La Fornarina y otras cupletistas que marcaron una época

La Fornarina y otras cupletistas que marcaron una época: mujeres ayer admiradas, hoy olvidadas

lunes, 28 de mayo de 2012

LAS OTRAS: Preciosilla (I)

Preciosilla en 1910, con 17 espléndidos años, ya prometía
con su sonrisa todo aquello que con el tiempo cumpliría
Si sois habituales de este blog, habréis podido comprobar que en la historia del cuplé hay artistas para todos los gustos, siendo la época más que el estilo lo que a tan dispares mujeres unió bajo el mismo calificativo de cupletistas. De entre todas ellas, altas y bajas, rubias y morenas, canzonetistas o bailarinas, diseuses, esculturas vivientes, tiples o simples coristas, sobresale a mi entender la figura de la cupletista frívola: la incombustible vividora, la irredenta casquivana, aquella que vivió y disfrutó intensamente el tiempo que le tocó vivir. Sus prendas personales solían ser de elevada factura, no así su arte y su talento. Poco importaba a su público, que solía ser incondicional, una voz poco modulada o cierta despreocupación por los ensayos. Era la figura, la viva imagen, la personalidad dentro y fuera del escenario lo que atraía a los espectadores hacia ella, cual polillas cegadas fatalmente por una luz brillante y engañosa.
De entre todas estas cupletistas que yo denomino -con gran cariño- como frívolas, sobresale muy por encima de la media la figura de Preciosilla. Aquí os dejo una pequeña parte de su vida y su obra. Espero que lo disfrutéis.

