetibles criaturas de la bella época. Flores únicas, de rara y espectacular belleza, los vientos terribles de la guerra las deshojó a casi todas, cuando los gustos del público -y de los hombres- cambiaron radicalmente.

Y en este París, en esta Europa extraordinaria anterior a la Gran Guerra, Fornarina vive su momento más dulce y, por qué no decirlo, el más lucrativo. A sus veintipocos años ya está empezando a planificar, como por otra parte hacen todas sus compañeras del cuplé, una retirada de lujo a través de las joyas, el hotelito, los bienes inmuebles, los depósitos, intereses, acciones y todo lo que sirva para darle seguridad a una mujer como ella: la hija de la calle hoy encumbrada que sabe que tarde o temprano en la calle terminará, si antes no sabe asegurarse el porvenir.

(1) La calle sigue existiendo, no así el número. Es ya la segunda vez que nos sucede en la historia de Fornarina y aún falta una tercera.
(2) De Polaire tenéis un enlace en este blog en las imágenes laterales. Entrad, merece la pena conocer a esta inimitable artista.

viernes, 3 de diciembre de 2010

LA FORNARINA VII: Los sueños vienen de París

Una sofisticada Fornarina le sonríe al futuro

José Juan Cadenas es nombrado corresponsal en Berlín del diario "La Correspondencia" en 1905. Una vez en la capital alemana, se dedica a enviar crónicas informando sobre los supuestos triunfos de Consuelo no tan solo en Berlín, sino también en París y Londres. Lo más curioso del caso es que Fornarina no había actuado en ninguna de estas capitales, todavía, y la labor de Cadenas fue más propagandística que otra cosa. Años después, durante la 1ª Guerra Mundial y siendo corresponsal de ABC, fue duramente criticado por enviar crónicas desde el frente europeo ... mientras se encontraba tan tranquilo en su domicilio de Madrid. El prestigioso periódico salió en su defensa, justificándolo con complicadas tramas de envíos postales diferidos, pero ya sabemos cómo se las gastaba el Sr. Cadenas. En fin, genio y figura.
El caso es que la prensa española se hizo eco de estas falsas informaciones sobre los éxitos en el extranjero de la "rubia y elegante Fornarina" y la consideraban ya como el paradigma del couplet francés, picante sin caer en la grosería "como otras divettes" y se especulaba con la posibilidad de que cruzase el charco rumbo a las Américas. Al mismo tiempo surge de nuevo la pregunta -retórica- que acompañó a Fornarina desde sus comienzos: ¿por qué no abandona el género ínfimo y se dedica a más prestigiosas empresas?
Consuelito en pose de género ínfimo

Consuelo continúa trabajando en España principalmente, aunque actúa a menudo en Portugal donde, por cierto, le toca la lotería. No en sentido figurado, no: literalmente le toca el premio "gordo" de la lotería nacional portuguesa y gana una pequeña fortuna que invierte, entre otras cosas, en un majestuoso mantón de Manila.
Durante 1905 y 1906 , Fornarina sigue actuando en Madrid, en el Actualidades (con Amalia Molina y Pepita Sevilla, entre otras), Romea (con Chelito y La Czarina, cupletera con truculenta historia que merece un intermedio), en Novedades (donde en diciembre de 1905 se enfrentó a unos espectadores, con la consiguiente suspensión de la representación y el consiguiente escándalo), en el Central Kursaal (junto con Pastora Imperio, Malaguita y la Camargo), etc.
En octubre de 1906, actuando en el Circo Villar de Murcia, se produce un alboroto porque el público le pide un repertorio más picante, menos decoroso y más sicalíptico. Ella, muy suya para sus cosas, se niega y se arma "la del pulpo", que en aquella época se denominaba "la de San Quintín" por lo de la batalla, supongo.
Es tan famosa que se habla de ella para bien y para mal, verdades, medias verdades y mentiras completas, rumores y bulos incluidos. El más célebre bulo acaso fuera el de su supuesta excomunión. Para alguien tan creyente como ella, debió de ser un rumor muy doloroso. Afortunadamente duró poco y la prensa, prudente, enseguida rectificó.
Consuelito en pose devota, y en verdad lo era