Preciosilla, cupletista

Manuela Tejedor Clemente nace en Calatayud el siete de junio de 1893, aragonesa como otras estupendas cupletistas y como la más conocida de todas ellas, Raquel Meller.
Si bien la Meller optó por Barcelona, la pequeña Manolita se trasladó junto con su familia a Madrid. En la capital vivía una hermana de su padre, su tía Pascuala Tejedor, que regentaba una pensión para artistas en el número 15 de la calle Jardines. Hacia 1904 se alojaba allí Pastora Imperio junto con su madre, a las que doña Pascuala cobraba alrededor de diez duros al mes por una habitación con dos camas. La Imperio, que ya empezaba a ser reconocida en los ambientes artísticos, reparó en la belleza de la pequeña Manolita y prometió enseñarle a bailar en un futuro cercano. Pero ni la niña ni su madre tenían en mente que se convirtieran en artistas ni ella ni su hermana Mercedes, cinco años mayor. Las niñas eran muy guapas, incluso la madre estaba de muy buen ver y formaban, según Álvaro Retana, una familia en la que hasta el gato podría haber ganado un concurso de belleza. Entonces sucedió algo que lo cambió todo: el padre murió y, como ocurría generalmente por entonces, viuda y huérfanas quedaron en una precaria situación. No había más remedio que poner a trabajar a las niñas.
Manolita, la pequeña, se convirtió en la adolescencia en una muchacha de físico impactante, algo delgada para los gustos de entonces pero con dos perfectas razones que  posteriormente luciría con desparpajo en los escenarios. Tenía cierta gracia para el baile y se "defendía" cantando, dando clases en distintas academias sin todavía decidirse por hacerse profesional de la escena. En todo caso su talento, escaso y sin pulir, no era nada del otro mundo al lado de las decenas, acaso cientos de muchachas que en los teatros de España buscaban la oportunidad de triunfar.
Las dos "razones" de Preciosilla fueron utilizadas por su propietaria
con prodigalidad, tanto en el escenario como en los estudios fotográficos
En un principio no había nada en Manolita que hiciera presagiar una larga carrera, aunque su evidente belleza le abriera las puertas de los primeros locales donde trabajó. En octubre de 1910 debuta, oficialmente, en el Petit Palais de Madrid, donde obtiene un éxito clamoroso. A pesar de su juventud e inexperiencia se presenta "con un acertado repertorio y una lujosa presentación", algo no muy corriente en las artistas de varietés que empiezan. La explicación es sencilla: en realidad Manolita tiene un bagaje de más de un año en la profesión, habiendo ya actuado en Barcelona (en el Edén Concert, con tan sólo quince años), en San Sebastián y en Valencia. En una de estas ciudades el azar interviene, afortunada y determinantemente, en su vida. A una de sus actuaciones asiste el célebre compositor Quinito Valverde, de gran predicamento en el panorama escénico español a pesar de su juventud.
Joaquin "Quinito" Valverde, un nombre muy a tener en cuenta  en la
historia del cuplé, tuvo una larga relación con Preciosilla
Con un enorme talento, tanto para la composición como para el disfrute de la vida, poseía merecida fama de mujeriego. Tenía además buen ojo para las artistas en ciernes, no en vano le había compuesto a Fornarina sus temas más conocidos cuando ésta debutó en París. Al ver a Preciosilla en escena, apenas una niña y con escasa voz, sabe ver en ella posibilidades... de todo tipo. Comienzan una relación, larga e intermitente, que será muy provechosa para ambos. Probablemente estuvo detrás del bautizo de Manolita, cambiando su primer remoquete artístico, "La Minionnette", por el más acertado de "Preciosilla". Nunca hubo un compromiso personal realmente importante entre ellos, aunque su colaboración profesional duró hasta la muerte del compositor, en 1918.
Manolita, ya convertida en Preciosilla, comienza así su carrera bajo la protección de Valverde y con la compañía, complaciente y comprensiva, de su madre. Mirar hacia otro lado o saber "hacer la vista gorda" eran cualidades muy positivas para convertirse en la perfecta madre-acompañante de una cupletista.
Lo cierto es que la niña trabaja, mucho y muy duramente, durante estos primeros años de su carrera. Durante la temporada de 1910 trabaja sobre todo en Madrid, en el Teatro Nuevo y en el Royal Kursaal, junto a otras artistas de las variedades, sin ser primera figura en ninguno de los espectáculos en los que participa. Compañeras suyas de entonces, como la cupletista Angelita Solsona o la inglesa Nelly Nell ("la célebre bailarina descalza"), compartirán con ella escenario.
Miss Nelly Nell, bailarina excéntrica y una auténtica "english rose",
triunfó en los escenarios españoles e internacionales
Durante este año y en los citados escenarios, Preciosilla interpreta sus cuplés de tipo picaresco, baila lo que haga falta (era mejor bailarina que cantante) y actúa en obritas sicalípticas con títulos tan esclarecedores como "El ocaso de las vírgenes", "¡Ese hijo de Pura!", "La noche del rompimiento" o "El caño gordo". Sobran las palabras.
En febrero de 1911 Preciosilla alternará sus actuaciones entre el Royal Kursaal ("lindo teatro de la plaza de San Marcial") y el Salón Madrid. De este salón, que ni tan siquiera consiguió la categoría de teatro, nos han llegado alarmantes noticias de la voz de aquellos que lo disfrutaron, o lo padecieron. Personaje tan bregado como Retana, que no le hacía ascos a casi nada, consideraba el Salón Madrid como un antro inmundo, con unos parroquianos de ínfima categoría y unas condiciones para el arte por debajo de lo deseable. Con todo y esto, durante unos pocos años el Madrid tuvo sus días de gloria y se convirtió en uno de los escenarios de referencia para los espectáculos de variedades. Para hacernos una idea, su cartel del 15 de marzo de 1911 incluía a los siguientes artistas: Frosso el hombre muñeco, la escultural Lilli Nobel-Taylor, el numero de La Sirena con  Mlle. Odette Méridor y la Preciosilla como clou (revelación) de la temporada, con sus cuplés, además de Olms and Nelly, manipuladores, prestidigitadores y "prestimanos". En principio un elenco así no despierta la desconfianza y más bien nos evoca la idea de un espectáculo apto para todos los públicos. Pero nada más lejos de la realidad.

Preciosilla, en pose castiza, parece decirnos: a ver, que alguien me explique
cómo se puede tocar la guitarra con los dedos cuajados de anillos
La noche del 20 de marzo de 1911 (un lunes, que ya son ganas) Preciosilla es denunciada por la autoridad competente "por movimientos obscenos". No se especifica cuales fueron estos movimientos y dentro de qué contexto escénico fueron efectuados, siendo las obras en las que actuaba "El tonto de las monjitas" y "El maestro Garrotín". En descargo de Manolita y del prestigioso local, diremos que seguramente hoy en día consideraríamos su actuación inofensiva, casi inocente. No fue ella la primera ni la única en ser denunciada por indecencias escénicas varias, ni las multas impedían que tanto Preciosilla como las otras volvieran una y otra vez a interpretar sus canciones y sus bailes con los movimientos que éstos y aquellas pedían, no digamos los que demandaba su enardecido público.
En este caso el agente de policía que, al parecer, la seguía y acosaba por su inmoralidad desde hacía algún tiempo, llevó su prurito persecutorio hasta las últimas consecuencias. Y así el día 25 de marzo comparece Preciosilla ante el juez, denunciada por atentado a la moral.  La joven artista se defiende a su manera:"Señor juez no me trate tan duro,/yo le aseguro...- dicen que le cantó entornando los ojos". El juez la absolvió, faltaría más.
Preciosilla no conseguía parecer una cándida e inocente
"florecilla" ni posando con mantilla blanca de blonda
Desde el comienzo de su carrera, el escándalo persiguió a Preciosilla y en más de una ocasión consiguió alcanzarla, sin que ella pusiera barreras por medio ni hubiera por su parte un posterior arrepentimiento. Célebre por sus devaneos con caballeros adinerados, tuvo siempre muy claras sus prioridades: dinerito, brillantes, champagne y fama. Al menos, esa es la imagen que nos ha llegado de ella, pero lo cierto es que fue una trabajadora incansable a la que, literalmente, no se le caían los anillos... de brillantes.
Durante estos primeros años actuó en los teatros españoles del circuito de variedades -sin ser considerada como la figura principal-, especialmente en Madrid: el Trianón Palace,  el Salón Madrid, el Royal Kursaal o el Madrileño, fueron algunos de los escenarios en los que se codeó con cupletistas de la talla de Chelito, bailarinas como Brazalema y Libertad o cómicos como Jenaro el Feo. Es guapa y lo sabe, poseedora de una gran sensualidad en escena y con un desparpajo no exento de clase, algo muy poco corriente. El jefe de la claque del Madrileño llega a declarar ante la prensa: "Esa mujer es capaz de hacerle bajar de su carroza a Neptuno" y confiesa haberle aplaudido con verdaderas ganas, sin verse obligado por contrato.
Neptuno se mantuvo impertérrito ante las cualidades de Preciosilla,
y ahí sigue, subido en su carroza cien años después
A falta de un dios del Olimpo, tiene Preciosilla a Quinito Valverde, dios a su manera del panorama musical cupletero. Y con repertorio suyo, en exclusiva, se presenta el 21 de abril de 1912 en e l madrileño teatro Romea. Todo el mundo elogia sus elegantes trajes y sus valiosas joyas, así como su educada y "simpática" voz. Detrás de todo ello está Quinito, radicado en París y buen conocedor de las últimas modas escénicas. De hecho, es en París donde le han confeccionado a su amante los trajes que tan admirados han resultado en el Romea. El éxito es tal que Preciosilla prorroga con el Romea hasta finales de mayo, siendo, por primera vez en su carrera, la cupletista principal del espectáculo de variedades en el que interviene. Además anuncia el próximo debut de su hermana Mercedes, con el nombre artístico de "Marinella", directa y desafortunadamente sacado de una zarzuela. Lo cierto es que este primer remoquete será reemplazado por otro sacado esta vez de una ópera, "Mussetta", debutando de hecho en el Trianon Palace madrileño, con irregular resultado.
La belleza de Mussetta tenía una cierto aire melancólico,
candoroso y siempre elegante: una cupletista de lo más fino
Sin auténtica vocación para el cuplé, y siempre a la sombra de su hermana, Mussetta tendrá una corta carrera a la que el matrimonio pondrá punto y final. Las hermanas estuvieron siempre muy unidas, aunque sus personalidades fueran dispares: donde Manolita buscaba la relación esporádica y provechosa, Mercedes (más tímida y de belleza discreta) se mantenía en un segundo plano, cosechando una imagen de canzonetista morigerada y elegante. Preciosilla se la hubiera "comido" en escena, y ambas eran conscientes de ello.
Mussetta compartió escenarios con su hermana durante muchos años,
aunque su fama fue menor y su carrera mucho más corta