En 1907 Cadenas regresa a España. Su relación con Consuelo estaba todo lo consolidada que sus personalidades y circunstancias permitían. Se habían visitado mutuamente durante los años en que él permaneció en Berlín, aunque al parecer tanto el uno como la otra mantenían romances o "tonteos" con unas y con otros.
El caso es que, al volver a Madrid, José Juan y Consuelo se van a vivir juntos a un piso alquilado en el número 126 de la calle de Hortaleza(1). Les acompaña Nati, la ayudante, modista, secretaria y confidente de Fornarina. Lo que ahora consideraríamos una asistente personal. De cuándo y cómo se conocieron, nada sé. Lo que sí se sabe es que, tras pasar un período de alejamiento, el día de la muerte de Fornarina la incombustible y leal Nati estaba a su lado (hay una conmovedora foto en el hospital, que en su momento os enseñaré).
En 1907 se produce un hito en la carrera de Fornarina: estrena en el Kursaal Central "Las aventuras de Don Procopio en París" de Cadenas y Alvaro Retana, tema más conocido como "La machicha", en realidad una adaptación al español de la adaptación francesa de un baile de incierta procedencia sudamericana ... un lío que merece entrada aparte.
Después Consuelo debuta en Price junto a Pepita Sevilla, se despide para debutar en Lisboa en febrero, para a continuación regresar a Price y actuar con La Malagueñita, entre otros.
En agosto la Asociación de la Prensa da una fiesta en Parisiana, a la que acuden y en la que actúan estrellas del music hall del Romea, entre las que se encuentran Fornarina, Amalia Molina, La Cachavera, Candelaria Medina y otras. Pero ya para entonces Consuelo ha dado el salto ya que Cadenas ha sido destinado a París como corresponsal de ABC y, fiel a su cometido como agente artístico, le ha conseguido a su bella amante un ventajoso contrato en el teatro Apollo parisino.

"Los abonados" de Jean Beraud, 1907. Una elegante pareja
parisina acude a su palco del teatro

Hay que recordar que estamos refiriéndonos, nada más y nada menos, que al París de la Belle Èpoque. Sus calles y monumentos, el ambiente artístico y cultural, los museos, galerías de arte, restaurants, cafés y teatros, son el modelo a seguir. Triunfar en París es triunfar en el mundo. Alcanzar la fama en París, aunque sólo sea por unas horas, es tocar el cielo con las manos. Y el cielo toca con sus manos la gentil Consuelito, la niña lavandera del Manzanares, cuando llega contratada al teatro Apollo, de hecho uno más de los muchos teatros de variedades parisinos.
Mas no es Fornarina la única española que actúa en el Apollo en aquel entonces, ya que comparte cartel con Pastora Imperio. Para la prensa francesa Consuelito es "la princesa linda de los bucles de oro"(sí, los franceses también pueden ser muy cursis) e Imperio es "la reina de las gitanas". Consuelo canta cuplés a la española y Pastora baila con su inconfundible estilo gitano. Las dos son grandes artistas en su mejor momento pero no son rivales sino complementarias. Su éxito es enorme.

Fornarina y Pastora Imperio: las favoritas

Pero Consuelo y Cadenas no son pareja artística, forman más bien parte de un trío. Artístico, se entiende. El tercero sin discordia es el maestro QuinitoValverde, autor, coautor o adaptador junto con Cadenas y otros, de numerosos cuplés de gran popularidad en la época.
Quinito vive ya en París, durante algún tiempo en una pensión de la rue Richer, cercana al Folies Bergère, más tarde alquilando apartamentos en distintos quartiers. Su vida personal debió ser bastante movida ya que, al parecer por ciertas desavenencias de tipo personal o sentimental en España, decidió trasladarse a París al heredar tras la muerte de su padre, el ilustre compositor Joaquín Valverde. Quinito -así llamado precisamente para distinguirle de su progenitor - no tardó en hacerse famoso por sus aventuras amorosas (le llamaban "el fecundo) y su agitada vida bohemia.
Quinito Valverde en la época de los grandes
éxitos de Fornarina

Junto con su amigo del alma José Juan y una recién llegada Fornarina, se reunen en el café de Madrid, en Montmartre, con distinguidas figuras del variétés, como la celebérrima Mistinguett.
Forman parte de la nutrida colonia española que se dedicaba al espectáculo: cantantes, músicos, bailarinas, cómicos, ventrílocuos, magos, ... el colorista mundo del music hall, desgraciadamente ya desaparecido.

Retrato de Mistinguett fotografiada por Nadar

El sueldo inicial de Fornarina es de mil francos de la época. Debido al gran éxito que obtiene, el sueldo es doblado al poco tiempo. Quinito comienza a escribirle los cuplés que formarán su repertorio durante sus años de mayor renombre aunque, la mayoría de las veces, se trata de adaptaciones de couplets franceses. Es hermosa, admirada y amada. Vive inmersa en el París de la Belle Époque, de alguna manera, forma parte de él y al mismo tiempo lo conforma. Entra en contacto con un célebre empresario, monsieur Marinelli, que pasará a ser su "representante para el extranjero". En fin, la suerte, la fama, la fortuna le acompañan. Sin duda, vive los mejores años de su vida.

Hacia 1910 regresa a España, aunque nunca se haya ido del todo. Allí será recibida como una reina, la reina del cuplé. Pero antes de eso, aún le queda mucho que hacer, que vivir y que cantar en el otro lado de los Pirineos.

(1) El número 126 de la calle Hortaleza de Madrid ya no existe. Probablemente se deba a un cambio en el trazado de la calle o en la numeración.
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