En el Romea comparte Preciosilla escenario con una indiscutible primera figura, Pastora Imperio, aquella que unos años antes alabara su belleza y le augurará un futuro prometedor. Pero las cosas han cambiado: Preciosilla no es ya la pequeña e inofensiva Manolita, la sobrina de la patrona, con sus largas coletas y sus vestiditos cortos. Ahora se ha convertido en una mujer de exuberante físico y un comportamiento ante los hombres que dejan a la sevillana, más cabal y experimentada, estupefacta. Sabe ver en ella una rival y se mantiene alejada, guardando una prudente distancia y reservándose, de momento, su opinión. Más tarde esta opinión será revelada, de forma bastante agria, mediante una mentira muy poco elegante. Pero a esa historia aún no le ha tocado el turno de ser contada.
La gran Pastora Imperio, generosa y benévola con otras compañeras,
tuvo con Preciosilla una agria polémica ya en la década de los años 20
De momento, Preciosilla triunfa y después del Romea interviene en la inauguración de la sala El Paraíso, en Alcalá 149, local al aire libre que se anuncia con el lema: "Ni calor ni humedad ni polvo". Además de Preciosilla actúan Manón, Matilde Aragón, y la troupe Cansino, hay columpios, patines, aviación y películas... Vamos, que al Paraíso no le faltaba detalle. A continuación actúa en Barcelona, en otro teatro de verano, El Bosque, donde se marca un schottis "bombillesco" que entusiasma a los caballeros de Barcelona. Y de Barcelona... da el gran salto y se sitúa, nada más y nada menos que en París, agarrada a la amorosa mano de Quinito Valverde. Pero lo cierto es que Preciosilla ha partido a la aventura, y llega a la capital de Francia un torrido mes de julio de 1912 sin tener un contrato, ni seguridad alguna de conseguirlo. Pero las relaciones e influencias que Quinito tiene en París no tardan en dar sus frutos. El 1 de agosto Preciosilla debuta en el Jardin de Paris, el mítico café-concert que veinte años antes viera sobre sus tablas bailar a la mismísima Jane Avril. No está nada mal para el debut de una artista española desconocida, y Preciosilla sabe aprovechar la oportunidad que se le presenta, dando lo mejor de si misma y convenciendo al público parisino a base de derrochar sensualidad y belleza. Su triunfo es discreto pero... Oh, là là, París siempre será París.
El célebre teatro de variedades "Jardin de Paris", situado en los
Campos Elíseos, tuvo una larga e intensa historia
Regresa a Madrid a finales de agosto para actuar en otro jardín, en este caso el del Retiro. Se trata de en un festival a favor de las víctimas de la galerna del Cantábrico, una tormenta que había dejado recientemente numerosos muertos y heridos, además de cuantiosos daños materiales, en la localidad de Bermeo. Preciosilla ha regresado exultante de París, pero no por ello se endiosa y selecciona, como sería de esperar, sus apariciones. Junto con otras compañeras del espectáculo vende tarjetas postales en un puesto del Retiro a todo aquel que quiera comprarlas. Luce un soberbio mantón de Manila y sonríe, encantadora y solidaria, tanto a los generosos como a los agarraos. Así es ella, sencilla y campechana.Y tan sencilla es, que regresa, después de su debut parisino, a los escenarios del Salón Madrid. A continuación actúa en Portugal, en el Casino Peninsular de Figueira da Foz, donde obtiene un sonado éxito. Después, vuelta a Madrid, primero al Romea y a continuación al Petit Palais (siempre le fue muy fiel a determinados salones y teatros). Y al finales de año vuelve al  Madrid donde se reencontrará con una antigua conocida, la ínclita Chelito, que se ha convertido en empresaria del desastrado salón de la calle Cedaceros.
La Chelito, cupletista  y empresaria, tuvo un importante papel
en la vida artística de su amiga Preciosilla
 Las dos formarán una pareja artística que dará mucho que hablar durante años. Si por separado eran las reinas de la sugerencia y la picardía, unidas se convertirán en la pareja imbatible del espectáculo sicalíptico, con sus sensuales rumbas y machichas. Durante años formaron pareja artística de forma ocasional, simultaneándolo con sus respectivas carreras por separado. Debido al enorme éxito que tuvieron desde su debut y a cierta compenetración de tipo personal, los egos de ambas cupletistas se unieron -y disolvieron- en aras de la fama y la fortuna. Su número consistía en una rumba o una machicha, en sugerente deshabillé, y se incluía en obritas con títulos como "¿Qué será?", "Hay que buscárselas" o el entremés sicalíptico "La prueba". Llegan incluso a desafiarse en escena, por ver quien se contoneaba más o se cubría menos: la falta de corsé y otras prendas interiores se evidenciaba bajo los livianos conjuntos caribeños, de cuyas faldas se desprendían frecuentemente. Estos desafíos llegaron a consistir en combates de florete(!), arbitrados por la "monísima" Mussetta. Los espectadores rugían entusiasmados y la autoridad competente les imponía multas (a cupletistas y empresa) con tanto celo como escaso resultado disuasorio.
Chelito y Preciosilla bailando su célebre rumba: lástima que
una fotografía no pueda captar el movimiento...
Como ejemplo: el 7 de abril de 1917 debutan en el teatro Princesa de Valencia y, nada más comenzar su número, irrumpe la autoridad competente y les impone a las rumberas una multa de 500 pesetas "ante las excesivas procacidades exhibidas sobre el escenario". Pero ellas, más frescas que un par de lechugas, continúan con el espectáculo sin mostrar arrepentimiento ni propósito de enmienda alguno. Cómo sería la cosa que el teatro es finalmente clausurado el 22 de abril y no vuelve a ser abierto hasta el 11 de octubre, para la temporada de invierno, más atemperada y menos propicia a los destapes.
Chelito, preparada para la rumba, presumiendo de palmito
y luciendo picarona sonrisa, fue la reina del "deshabillé"
A pesar de su éxito Preciosilla continuó con su carrera sin Chelito, compartiendo escenario con múltiples compañeros del varietés. Como otras compañeras se deja llevar por la tentación de las modernas grabaciones (invento diabólico y atrayente) y graba algunos discos para Gramophone, con temas como "La chumbera", "El chiqui-chiqui" y el cake-walk "La danza del oso".
video
Preciosilla canta "La danza del oso", versión española
del tema "Alexander's ragtime band" de Irving Berlin

Preciosilla se ha puesto de moda y no para de trabajar. Hace sus giras por toda España, actuando especialmente en Barcelona, en teatros como el Gayarre donde debuta el sábado de Gloria de 1913. Regresa a Madrid y participa en las Soirées Fémina en Parisiana. Y no duda en colaborar en la gala a beneficio de la Asociación de la Prensa, celebrada esta vez en los Jardines del Retiro la noche del 22 de junio. Junto a ella actúan otras primeras figuras del cuplé como Adelita Lulú, Totó, Teresita Zazá, Chelito y Argentinita. Ni la banda municipal de Madrid -dirigida por el prestigioso maestro Villa- recibe tantos aplausos como las lozanas cupletistas, especialmente Preciosilla, que aprovecha la ocasión para presentar nuevo repertorio y elegantes toilettes. Os dejo una imagen de aquella noche, perdonad su mala calidad, pero merecía la pena recoger tan valioso testimonio.

Fotografía de Alfonso publicada en el Heraldo de Madrid, que nos muestra a tres
figuras del cuplé en todo su esplendor: Preciosilla, Chelito y Totó

Después de esta actuación, Preciosilla se despide de su contrato en el Kursaal de Ciudad Lineal y se va de veraneo a San Sebastián y Biarritz, destinos elegantes y de moda que le ofrecen a Manolita atractivos adicionales: algún que otro sustancioso contrato en salones locales y algún que otro devaneo con el caballero adinerado de turno. Y tras el breve y productivo verano, llega el momento de regresar a París junto a Quinito. Sin contratos a la vista pero con el bolsillo bien provisto, Manolita aprovecha la ocasión para adquirir un vestuario a la última, confeccionado por el celebérrimo Paquin. A su regreso a España se encontrará con una desagradable sorpresa: nada más y nada menos que un Enemigo, con mayúscula, un periodista dedicado a la crítica de espectáculos en la prensa especializada. Alguien dijo que la categoría de un gran hombre se mide por la categoría de sus enemigos: en el caso de una cupletista sin duda su categoría también se podía medir por la de su crítico más enconado. Manolita se encontró con la horma de su zapato, y he de decir que se lo pasó... divinamente.
Pero todo esto corresponde a la segunda parte de la entrada a ella dedicada.

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